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Y ¿si nos casamos?

Tengo 36 años, más de dos propuestas de matrimonio, un compromiso roto, cientos de películas en la memoria  y una relación maravillosa.

La suma de eventos ha superado mi corta estancia por esta vida, pero han sido suficientes para comprender que aunque es a ellos a quienes se les ha dado la autoridad de decidir cuándo nos casamos (reglas sociales), es a nosotras a quien nos corresponde velar por la importancia de nuestros años, de nuestro tiempo.

¿Cuántas veces podemos involucrarnos en relaciones de cuatro o cinco años? ¿Cuánto tiempo es suficiente para saber si es la persona con la que deseamos casarnos?

¿Cuántas personas hemos salido de relaciones tan largas con rupturas tan breves? ¿Cuántas veces nos hemos reprochado el hacer o no hacer una serie de cosas en un espacio de tiempo dedicado a alguien que ha decidido que no está funcionando?

Y no tienes que tener 36 años para empoderarte sobre la decisión de dar el siguiente paso en la relación, he comprendido un poco al filo del tiempo, que también tengo derecho a preguntar ¿qué sigue ahora? De dejar claramente establecido que no pienso sentarme a esperar por una decisión que también compromete mi tiempo, mis sueños.

He tenido más de un par de reacciones adversas al respecto, cuando he comentado con personas muy cercanas y queridas lo que aquí escribo.

  1. Se me ha cuestionado sobre el amor que siento por la extraordinaria persona que acompaña mis días, mi camino. Simplemente porque he dicho que si en 6 meses no avanzamos, entonces quizá sea momento de tomar otras decisiones, de emanciparme emocionalmente. Y les parece muy radical, quizá amedrentador o quizá hasta desesperado. Sabemos que en el arte de vivir, todos pintamos diferente. Y mientras voy respetando opiniones ajenas me voy preguntando: si todo tiene su tiempo ¿por qué siempre tienen que decidirlo ellos? Y no estoy refiriéndome a pedirles matrimonio, sino a preguntarles ¿qué debo esperar a corto plazo? Desde hace mucho las cosas de largo plazo para mí no existen.
  2. Me han preguntado: ¿no sientes que lo estás presionando? Y mi respuesta es: no. Y si van a victimizar a alguien, que sea a una de nosotras que hemos aprendido inconscientemente a dejar el “poder” de decidir el “cuándo”, en sus manos. Y, asumiendo que sí lo estoy presionando, pues si en realidad no tiene ninguna intención de quedarse conmigo, simplemente no lo hará, aun cuando le plantee la situación de cualquier otra manera.
  3. Cuando alguien no sabe si desea tomar decisiones tan trascendentales como el hecho de casarse o de comprometerse, una de las opciones es que generosamente le otorgues un poco de tiempo, lo que no significa necesariamente que en 10 años tenga una idea clara sobre el tema, o quizá sí, pero no contigo. Ahora, si deseas arriesgar, es un derecho que nadie te puede arrebatar.

Este escrito va más allá del matrimonio, tiene que ver con el tiempo, con los planes, con el futuro. No sé si hay que ser muy valiente o muy tonta para compartir una serie de pensamientos que serán leídos por quienes siguen creyendo que queremos ser como ellos, que ahora también vamos a comprarles un anillo de compromiso, y aunque nadie dice que no se puede, esto está completamente relacionado a nuestra absoluta independencia, porque aunque muchos puedan llenar su ego diciendo que cada quien hace lo suyo y que una relación no limita a nadie, déjenme decirles que el coordinar espacios y  tiempos, es además del respeto que siento por quien amo, la forma de no estar en donde quiero, a cualquier hora y en cualquier fecha.

No está demás pedirte que no tomes lo que escribo de forma literal, siempre, siempre, es una forma de decir muchas cosas, como ahora, que no hablo precisamente del matrimonio (aunque así parezca), sino de todo lo que involucra hacer crecer una relación.

Que las reglas sociales no determinen nuestra voluntad sobre el amor, sobre el tiempo, sobre el futuro. Que sean nuestros sueños, las oportunidades y la libertad las que se hagan visibles en un mundo en donde tenemos más obligaciones que derechos.

¡Feliz Vida!

¡Suelta!

