Bivalente

Hace cierto tiempo llegué a la conclusión de que todos somos bivalentes, que tenemos la capacidad de mezclarnos de dos formas, la que adquirimos mientras crecemos en casa y la que aprendemos fuera de ella.
Pero eso sí, es necesario que siempre recuerdes que ambos escenarios son importantes, que en casa aprendes lo que en ninguna parte, el respeto por ti y los demás por ejemplo, con eso puedes ir a donde te plazca, porque es algo que no se olvida, que no lo llevas a simple vista, pero que cuando toca exponerlo, vas a salir sobrado de cualquier momento.
No es fácil conocernos, necesitamos un poco de espacio y tiempo, necesitamos descubrir lo que realmente nos hace felices sin los susurros de los padres, sin los amigos que te hacen creer que su vida es mejor que la nuestra y sin estar rodeada de personas que siguieron las flechas y que porque alcanzaron lo convencional entonces son personas de éxito, no me parece, no comulgo, quizá porque creo que todos estamos hechos para lo extraordinario. Lo que da felicidad a muchos, no da felicidad a todos.
Viví en casa hasta los 29 años, luego me mudé por motivos ajenos a mi voluntad, quizá no eran buenas razones, pero eran las que necesité y punto. Cuando empecé a vivir sola me descubrí diferente, además que cargaba la mochila llena de recuerdos, aún había lágrimas en mis ojos, sentía que por mucho que exprimiera los lacrimales, éstos eran muy fructíferos.
Muchas noches busqué una respuesta a mis preguntas, quería y necesitaba saber en qué me había equivocado, porque hasta ése momento sentía que todo lo había hecho bien respecto a mi relación de tantos años, la que me puso a meses del altar, había logrado lo que CASI toda mujer sueña, fue el premio por seguir las instrucciones: no hablar groserías, no reunirse con varones a libar porque la gente no lo aprueba, no hablar de sexo y dejar claro que era por absoluto desconocimiento (un poco más y me pego un letrero en la frente de soy virgen), iba a misa y seguía una vida de oración, juzgaba ciertas actitudes por considerarlas incorrectas y en el fondo porque estaba segura que no hacerlas me hacía mejor que los demás. Buena hija, buena alumna, buena hermana, buena amiga y obvio, excelente novia, la que todos sueñan para madre de sus hijos, la que se quedaba en casa porque era una señorita y eso hacían las señoritas. Ya, parece aburrido, pero para mí en aquel momento de mi vida, era más que perfecto!! Y obvio para él también porque hacía lo que deseaba sin preocuparse de nada, sabía que yo estaba bordando en mi cama.
Y tanto parámetro, tanta formalidad, tanto prejuicio disfrazado, no solamente me limitó, sino que me regalo algo falso también, porque no era yo, es decir, era la que vivía feliz porque todos eran felices. Empezando por mi novio, feliz de tener una mujer ingenua, crédula, que no veía sino a través de sus ojos, hasta que, se terminó. Y entonces tomé la maleta, dejé lo que podía dejar, porque existen cosas que cuando todo es muy fresco, es complicado soltar, luego pasa el tiempo y te deshaces de todo realmente.
En principio no podía volar, era un animalito domesticado liberado en media selva, cada día aprendí cosas que nadie más que mi soledad me podía enseñar, la independencia, no tener horarios, no tener amigos a quien seguir, no tener a la familia cerca para que nos ayude a elegir. Mi departamento era mío en toda la extensión de la palabra, arreglado a mi modo, implementado a mi gusto, comía lo que deseaba y en mis horarios, pero sobre todo, me desprendí de la compañía de las personas, creo que fue el desapego más grande que pude experimentar, porque ahora la compañía es un tema de elección, no de necesidad y eso es más que perfecto.
Conocí a algunos muchachos y no tenía que dejarme llevar por el gusto de mis amigas, por cierto, aprendí a decir todas las groserías que te puedas imaginar, pero tranquilidad, que no olvidé ubicarme en tiempo y espacio. Crecí profesionalmente, me descubrí amante de los libros, además descubrí en aquellos días que escribir era una de las mejores cosas que podía hacer en lugar de llamar a alguien, escribir era mi pasatiempo, mi mentor cada vez que releía y mi confidente bajo 7 claves de Word.
Ahora, en tanta libertad, no me perdí, tampoco lo cambié por libertinaje, porque no podía, porque lo que estaba sembrado en mí, era tan fuerte que se había enraizado en el corazón y había echado fruto, de modo que iba a donde deseaba pero sin olvidar que aunque todo esté a disposición no todo es bueno, no todo edifica. La vida de oración me regaló la capacidad de discernir, de preguntarle a Jesús si aquello que iba a elegir era bueno para mí. Entonces te das cuenta que la vida sin Jesús puede regalarte sin sabores, porque si hay algo que jamás olvido, jamás, es que vivirse fuera de la voluntad de Dios siempre tiene lecciones amargas, las que se suelen llamar consecuencias.
