¡Feliz Día Mujer!

Ha sido miércoles de ceniza, la ceniza le recuerda al cristiano su origen y su fin: “Dios formó al hombre con polvo de la tierra” (Gn 2,7); “hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho” (Gn 3,19), y si cada una de nosotras se tomara un minuto para reflexionar sobre esto, sería tan sencillo reconocer que el poder que tenemos sobre nuestro cuerpo es limitado e insignificante, porque lo importante  NO es lo que hacemos con nuestro cuerpo, es lo que le hacemos a nuestro espíritu a través de él.

No niego nuestro derecho al empoderamiento, pero en simultáneo, reconozco que no es posible inflar nuestro ego por ser dueñas de un cuerpo al que tratamos como un bien finito, desconociendo que en realidad nuestro cuerpo tiene un valor inconmensurable. Y que el aborto y la promiscuidad (por ejemplo) lo reduce a nada, lo convierte en un objeto cuya única finalidad es adornar esta vida, hasta que se rompa, hasta que se haga polvo otra vez.
 
¿Quién no quiere sentirse dueña de algo? ¿Importante? ¿Reconocida? Pero si es a través de nuestro sexo, entonces nos estamos desperdiciando un poquito, no está mal disfrutar de nuestra sexualidad a través de nuestro cuerpo, claro que no. Lo que no tiene sentido es limitarlo y decidir sobre él cuando la vida nos ha negado lo que deseamos y entonces se convierte en la carta bajo la manga para después de todo, obtener: nada. El aborto es tu decisión, pero el lazo que se crea con esa acción, es un lazo que no va romperse jamás, lo vas a llevar atado al corazón hasta la eternidad.
 
Hoy en especial, celebro el poder que tenemos sobre nuestras emociones, sobre aquellas elecciones que nos permiten alcanzar hechos concretos, infinitos, que nos permiten trascender a nuestra existencia y que son más grandes que nuestro paso por esta tierra. 
 

Tenemos la libertad de hacer con nuestro cuerpo lo que nos place, es verdad. Pero que esa sensación de satisfacción y poder, vaya de la mano con la plenitud que se necesita para vivir, para estar en pie, para sonreír. Quizá sea una buena forma de reconocer si estamos haciendo la vida a través de nuestro cuerpo del modo en el que deseamos, del modo en el que cada persona en la faz de la tierra se merece vivir, feliz. 

Que este tiempo antes de ser polvo sea significativo para ti y para quienes te rodean.

 
¡Feliz Vida Mujer!