CAMINO AL DESAPEGO

En el prólogo de Después de Ti (mi libro) escribí que el Desapego es el mejor regalo que la vida te puede otorgar, y muchos hablan de lo fantástico que debe ser estar en ese momento en el que sin importar cuántas personas pasen por tu vida, el soltar y dejar ir resulta cada vez más y  más sencillo.

Pero el camino hacia el Desapego ha sido durísimo, espinoso y doloroso. No se gana sin sufrimiento, y sobre todo, no se regresa nunca más.

Y no lo digo para asustarte, lo comento porque todos hablan de su conquista, pero como todo en la vida, no es ni fácil, ni rápido, pero cuando el proceso ha terminado, todo cambio resulta irreversible, y debes tener en cuenta que es un regalo para quien lo alcanza, pero es incomprensible para quienes te rodean, y te voy a contar un poco sobre ello, porque no lo he leído antes y no me he dado una idea hasta hoy, de todos los cambios que genera en nuestro interior y que por mucho que pienses en el modo equilibrado de manejarlo, considero: no es posible.

(Mis) Etapas:

  1. Existe un punto de quiebre, uno que te sitúa en un desierto emocional, en donde te quedas solo después de sentirte completo. Y es aquí cuando empieza, cuando tienes que decidir si cruzar el desierto o esperar a que alguien llegue y te rescate de ese camino infernal y en solitario. Usualmente las personas esperan, y casi siempre es otra persona quien las rescata (y quien puede dejarlas en un lugar más lejano y menos conocido), yo decidí cruzar el desierto, y es verdad que me sujeté de actividades, de una nueva ciudad, de un nuevo trabajo, no me sujeté de ninguna persona, ya había entendido que era lo único sobre lo que no tenía control y era un momento en el que necesitaba sentir que todo dependía de mí.

No sé si sea importante o no, pero quizá te ayude a identificar qué significa un punto de quiebre o al menos qué lo fue para mí: mi mejor amiga por 12 años se mudó de país, aquella con la que crecí, con la que estudié el colegio, la academia pre-universitaria, la universidad, la misma profesión en el mismo salón de clases, aquella con la que fui yo a carta abierta y con quien sigo siendo cuando se puede, se había ido y no sentí la pérdida porque en simultáneo ingresaba a mi vida un nuevo amor, que después de años resultó que no era tan amor como parecía, y entonces no estaba ella para llorarle mis penas, para mostrarle mi corazón deforme, y tampoco estaba él, y aunque intenté llamar a alguien mientras me desangraba, sentía que tenía que conocerme lo suficiente para entender lo que estaba sintiendo, y no, no encontré a alguien en mi agenda con quien quisiera exponerme así como estaba, hecha trizas, hecha mierda. Fue entonces cuando mi luto se duplicó, perdí a una persona, pero lloré por dos.

  1. No hay mucho que pensar, ya viviste a través del corazón, ahora toca ser racional, este momento depende de toda la fuerza de voluntad que crees que no posees, pero sin dudar, la tienes, es como la frase que siempre encuentro en redes: no sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es tu única opción.

Decidí salir de casa, mi padre no habló conmigo por días, no concebía la idea de verme partir, de no saber si estaría bien o no, mi madre me abrió la jaula y eso me reconfortó.

Llegué a una ciudad preciosa en donde me instalé por tres años, en mi siguiente libro voy a contarte que fue de mi vida en ese tiempo, por ahora me queda decirte lo que concierne a este artículo, y la verdad es que mi crecimiento profesional fue sinónimo de soledad. A las personas les costó entender que alguien llegara desde otra ciudad con ciertos acuerdos que ellos veían como privilegios y entonces ya habían levantado murallas, vi pasar las tarjetas de invitación a eventos en los que no fui considerada. Su fin supremo era un ascenso y un buen sueldo, el mío consistía en encontrarme conmigo misma, pues aunque mi corazón estaba cerca, no estaba conmigo.