Luego, llegué a sentirme atrapada entre dos mundos, porque no es fácil combinarlos, porque no es fácil complacer a los demás y a ti misma, porque quieres dar testimonio de lo maravilloso que es Dios con tu vida, hacer lo que Pablo decía “ Nuestra carta sois vosotros, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres” (2Cor 3,3), y esto es mucha confianza de Dios, porque somos su carta de presentación, tú eres quien puede dar testimonio, por lo tanto debes tener cuidado con lo que vas haciendo, porque no se predica sino con el ejemplo.
Me reconozco como una persona de mucha fe, en la misma medida imperfecta, con ganas como todos de hacer las cosas bien, pero también buscando dar muestra de que un corazón que ha tocado un Dios vivo no puede dejar de hacer eso, de vivir, de soñar, de ir más allá, porque uno es consciente que dejará de estar en el mundo y si deseas aceptarlo con resignación y por fe, debes aprender a disfrutar cada instante, sin que eso te reste como persona o te quite autoridad moral para hablar de Dios, porque cuando bromeo en doble sentido, cuando posteo cosas muy feministas, cuando me levanto en contra del sexismo, cuando dejo mis prejuicios de lado, la gente tiene miramientos, porque para muchos tener fe implica no sentir ira, ni rabia, ni rencor, no odiar, perdonar y no maldecir, pero eso es como si alguien te pidiera que dejes de ser “humano”, estamos en todo el derecho de sentirnos así, lo que no podemos permitirnos es hacerlo palpable, llora, grita, odia y luego despréndete de todo eso y empieza de nuevo.
Hace poco posteé en Twitter “Libres para sentirnos plenas, no perras”, ayer puse como portada de mi facebook “Búscate una mujer con cerebro porque vagina tienen todas”, antes lo habría pensado mil veces, preocupada en primer lugar, en lo que pensarán los que me conocen poco, porque los que me conocen mucho dicen que “ya no soy la de antes”,  pero en realidad lo soy, en esencia, quizá no en forma, pero en el fondo sigo siendo la misma niña, es sólo que desperté, caí en cuenta que no podemos pasarnos la vida complaciendo a nadie porque luego terminamos llenas de insatisfacciones, morimos sin vivir lo que queremos, alcanzando lo que muchos nos inyectaron como la vida perfecta y cumplimos sueños de otros anteponiéndolos a los nuestros.
Dice en Santiago ( 2, 14-17) “¿De qué sirve hermanos míos, que alguien diga: Tengo fe, sino tiene obras? La fe sin obras está muerta. Muéstrame tu fe sin obras y yo te mostraré por las obras mi fe.
Con esto te invito a que te descubras libre, porque se puede ser libre en la voluntad de Dios, porque yo me experimento feliz siendo quien deseo ser, pero la gente no lo aprueba, entre broma y broma me tilda de loca, de que he perdido la cordura, me dijeron hace poco que vivo fuera de mi edad, porque me he tomado alguna foto con los labios pintados de color negro, porque me he lanzado en parapente, porque recomiendo el libro de “Soltera codiciada” o porque voy por las calles leyendo “Ni puta, ni santa”, no sé si estoy enredándome o dejándome entender, ahora solo escribo y escribo, luego pensaré si todo tiene sentido.
Claro, ahora asusto a los chicos, demasiado decidida, demasiado reflexiva (mujer que piensa 300 veces más todo = solterona), ya odian que hablemos mucho, imagino que también escribo en la misma cantidad e intensidad, pero hace mucho dejó de preocuparme que me vean como una opción, lo que si puedo contarte, es algo absolutamente curioso, ahora que me muestro más segura, más desinhibida para hablar de todo, para contestar todo, hay quienes se sienten atraídos, creo que les llama la atención lo que no ven con frecuencia, aunque es como el espectáculo de la calle, se quedan mirando, se entretienen y jamás dejan la moneda, por eso, he de ganarme todo con el sudor de la frente, espero que un día sea con el sudor de mis manos.
Quédate con lo que dice Santiago, haz lo que debes, complace a Dios, lo que no significa que debes ser ejemplo de nadie, ni dejar de vivir tu vida para que otros te imiten, todos tenemos padres, si quieren aprender de alguien, es de ellos que deben hacerlo, no quiero ser dura, pero tampoco quiero darme de golpes de pecho para que la gente crea que soy una buena persona. Después de todo, las personas nos ven en misa todos los domingos y dicen que somos buenos cristianos, ¿Qué dice Dios que ve lo que haces los 7 días de la semana?
No te desvivas por agradar a todos, serás quien no deseas; no te avergüences por hacer o decir lo que piensas, porque puede que no le guste a muchos, pero unos pocos notarán que eres auténtica, confórmate con eso, nada ganamos siendo ambiciosos. 
Somos bivalentes, tenemos el valor que nos dan las personas y el valor que nosotros nos asignamos. Ellos te imaginan de una forma y tú también te imaginas de ésa forma. Entonces cuando dejes de imaginar quién eres, romperás la coincidencia y descubrirás tu doble valía, la persona que eres y la que ellos creen que eres.
Y ¿Qué te parece si nos hacemos uno? Que los demás te conozcan profundamente, quien eres a oscuras y a la luz del día, no te asustes, si intentas vivirlo con Dios, habrás alcanzado la santidad, porque te guste saberlo o no, todos estamos llamados a ella.

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