El bus de mi vida

Salí de casa pensando si era mejor esperar el bus en la avenida o ir hasta el terminal, porque la verdad es que el bus siempre pasará por la avenida, el ir al terminal es una opción más, pues vaya o no vaya hasta allá, igual el bus llegará hasta la avenida.
Y entonces decidí caminar hacia el encuentro del bus en el terminal, en tanto profundizaba una conversación con Dios respecto a mi vida, a mis días, a la plenitud que he alcanzado por estos tiempos, aun en la ausencia de tantas cosas, aun en la ausencia de personas. Entonces a pesar de que existe carencia, aun en ello hay plenitud. Bien reza la frase: “Si no eres feliz con lo que tienes, tampoco lo serás con lo que te falta”.
Todo se aprende en la práctica, hablar con Dios por ejemplo, en medio de la calle, en medio de los problemas, en medio de cualquier circunstancia, pero en inicio hazlo a solas, en silencio, porque si no puedes con el bullicio de tu vida, por las cosas que te reclamas, por las cosas a las que no te resignas, menos podrás lidiar con el ruido de la gente.
Le contaba a Jesús que me preocupa experimentarme de un modo tan lleno de paz, tan completo, tan mío; le preguntaba porque no siento nostalgia de una relación, de compañía, de cosas que otras personas a mi edad se cuestionan, le preguntaba: ¿Qué pasa conmigo? La gente me dice que si no tengo hijos, no tendré motivaciones, entonces Jesús: Aquellos que no tienen hijos porque no les fue posible,  ¿no merecen vivir o no tienen para qué hacerlo?
Me repiten todo el tiempo: Ya tienes 32, me pregunto si creen que no lo sé, que lo he olvidado o que me es necesario que me lo recuerden. Yo sé mi edad, lo que siento, lo que vivo, sé más de lo que creen. Sé que los hijos nacemos para ser compañeros, no acompañantes. Sé que el matrimonio es un sacramento de entrega, que no es cuestión de moda, de conveniencia o de edad. Sé que hoy soy feliz con lo que tengo y no sé mañana, sin embargo, sé lo que necesito saber ahora y punto!
Le decía Jesús, ahora camino al encuentro del bus en el terminal y quizá no estoy haciendo eso en mi vida, no estoy caminando al encuentro del amor, es probable que esté caminando en dirección contraria, pero no me preocupa porque  el bus, vaya o no al terminal, igual va a pasar por la avenida. Si no tienes fe, pensarás que me venía imaginando un millón de cosas y que escuchar voces solamente confirma lo mentalmente insana que a veces parezco, pero no es cierto. Jesús me decía: “No importa a donde vayas, hacia donde camines, porque igual yo voy a alcanzarte”, y eso mismo pasa con el amor y con todo en la vida.
Y a medida que lo iba orando, entendía que mi estado de soltería es sinónimo de saber qué es lo que quiero, porque solamente cuando descubres que anhelas, que pides para ti; descubres en simultáneo hacia donde debes ir. Porque si quiero ir a Piura, no me voy a subir a cualquier bus. ¿Me entiendes?
Me decía mi mejor amiga: “No tienes idea lo difícil que es descubrir la voluntad de Dios, es difícil saber qué nos pide”, entonces camina al terminal si quieres o espera en la avenida, da lo mismo, igual vas a tener que subirte a uno.  No tengas miedo, no te apresures, no te espantes, no te aturdas ante los demás, nadie sabe más que tu hacedor, nadie sabe más que tú.
No te subas a cualquier bus, no todos te llevan a donde quieres, quizá parece que puedes cortar camino o ahorrarte tiempo, pero si tu intuición no funciona, tendrás que bajar y subir a tantos buses como sean necesarios para que estés en donde debes estar, y en cada bus vas a ir dejando la vida, y por justicia, por lo que te toca como hij@ de Dios, no te lo deseo.
Camina con calma hacia el terminal o espera por donde sabes que va a pasar, porque uno sabe que si aguarda con esperanza de todas maneras va a pasar, yo decido caminar y que me alcance cuando eso deba pasar, repito: YO LO DECIDO ASÍ! No quiero un bus que me deje cerca, que me diga que por allí pasa o que me diga que me cobra menos pero que me suba. NO QUIERO, pagar menos sería como aceptar un amor barato, y yo deseo un bus confortable, que me permita dormir tranquila, que no me lleve a sobresaltos, que no me despierte la inseguridad de saber si llegaremos o no al final. Y puedes tener un millón de ofrecimientos, pero si tú crees que no vas a ir cómoda, entonces puedes decir que no, los de tu alrededor pueden creer que eres exigente y que pides demasiado, entonces solamente debes recordar que quieres lo que vas a pagar, porque jamás debes olvidar que tú puedes pagar el precio de un amor de calidad.
Quiero que siempre recuerdes que, mientras menos te inviertas en amores pasajeros o erróneos, más intacto permanecerá tu corazón. Y en el ahorro de decepciones, de lágrimas y sobre todo de tiempo, habrás reunido lo necesario para pagar por ese amor que te mereces, que Dios sabe que anhelas, yo entiendo que si nos va a entregar la vida de alguien, tenemos que mostrarle que hemos ahorrado lo suficiente.
Tú sabes lo que te escribo, solamente falta que lo hagas tuyo desde tus entrañas, porque la mente nos traiciona todo el tiempo.
Ánimo!

5 thoughts on “El bus de mi vida”

  1. Si es estas decidido a caminar y dejar que pase por que así decidiste asymes también la consecuencia de no necesariamente lograrlo, pero si sobre todo pones a Dios esa consecuencia esta controlada….Bendiciones ….

  2. Empecé a desesperarme por saber cual era el bus correcto, y es que voy a cumplir 33 años, no recordaba las palabras del señor, regrese a su camino pues bien sé que Dios lo tiene todo preparado y espero con ansias el momento de pagar bien por ese amor…no tengo miedo si es que no hay nadie que se merezca mi amor.
    🙂 Mejor sola que mal acompañada, no?

    1. Todo amor que conserve nuestra dignidad y que nos regale lo que soñamos bien vale la pena esperarlo con calma.
      Mejor sola si eso te hace feliz y que no tengas miedo es lo mejor que te puede pasar porque demuestra confianza en la voluntad de Dios! Mucha fe!

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