¡Suelta!
Aunque cueste, aunque no sea fácil.
A pesar de los miedos o de los prejuicios.
A pesar de las circunstancias, aunque nada sea propicio.
¡Suelta!
No importa que ames, si no te aman no te quedes.
Si te mienten, no te quieren.
Si se cansan de ti, aligera su carga y míralos partir.
Llora, grita y cuando pase la tormenta, extiende las alas y vuela.
¡Suelta!
Pero suelta de verdad, con todas las ganas que tienes de ser feliz, con esas ganas deja ir todo lo que no te permite sonreír.
Que este tiempo sea para morir al sufrimiento, a los días grises, a los lamentos.
Y luego, aunque no te tome tres días, despertarás a una nueva vida, a una nueva esperanza, quizá a un nuevo amor.
Pero primero, suelta.

Cree en ti

Cuántos de nosotros somos dueños de nuestras vidas, cuántos de nosotros hemos sido formados para tomar las riendas de nuestros sueños, para correr riesgos, para no sentir miedo cuando todo lo que tenemos por seguro decide abandonarnos, cuando las circunstancias se muestran adversas. ¿Cuántos?

¿De dónde viene la confianza? ¿Quién puede hacernos creer que tenemos la capacidad de hacer posible lo que soñamos?

Que importancia tan grande tienen las personas que son nuestros referentes de vida mientras crecemos, mientras nos formamos, mientras les creemos todo lo que nos dicen porque son nuestros guías, porque son las personas que siempre están, y porque ese “estar” nos regala la idea de un amor incondicional, un amor que nos ayuda a creer que todo lo que desean para nosotros, es bueno; aunque eso implique cortar nuestras alas, obstaculizar nuestras elecciones, decidir nuestras profesiones, mutilar nuestros sueños y someternos a una vida normal, una vida que todos tienen, como negando que somos únicos, extraordinarios.

Tenemos que tener una profesión de universidad, porque una profesión de vida, no sirve. Tenemos que casarnos, porque quedarnos solos es una pena. Tenemos que tener hijos, porque no tenerlos no nos permite desarrollar la capacidad de amar. Tenemos sobre lo queremos, tenemos sobre lo que soñamos, tenemos.

Todos nacemos con alas, pero no en el mismo tipo de jaula, hay algunas en donde podemos desplegarlas, y cuando no, es imprescindible abandonarlas, pero, no siempre es tan sencillo. Menos cuando nos han inyectado el miedo suficiente, menos cuando como hienas están esperando decir: Te lo dije. Entonces mejor no salimos, así nadie nos reprocha nada, así todos están de acuerdo con lo que hacemos, excepto nuestro yo soñador, excepto nuestros anhelos.

Y claro, si los protagonistas de tu vida no confían en lo que puedes hacer, qué podemos esperar de nosotros ¿de dónde vamos a obtener la determinación que necesitamos? Quizá del hastío de hacer lo que no nos gusta, quizá de la sensación de frustración que se apodera de nosotros, quizá de las personas que aunque no son las primordiales, están donde queremos estar y nos regalan la seguridad de que nosotros también podemos tocar la cima.

Entonces creo, que existen dos tipos de personas, las que creen que pueden hacerlo todo, y las que creen que son los demás los que pueden hacerlo todo.

Mi jefe es invidente desde que tiene 6 años, su madre no ha sido compasiva, ni ha creído que su discapacidad lo tenía que escudar de lo que a todos les toca hacer, vivir. Seguro no ha olvidado que tiene limitaciones, pero no por eso le ha dicho que no puede. Hoy tiene 3 hijos, un próspero negocio, una linda familia, entre muchas bendiciones. Es tan independiente que a veces olvido que no puede ver, creo que nos pasa a todos los que convivimos con él. Es más, sonreímos cuando algunas personas nos preguntan ¿no puede ver nada, nada? A su esposa le han llegado a preguntar si duerme con los ojos cerrados o si cuando llora le salen lágrimas, entre miles de cosas que las personas no terminan de creer. Él confía en sí.

Luego está Valeria, a quien conocí en casa de una amiga. Valeria tiene 26 años y está estudiando su segunda carrera profesional, la que tampoco la hace feliz, ella te dice con lágrimas en sus mejías, que no está convencida de lo que hace, pero que tiene una madre dominante e intransigente, que le ha dicho que la realidad dista de lo que sueña, que pintar no le traerá dinero, que el arte no tiene futuro y que por lo tanto se sitúe en lo que debe hacer sobre lo que quiere hacer. Sabe qué es lo que no quiere para su vida, pero no tiene claro lo que sí quiere. Ese dilema la sitúa en el conformismo, pues haciendo lo que le dicen cree que estará más segura que peleando por lo que quiere. Además, es posible asumir que no ha sido fácil, que no se trata de lo que hoy sueña, sino de todo lo que con seguridad no ha podido hacer mientras crecía y todo un camino que a veces puede convertirse en toda una vida. Ella quiere creer que puede, pero le tomará tiempo, después de todo, nunca es tarde. Yo espero, que ella lo sepa.

