Y ¿si nos casamos?

Tengo 36 años, más de dos propuestas de matrimonio, un compromiso roto, cientos de películas en la memoria  y una relación maravillosa.

La suma de eventos ha superado mi corta estancia por esta vida, pero han sido suficientes para comprender que aunque es a ellos a quienes se les ha dado la autoridad de decidir cuándo nos casamos (reglas sociales), es a nosotras a quien nos corresponde velar por la importancia de nuestros años, de nuestro tiempo.

¿Cuántas veces podemos involucrarnos en relaciones de cuatro o cinco años? ¿Cuánto tiempo es suficiente para saber si es la persona con la que deseamos casarnos?

¿Cuántas personas hemos salido de relaciones tan largas con rupturas tan breves? ¿Cuántas veces nos hemos reprochado el hacer o no hacer una serie de cosas en un espacio de tiempo dedicado a alguien que ha decidido que no está funcionando?

Y no tienes que tener 36 años para empoderarte sobre la decisión de dar el siguiente paso en la relación, he comprendido un poco al filo del tiempo, que también tengo derecho a preguntar ¿qué sigue ahora? De dejar claramente establecido que no pienso sentarme a esperar por una decisión que también compromete mi tiempo, mis sueños.

He tenido más de un par de reacciones adversas al respecto, cuando he comentado con personas muy cercanas y queridas lo que aquí escribo.

  1. Se me ha cuestionado sobre el amor que siento por la extraordinaria persona que acompaña mis días, mi camino. Simplemente porque he dicho que si en 6 meses no avanzamos, entonces quizá sea momento de tomar otras decisiones, de emanciparme emocionalmente. Y les parece muy radical, quizá amedrentador o quizá hasta desesperado. Sabemos que en el arte de vivir, todos pintamos diferente. Y mientras voy respetando opiniones ajenas me voy preguntando: si todo tiene su tiempo ¿por qué siempre tienen que decidirlo ellos? Y no estoy refiriéndome a pedirles matrimonio, sino a preguntarles ¿qué debo esperar a corto plazo? Desde hace mucho las cosas de largo plazo para mí no existen.
  2. Me han preguntado: ¿no sientes que lo estás presionando? Y mi respuesta es: no. Y si van a victimizar a alguien, que sea a una de nosotras que hemos aprendido inconscientemente a dejar el “poder” de decidir el “cuándo”, en sus manos. Y, asumiendo que sí lo estoy presionando, pues si en realidad no tiene ninguna intención de quedarse conmigo, simplemente no lo hará, aun cuando le plantee la situación de cualquier otra manera.
  3. Cuando alguien no sabe si desea tomar decisiones tan trascendentales como el hecho de casarse o de comprometerse, una de las opciones es que generosamente le otorgues un poco de tiempo, lo que no significa necesariamente que en 10 años tenga una idea clara sobre el tema, o quizá sí, pero no contigo. Ahora, si deseas arriesgar, es un derecho que nadie te puede arrebatar.

Este escrito va más allá del matrimonio, tiene que ver con el tiempo, con los planes, con el futuro. No sé si hay que ser muy valiente o muy tonta para compartir una serie de pensamientos que serán leídos por quienes siguen creyendo que queremos ser como ellos, que ahora también vamos a comprarles un anillo de compromiso, y aunque nadie dice que no se puede, esto está completamente relacionado a nuestra absoluta independencia, porque aunque muchos puedan llenar su ego diciendo que cada quien hace lo suyo y que una relación no limita a nadie, déjenme decirles que el coordinar espacios y  tiempos, es además del respeto que siento por quien amo, la forma de no estar en donde quiero, a cualquier hora y en cualquier fecha.

No está demás pedirte que no tomes lo que escribo de forma literal, siempre, siempre, es una forma de decir muchas cosas, como ahora, que no hablo precisamente del matrimonio (aunque así parezca), sino de todo lo que involucra hacer crecer una relación.

Que las reglas sociales no determinen nuestra voluntad sobre el amor, sobre el tiempo, sobre el futuro. Que sean nuestros sueños, las oportunidades y la libertad las que se hagan visibles en un mundo en donde tenemos más obligaciones que derechos.

¡Feliz Vida!