DOS MUNDOS, UN INDIVIDUO

Recuerdo hace algunos años haber intentado conducir una motocicleta, tras varias caídas, dejé esa idea de lado, por miedo, y porque no me sentía segura sobre dos ruedas que dependían de mi constante equilibrio. Entonces decidí que además de mi vida, lo único que conduciría sería un automóvil y punto.

Un auto me brinda protección, tengo un cinturón de seguridad, una cabina y un buen asiento con respaldo, en una motocicleta me siento desnuda y vulnerable. Y detrás de esta breve comparación, se encuentra la idea que quiero compartir contigo.

De hecho, en una frase del libro que ahora mismo leo (Genki), dice: “Hemos aprendido a desconfiar de las órdenes que emanan de las autoridades, pero aún estamos indefensos ante la dictadura interior de nuestros deseos” Nicolás Chauvat

Lo que significa que existen dos mundos, uno que te pertenece: tu mundo interno y uno que te rodea, que es ajeno: tu mundo externo.

Para mí sentarme en la motocicleta en donde no puedo subir el vidrio de la ventana y encerrarme para protegerme de lo que se encuentra afuera, me sitúa en ese mundo externo al que muchas veces le tengo miedo porque simplemente escapa de mis manos. Sin embargo, el automóvil, me da seguridad, es el escudo que mi mundo interno necesita, un lugar en donde al subir el volumen de la música dejo de escuchar a cualquiera que se encuentre afuera, allí decido quién sube y quién no.

A mis casi 40 años, he logrado en gran medida, pero no en absoluto, tener dominio sobre lo que siento y lo que quiero, pero cuando estoy fuera de esa zona en la que decido por mí y para mí, entonces no soy tan valiente, me muevo con cuidado, miro a todos lados, sospecho de cualquiera y me atrevo a poco.

Me pregunto: ¿es posible lograr el equilibro entre ambos mundos? Pues luego de observar un poco a mi alrededor, puedo ver que hay quienes manejan perfectamente una moto, pero la vida se les hace un desastre porque no saben decir que no, porque son permisivos y no crean sus espacios, suben a cualquiera o dejan que cualquiera se les suba porque no hay puertas, ni barreras. Entonces sus mundos se mezclan creando desorden y caos.

El poder que se adquiere sobre lo que uno siente, no sirve de nada respecto a otros, no se puede ejercer control sobre aquello que resulte ajeno a nuestro cuerpo, entonces como no se conoce se siente miedo.

Cuántas personas peleando por el espacio en la fila, reclamando en el banco, gritando en el mercado, pero en casa, no dicen nada, escuchan y obedecen, se les manipula y ese mundo interno se cae a pedazos, y no es posible reconstruirlo en el ritmo en el que se desmorona. 

Admiro la valentía con la que se desenvuelven allá afuera, pero me cuestiona la debilidad con la que defienden su derecho a la felicidad, y sin embargo, cuando sucede al revés, cuando prefieres evaluar para decidir aunque se hable de sentimientos, entonces lo deslindan del amor, porque se dice que es mejor sentir, pero a veces sentir por la persona equivocada te somete y aunque no es el tema de lo que escribo, me deja en claro que la poca costumbre de establecer límites y defender espacios hace que el resto no lo entienda y menos quiera ponerlo en práctica. Y yo en mi experiencia, quizá mezquina, te diría que sirve más un mundo interno estable, para desde allí  y a pesar del miedo, puedas mover los hilos de ese mundo externo en donde no eres nadie, pero creerás que lo puedes todo (aunque no sea verdad).

Y a ti ¿en qué mundo te va mejor?