Y entre miles de historias, la tuya. La que vas haciendo hasta que te alcance la muerte, que puede que no sea extraordinaria para muchos, pero que si te hace feliz, sin dudar, ha sido la historia que tenías que vivir.

Es preciso que dejes de sentir miedo para concretar sueños, para hacer camino. Y si es necesario, vete, vuela, quédate solo pero lleno de satisfacciones porque una vida llena de personas no tiene mucho sentido si no estás feliz contigo mismo.

Empieza a creer en ti  y escribe sonrisas para que cuando otros las lean, sonrían también.

Lo que jamás se olvida

No importa cuánto te alejes de casa, siempre sabrás cómo regresar, y en cada camino, nueva gente, nuevas vivencias, nuevos amores por personas o pasatiempos.
Y luego de cada historia y cada despedida, podrás notar que el dolor se te hace familiar y que es más compasivo y cada vez más, entonces empiezas a entender a la vida y a la gente, sabes que pronto todo estará bien, sabes que después del abandono o la renuncia, tu sonrisa aparece una vez más.
Dejas de temerle a la soledad y crean de esos lazos que jamás se rompen, ella se queda contigo aun cuando te vea en buena compañía, aun estando con muchísima gente, ella se vuelve tan entrañable cuando quien te resta espacio no te suma en absoluto.
Haces una nueva relación y al principio es como todas las demás, pero al pasar el tiempo, también lo es. Adquieres conocimientos sobre la cronología en el amor, sabes cuánto van a durar los mensajes, los detalles y las llamadas, sabes cuándo pasarás a ser parte de su todo y dejarás de sentirte especial (aunque no dejes de serlo), sabes cuándo hacer el amor dejará de ser espontáneo para ser predecible e imaginable.
Aprendes que después de cada decepción es inevitable recordar a quien te amó de verdad, mientras te preguntas ¿por qué no fue posible corresponderle? Y en tanto esperas por la respuesta, las lágrimas te inundan de recuerdos y se apropian de tu mente.

Y entonces, un día como hoy recuerdas que:

1. Jamás olvidas cómo volver a casa.
2. Jamás olvidas cómo sonreír nuevamente.
3. Jamás olvidas que a la soledad no se le teme.
4. Jamás olvidas que los inicios de toda relación se extrañan a medida que el tiempo transcurre.
5. Jamás olvidas a los buenos amores, sobre todo a aquellos que no pudiste amar.

¡Chola Soy!

Siempre comento entre risas que algunos de mis amigos me “cholean” con buena vibra, así como burlándose, así como quien no quiere molestarme y quiere también, no me ofende, me divierto y no me importa porque después de todo, es verdad, soy chola,  mujer de rasgos indígenas, bien llamada princesa inca en tierras cariocas, poco apreciada en mi país por mi apariencia, pero bien amada en países lejanos.

Y a quién debería salir sino a mi padre, hombre fuerte, hombre que (de niño) caminaba kilómetros por los cerros y quebradas de su pueblo con alforja al hombro llevando fiambre, movido por sus ansias  de aprender a leer, a escribir, de salir de la ignorancia, de ser más, de SER.

Nos han dicho “serranos” como si eso fuese razón de vergüenza, como si eso fuese signo de menosprecio, como si eso fuese malo, no lo es, nunca lo ha sido y hoy más que nunca, esta chola se siente orgullosa de estar rodeada de gente con hábitos y estilos de vida diferentes, aprendo y desaprendo, de eso se trata la vida, de quedarte con lo que enseña y de pasar por alto vanidades que no tienen importancia.

Hace unos meses en una reunión de amigos, conocí a un hombre que se tomó todo el tiempo del mundo para ningunearme, él tenía un aire de superioridad que no le cabía en el cuerpo, lo que los demás hacían era bueno, lo que yo decía lo refutaba, lo que los blancos hacían tenía sentido, entonces recordé que también hay de esos cholos que creen que ya no lo son porque comen salmón.