Claro, he obviado la parte en la que a mitad del desierto para aligerar mi peso y ser la persona racional que necesitaba ser, una de aquellas noches, me arranqué el corazón de golpe, y le expliqué: ahora no podemos estar juntos, tú me pesas en el pecho, no me dejas respirar, ni puedo avanzar, no te voy a dejar, pero tienes que caminar solito, necesito que me hagas compañía, pero por un buen tiempo abrazarte no será posible, regresarás a vivir conmigo, pero por ahora necesito espacio.

¿No te lo crees? Pues así fue, me enfoqué en el trabajo, no le permití a quien no se había dado el trabajo de conocerme, vulnerar el estado emocional que tenía en ese momento, que si bien es cierto no era de paz y tranquilidad, estaba decidida a empezar de cero, y a no compadecerme de mí y mi momento. Mi triste historia de amor no se la conté a nadie y mi auténtica soledad era mi secreto en la distancia. Había decidido ser fuerte y los domingos solían ser mis días de prueba.

  1. Día a día aprendí a convivir con mi soledad, mi corazón a veces quería treparse y hacerme creer que regresar era lo mejor, pero no, regresar no era una opción, ya había caminado muchísimo, sentía que era más fácil llegar hasta el final que regresar al punto de inicio. Empecé a escribir como una puerta de escape, gritando lo que sentía en el silencio de mi habitación, sin considerar que alguna vez le podría servir a alguien, por ese tiempo me servía a mí, y obviamente a ese corazón al que purgaba de cuando en cuando. Y a decir verdad, aunque no le gustaban esos días de limpieza profunda, sabía que era la única forma de volver a mí.

Hice mi vida lejos de todos, de aquellos a quienes amo y extrañaba tanto y de aquellos a quienes tenía que dejar atrás, hice mi vida conmigo y entre líos y sonrisas, me enamoré de quien era, de cómo me veía, de todo lo que soñaba, de todo lo que hacía.

Este momento fue de los mejores, fue como encontrar el tesoro que no buscaba pero que al parecer me merecía por haber sido tan valiente y tan fuerte, y me disculpo si acaso sientes que me falta humildad, pero en realidad es una forma de decirte: que realmente fue difícil.

  1. Al salir del desierto, sin darme cuenta me había modificado por dentro, desde la raíz de mi alma, y no lo había notado, no fui consciente por mucho tiempo, incluso ya me había reconciliado con mi corazón, ya me cabía en el pecho, ya estaba ligero. Cuando regresé a mi ciudad, con mi familia y mis amigos (7 años después), me di cuenta que mí “antes” ya no encajaba de ninguna forma. Y no sé bien cómo describirlo, pero aprendí tan bien a estar sola, que no busqué a nadie, que no busco a nadie y que probablemente no pueda hacer nada al respecto. En este punto quiero decirte que hay quienes creen que esto tiene que ver con cuánto los quieres o extrañas y no es verdad.

No es personal, no soy más o menos con alguien en especial. Y si acaso han decidido prescindir de mí por no ser quien esperan que sea, pues quizá y luego de leer este artículo puedan entender que he perdido tantas personas en el camino, que me queda claro que va a doler y luego va a pasar.

Vivo atada a la profundidad de lo que siento, quien ha podido llegar allí conmigo sabe de lo que estoy hablando en este momento, sin embargo, respeto si han decidido quedarse en la superficie esperando que salga a darme un respiro, es posible que se queden flotando allí mientras los observo, los amo y los quiero.

El desapego no tiene que ver con el amor, tiene que ver con la capacidad que tienes de ver pasar la vida, las personas, los momentos, sin reparar en ello, sin arrepentimientos, sin sujetarte a nada mientras disfrutas de todo. El desapego es una conquista que no te abandona nunca, que una vez que hayas aprendido la lección, desaprender no es una opción.

Comparto contigo mi elección, mi camino y el resultado que ha tenido todo hasta el día de hoy, quizá se te haga más sencillo, quizá tu final sea mejor que el mío (sería fantástico), de pronto hay algo que no hice a tiempo, pero ya está hecho, entonces me queda seguir estando aquí, en donde parece que nada me toca, pero a decir verdad, me toca todo aquello a lo que le doy pase, ese es otro efecto del desapego.

Disfruta del camino de la vida.

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