¡Qué difícil perdonar!

Qué difícil aun sabiendo que es el único camino a la paz, al sosiego espiritual. Y no se trata de falta de voluntad, sino de las heridas que se rehúsan a cerrar.
Sabemos que es preciso dejar que todo fluya, que siga su curso, que pase el tiempo. Lo sabemos, pero no entendemos, lo sabemos pero no encontramos la forma de usar tanto conocimiento en nuestro día a día, en nuestra vida.
El dolor, la ira, el resentimiento comprimen nuestro pecho y hacen estrecha nuestra mente, de modo que los grandes pensamientos (esos que nos impulsan a soltar), no se atreven a pasar.
Nos aferramos y nos enfocamos en venganzas que lo único que nos dan por servido es tiempo perdido. Nos sentimos amados por quien apoya nuestra causa aunque no se vista de justicia, sin darnos cuenta que quien nos ama debería oponerse a todo aquello que le demuestre que está amando a quien no sabe amar, ni perdonar, ni olvidar. ¡Qué miedo!
De medicina no sé mucho, de la vida quizá un poco más. Pero no quiero de ninguna manera que las arterias de mi corazón y de mi alma, se obstruyan con sentimientos que no me ayuden a pensar, a crecer, a soñar, a volar.
Quiero y necesito que todos los músculos cardíacos de mi vida funcionen, entonces elevo oraciones por mí, para ser libre, para vivir sin miedo, para vivir sin preguntarme por qué el pasado ha sido (a veces) mezquino conmigo. Y entonces, el tiempo pasará dejando una gran lección: ES A TRAVÉS DEL PERDÓN QUE HEMOS AMADO A QUIEN NOS HA LASTIMADO.

El Gran Showman

Quienes me leen saben que el cine es el mágico lugar en donde mi mente puede viajar, puede soñar, puede pensar. Yo sé es un entretenimiento, para mí (a veces) es más que eso.

No te voy a contar la película completa, pero sí te voy a describir los momentos en los que algunas escenas te permiten hacer un paralelo con tu vida, con la que tienes ahora o con la que sueñas tener.

El Gran Showman relata la historia de un hombre cuyo camino se parece al de muchos de nosotros. Un hombre que en principio fue un niño soñando con una vida grandiosa, motivado por la discriminación y la pobreza, luego por el amor. Un hombre que al hacerse adulto y al tener una familia debe hacerse responsable de ella, desarrollando una vida “normal”, dejando que sus sueños le sigan gritando que nació para tener una vida extraordinaria.

El tiempo transcurre y su zona de confort le restringe el acceso: usted ha perdido el trabajo, la empresa ha quebrado. Las preocupaciones llegan, y en la desesperanza lo acompañan un millón de ideas. Sus hijas y su esposa son representación de un amor que lo edifica, que lo fortalece y entonces comete algunas locuras que pocos estamos dispuestos, les llaman: riesgos.

Compra un inmueble y abre un museo, no tiene acogida, las personas no disfrutan de ese tipo de arte, las personas disfrutan más comprando ropa que un buen libro, hay quienes prefieren los lujos a la educación, y así, una serie de elecciones que hacen del camino de los soñadores, un camino desalentador, pero un camino que (con mucha locura y perseverancia) hemos decidido recorrer.

Después de muchas lunas, Barnum (protagonista de la película), decide reinventarse e inicia la búsqueda de personas cuya belleza esté fuera de cualquier estereotipo, y las encuentra. Les propone un trabajo, abrirse al mundo, encontrar su propia aceptación y entonces montan un show. Y como SIEMPRE hay quienes ven las cosas desde dos perspectivas: algunos lo acusan por aprovecharse de la “miseria humana”, y otros lo admiran por incluir a personas que la sociedad no acepta. Barnum cree en lo que hace, pero la seguridad y el crecimiento le abre paso a eso que llamamos “ego”, entonces sus deseos cambian y su prioridad es: pertenecer a la clase social alta.

¿Lo logró? Sí, lo hizo. Pero cuando vamos detrás de algo por las razones equivocadas, no es lógico que todo resulte bien. A veces es correcto preguntarse ¿qué estoy buscando? Barnum ya tenía dinero y fama, pero quería más, quería la aceptación de personas que no eran importantes en su vida y obviamente descuidó a los suyos, a aquellos que creemos incondicionales hasta que nos abandonan.

Barnum regresa a casa, decidido a replantearse las prioridades que siempre lo han acompañado, recupera la confianza de su esposa y abraza sus sueños nuevamente, ahora con la intención de hacerlo todo por su familia, por él, por sus amigos.

Salgo del cine sintiéndome un Barnum a medio camino, considerando que no debe preocuparme la edad, porque a pesar de no estar en competencia, muchas personas te comparan con otros y sin decirlo, te hacen caer en cuenta que no tienes una casa, un auto, una familia y que en conclusión no tienes mucho en la vida.

Soy un Barnum que sigue buscando la fórmula exacta del éxito, sin desesperarme por ello, con días de interrogantes y desánimo, con otros días de esperanza y aliento.

Pero sobre todo, soy un intento constante de verme feliz, sin tener claro a dónde llegar y qué esperan las personas de mí. Creo con toda el alma que mientras vaya detrás de lo que amo con un corazón fiel a mis anhelos, irremediablemente llegaré a buen puerto, que no tiene que ver con lujo, fama o dinero, sino con alcanzar la plenitud a través de mis sueños.

No tengo estrella, no me ha marcado el destino y no he nacido para algo en especial, estoy aquí para amar mi vida y mi cuerpo, alimentar mi espíritu y compartir mi don, y es a través de todo ello que habré amado con intención y de forma inconsciente, y es a través de todo ello que deseo seas feliz también.