No soy de las que intentan hacerle creer a los demás que soy quien no soy, me sorprendo por lo que no conozco  y no finjo que ya estuve en ese lugar 100 veces, si algo me parece desagradable aunque sea el mejor plato del mundo, lo digo; compro lo que me gusta y sobre todo, lo que puedo pagar, no quiero encajar, no quiero desconocerme, no niego mis raíces, no me siento corta al conversar, en resumidas cuentas soy yo, la chola de siempre, la que sale sin zapatos del Spa porque no se le secaron las uñas  y entra a ese restaurant gourmet haciendo gala de su sobrenombre de siempre: loca.

No viajo de resort porque no me alcanza, porque no gano lo que ganan mis amigos, puedo comer con ellos porque para eso tengo, para otras cosas, no. Y cuando tenga, es probable que siga viajando de mochila al hombro, con pañoletas en el cabello, con algunos tatuajes apenas sea posible salirme del sistema.

Los cholos que apreciamos lo que nos ha costado estar en donde estamos, admiramos a otros cholos que se han hecho de la nada, que no han tenido ayuda de nadie, que no han tenido un sol en el bolsillo, que no han tenido a veces ni amigos porque no eran tipos relacionados o con influencias o esas cosas que hoy importan tanto y a mí me sigue importando un carajo.

Esta chola sigue teniendo ganas de patearle el trasero a quienes la miran de pies a cabeza para reconocer en qué nivel económico está, y el resultado es: ¡es pobre!. Pero luego cuando puedo hablar de mis viajes, de lo que escribo, de lo que hago, esta chola se vuelve interesante y no por lo que hace sino por la realidad en la que vive, sin intentar impresionar con estar bien vestida o con accesorios de marcas que apenas puede pronunciar.

Esta chola siempre recuerda  al tipo acomplejado de la cena de aquella vez, con quien no se quiere cruzar más y a quien jamás se le quiere parecer.

¡Que jamás se nos olvide quienes somos y de qué estamos hechos!

Orgullosamente Inca, Janice.

Sigo siendo YO

Siempre pensé que cuando el amor llegara todo a mí alrededor tendría que cambiar, mis horarios, mis preferencias, mis prioridades y además siendo tan consciente de lo que implica amar la vida de otro como si se tratara de uno mismo, entonces he preferido vivir con un cartel de NO DISPONIBLE.

Dicen que las leyes de atracción existen y la verdad es que ni siquiera he apelado a ellas para conocer a alguien dentro de estos últimos 4 años de estar soltera y sentirme feliz.

He salido, he viajado y asistido a cuanta reunión ha sido posible y siempre pensando que tenía que divertirme pero no creyendo que podría ser un día de conocer al amor de mi vida, sino de conocer personas para toda la vida, de esos que llamamos amigos.

Cuando compro algo para verme más linda (es mi respetable percepción), o cuando voy al salón de belleza no tiene que ser precisamente por una ocasión especial es porque ese día en particular quiero verme y sentirme bella y puede que el día de mi cita con un conquistador solamente me coloque un poco de rímel en las pestañas y cargue con mi abrumadora personalidad y punto.

Digo que mi preocupación por establecer una relación amorosa ha sido nula y esquiva porque he preferido no complicarme con alguien más, pero resulta que ese alguien más me encontró dormida (literal), me sorprendió y al parecer ha decidido quedarse aun cuando se le ha hecho ese millón de advertencias que a mi edad tengo la autoridad de hacer.

No es amor aún pero es un intento firme y lleno de convicción como siempre que decido intentar, pero lo más extraño aquí es que mi vida no ha cambiado, mi vida sigue siendo la misma pero con él, y yo sigo siendo yo con mis planes, con mis sueños, con mis locuras y dentro de ello toda una coincidencia de vida en gustos y preferencias.

En principio pensé que no pasaría mucho para sentir que quizá es mejor decir que no, para retroceder o para buscar ese pretexto que me haga decir que ha sido suficiente pero curiosamente me siento tan en paz, tan en calma, tan segura y eso es fantástico porque el cambio de estado sentimental no me ha sacudido la vida, pero me sacude el corazón cada día con una forma desconocida para mí, con pequeños detalles que me invitan a quedarme, a no asustarme y mientras eso suceda no voy a ir a ninguna parte.

Sin embargo, debo de reconocer que este largo tiempo de estar sola ha sido maravilloso, ha sido un tiempo que toda persona merece, creo firmemente que no existe mejor regalo para sí mismo que dedicarse cada película, cada viaje, cada momento, cada celebración, quisiera descubrir la forma de decirte qué se siente porque las palabras no me alcanzan, comerte el mundo es una sensación inexplicable y maravillosa.

