Alana

Mi pequeña Alana:

Después de tanto tiempo creo que te mereces esta carta, creo que mereces saber lo que estoy pensando y sintiendo, pero sobre todo quiero que sepas el porqué aún no estás aquí.

Puede que quizá pienses que no eres mi deseo, mi anhelo, parte de mis sueños, puede que pienses todo eso que los demás creen, pero tú no eres ellos, tú eres esa partecita que me pertenece pero que necesita anidarse y formar parte de la vida de alguien más por si alguna vez no puedo estar.

Siempre le digo a los demás que cuando deseamos algo tenemos que ir detrás de ello, luchar hasta conseguirlo, pero contigo me acobardo, contigo no me siento capaz, contigo quiero ser lo suficientemente valiente para esperarte por siempre, que los años o los amores frustrados no me hagan creer que puedo sola y que no necesito de nadie para cuidarte, porque quizá y hasta es verdad que puedo “arreglármelas” contigo, pero no puedo creer que tú también sabrás cómo lidiar con la ausencia de aquel al que muchas llamamos “papá”. Quizá este sea mi primer error fuera de la maternidad, pero es una equivocación por la que deseo apostar, es posible que haber crecido con un padre que me ha mostrado un mundo sin límites, que ha sostenido mi mano en mis caídas y que ha abrazado mis sueños como si fuesen suyos me haya hecho creer que tú también necesitas esa complicidad, ese amigo, ese compañero y yo no puedo negarte algo tan grande y especial, por no quedarme sola. Me prefiero sin ti, adeudándome tu presencia que debiéndote la ausencia de alguien tan esencial. Hay cuestionamientos que no sabría bien cómo contestar.

Yo creo con todo mí ser que será mejor si tienes dos ejemplos de vida, dos caminos, si siempre tienes alternativas, porque las decisiones son mayoría si somos más de dos.

No tengo miedo de no verte llegar, quizá porque creo que no sería justo saciar mi instinto materno a costa de negarte a un buen amigo. Quiero intentar, quiero conocer a quien pueda enseñarte a conducir, a quien pueda entregarte en el altar, a quien te cargue a la cama como lo hacían conmigo cuando me quedaba dormida en cualquier mueble de la casa. Quiero aunque fracase, quiero aunque no funcione, porque aunque yo no logre que alguien se quede conmigo hasta el final de mis días, no tengo duda que contigo se quedará siempre. Y quiero que entiendas también, que ese es el motivo del porqué me estoy tardando demasiado. Lo siento, no son tiempos sencillos.

Quizá ya no sea posible hacer algunas cosas contigo por la edad que tendré cuando tengas 25, pero sabes, lo interesante de estar haciendo lo que deseo, es que para cuando llegues a mi vida podré mirarte y sentir que aunque no lo hice todo, hice todo lo que me hacía feliz, podré mirarte y saber que ya estoy lista para ti, porque lo que menos deseo es observarte mientras duermes pensando en lo que debería estar haciendo o en todo lo que dejé de lado, o en mil cosas que me hagan creer que debería haberte pensado un poco más.

Escribo mis días para contártelos luego, seguro no serán tan encantadores como los cuentos de Disney, pero serán reales, serán los que te pinten el escenario de la vida. Quiero que aprendas lo necesario y lo que tú desees, pero sobre todo quiero que descubras lo que amas y lo hagas posible, sea en la universidad o fuera de ella, sea aquí o al otro lado del mundo, bajo el estilo de vida que elijas, bajo cualquier estado civil, bajo tus propias elecciones, porque tendrás que comprender que todo lo que hagas es por ti y para ti. Es evidente que me atemoriza echarte a perder con tanta libertad para elegir, pero por ese motivo es que necesitamos (tu y yo) alguien que tenga más sentido común que esta madre tuya. Además, si voy a dejarte marchar a Francia para que estudies música (tranquila, es un ejemplo, ni siquiera te sueño así) necesito quedarme con alguien que sostenga mi mano en el aeropuerto mientras me dice que todo estará bien y en su compañía los días se hagan más llevaderos en tu ausencia.

Existen mujeres que sufren el abandono de sus parejas convirtiéndose en madre y padre para sus hijos, entonces se llenan de fortaleza y le van con todo a la vida. Pero también hay quienes deciden ser madres solteras, del coraje de estas últimas yo no tengo ni una pizca.

Quizá esto que es para ti y que he decidido compartir con otras personas no se entienda con claridad, y hasta pueda sonar que hago critica pero en realidad, esto tiene que ver solamente contigo, contigo mi hermosa Alana de ojos café y cabello negro, contigo que bajo otros nombres apareces en los sueños de muchas mujeres que aún esperan como yo, con calma, con fe, mientras construyen sueños que van escribiendo para susurrarlos mientras ustedes, nuestras bellas hijas, duermen en la habitación contigua.

Dios me ha amado desde el seno materno, desde antes de nacer, así también te amo yo, desde siempre.

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