Jamás, pero jamás renuncien a esa oportunidad que los grandes amores al abandonarnos o al regalarnos la elección de soltarlos nos dejan, la libertad de decidir todo para nosotros porque estamos solos, así como cuando nacemos pero mejor, que la inspiración o desesperación para hacer  grandes cambios, algunos fatales (como el famoso cambio de look), nos aborden y nos impulsen. Pero dependerá de que tan dispuestos estamos a pasar por el desapego y luego de eso afanarnos en conocernos, en amarnos, en descubrirnos extraordinarios, porque si voy a desacostumbrarme a uno para acostumbrarme a otro, pues qué te digo, que un día serás una mezcla de todos y sentirás que no sabes quién eres.

A puertas de un matrimonio que no se concretó y hoy a puertas de soltar mi vida en solitario puedo decir que me es posible soltar todo otra vez y sujetarme tantas veces como quiera, porque ya he conocido ambas etapas y ya he descubierto en dónde me siento más feliz y cómo es que puedo manejar las situaciones, cada viaje me ha regalado la oportunidad de sentirme libre y de conocer personas extraordinarias con historias increíbles y entonces si llego a  experimentar mi soltería nuevamente pensaré que debo regresar a mi antiguo departamento y cuando vuelva a verlo recordaré todo lo bueno que ha sido este tiempo y lo que ha representado para mí.

Y si de por sí, todo sale bien y no regreso, será porque mi nuevo lugar tiene lo necesario para no sentir nostalgia, porque después de todo en la mudanza estoy cargando mis sueños de antes, mis sueños de siempre, la independencia que me caracteriza, el mundo de letras que me hace feliz, la mochila de viaje (él tiene una idéntica) y todo lo que no estoy dispuesta a dejar.

Que dure lo que deba durar y que mientras me regale paz no pido más, quizá allí radica la diferencia ante otros intentos fallidos, que después de todo SIGO SIENDO YO y es que su mundo y el mío resultaron tan parecidos.

No nací para querer

Esta soy yo, esta es mi naturaleza, sin categorías, con poco que enseñar, con ganas locas de aprender, alimento mi capacidad de discernimiento e intento frenar un poco mi espíritu aventurero.
No nací para ser protegida, nací sobre-protectora, sin embargo cuando me cuidan lo disfruto tanto y jamás me niego a que me suceda.
No nací para ser dependiente, nací para decidir por mí.
No nací hija, crecí siendo hija, pero desde siempre me he sentido madre, me parezco mucho a mi padre, que es padre de todos!
No nací para sentir vergüenza por ser auténtica, nací para avergonzarme cuando niego mi identidad por cuadrar en lugares que no me dan nada.
No nací frágil, nací fuerte, rescilicente, pero jamás inquebrantable, porque es natural romperse a veces.
No nací para lamerme las heridas, nací para curarlas a punta de cuchillo caliente y con alcohol puro.
No nací para sentir miedo, sin embargo el temor de Dios, ese sí que lo tengo clarísimo.
No nací para permanecer en ningún lugar en particular, nací libre y libre quiero morir, lo que no tiene nada que ver con casarme o no, tiene que ver con sentirme de ese modo en cualquier estado de vida.
No nací para quedarme con quien cree que tiene mil opciones, nací para quedarme con quien ante mil opciones se quiere quedar conmigo también.
No nací para perder personas, pero vaya que nací para ganármelas.
No nací para los vestidos y tacones, pero los uso cuando quiero o lo considero conveniente.
No nací para soñar con flores, nací para ir por ellas cuando se me antoje tenerlas en el buró de mi cama.
No nací para preocuparme por mi edad, nací para valorarla.
No nací para sentir miedo de quedarme sola, nací para estar en compañía sin sentirme sola, sin olvidar que para eso no hay edad.
Mi tío me dijo un día: “No ocupes el corazón con cualquier persona, porque un día llegará el amor de tu vida y ya no tendrá lugar” Entonces ¿Quiénes somos para ocupar lugares que no nos pertenecen?

No nací para querer, NACÍ PARA AMAR

Cenicienta

Y ella juntando las manos se puso a rezar, me sorprendió que en tiempos como estos existan adultos que oren de esa forma tan celestial, recordé quién era yo hace algunos años, alguien que se le parecía, alguien que hoy no está, pero retroceder para volver a ser quien fui ya no me es posible, aunque quisiera, aunque me esforzara un poco, porque en realidad y a pesar de todo me gusta más quien soy ahora.

Días después logré saber que ella había ocupado el corazón de aquel a quien yo miraba con admiración, de hecho lo mío no era amor, quizá era una mezcla de sentimientos en donde el deseo primaba y ambos lo sabíamos, porque como buenos amigos nos sentamos un día a conversar al respecto, mi personalidad era demasiado para él, no estaba acostumbrado a un ser tan “social”, una idea equivocada que tienen muchos, en realidad soy una tortuga escondida en su caparazón que de cuando en cuando podría sacar la cabeza para respirar algo un poco diferente.

Comprendimos nuestras diferencias y no le dimos más vueltas al tema. Me habría gustado que fuese distinto, me habría gustado que me diera el beso que evité, así soy, me evito cualquier situación que podría complicarse a futuro, liarme a estas alturas de mi vida (cuando me es fácil sobrellevar una serie de eventos), no gracias, no está en mis planes.

En fin, nada relevante ha sucedido entre nosotros, nada que vaya más allá de algunas platicas y algunas sonrisas, quizá algunas caricias públicas de esas que tienen los buenos amigos, nada que sea importante.

Sin embargo, hoy se ha despertado un fuerte cuestionamiento en mi interior: ¿En verdad no era posible superar las diferencias? ¿Acaso no podría ser esa niña dulce, introvertida y conservadora otra vez? Quizá así podría encajar en su vida, quizá así podría calzar en su mente.

Entonces retrocedí en el tiempo, eliminé mis viajes, eliminé mi independencia, eliminé mis deportes de aventura, eliminé todo aquello que me ayude a convertirme en una posibilidad para él, y allí estaba yo, llena de apegos, llena de miedos, incapaz de viajar sola, incapaz de decir que no, incapaz de defender mis sueños y me asusté, me gustaba quien era, pero no me gustaba lo que me rodeaba, hoy me gusta mi entorno, me gusta la gente que está y la gente que sabe cuando ausentarse, adoro las experiencias que vivo, amo las cicatrices que llevo en la piel porque las del alma  ya no importan más, descubro que mis decisiones a veces son muy malas pero son mías, ya no soy tan buena porque ya no soy complaciente, ya no soy lo que los demás desean, ahora soy lo que quiero ser aunque eso haga inalcanzable a algunas personas para mí, a personas como él por ejemplo.

Ser in-elegible no me asusta, desandar mi camino me aterra, no me veo regresando a ser quien era, eso sería como afirmar que no importa todo lo recorrido porque ha sido poco o quizá siento que ha sido suficiente, y la verdad es que ni una ni otra cosa es.

Recordé el cuento de Cenicienta, fui hasta el momento en el que la buscaban desesperadamente entre muchas mujeres, todas deseaban ser ella, todas hicieron de todo porque les calce la famosa zapatilla, intentos forzados, cuentos inventados, súplicas para obtener todo lo que estaba en juego, y nadie lo logró, a nadie le calzó.

Y me pregunto: ¿Quiero ser como esa pobre zapatilla? Forzada, manipulada, estirada, maltratada para perder mi forma y calzarle a alguien? ¿Qué tan dispuestos estamos para moldearnos una y otra vez ante cada posibilidad que aparece? ¿El final de cuento vale cualquier esfuerzo? Y si acaso logramos “hacernos” en las personas, ¿qué tan cómoda va a sentirse o cuánto tiempo soportará estar con quien le “aprieta” la vida? No puedo, quisiera escribir que no quiero, pero honestamente a veces quiero (a veces cuando hay personas que merecen sacrificios), pero no puedo dejar de ser, ni ser como a otros les parece, entonces no puedo.

Complicado comprender porqué tienen que existir tantas tallas, formas, empeines, juanetes, callosidades a quien “quedarle bien”, complicado pero no imposible.

Llegará el día en el que nuestra vida le quede perfectamente a alguien tan especial y defectuoso como nosotros.

Fe.

Rompe cadenas

Alguien me dijo hoy que la nostalgia nos permite valorar personas, momentos y oportunidades, que YA NO TENEMOS.

¿Y entonces será que hay que perder la vida para sentir nostalgia por ella? ¿Cómo morimos para luego desear estar vivos?

Quizá solamente nos quede experimentar la muerte mientras respiramos para echar de menos la SENSACIÓN de vivir.

“Allí estaba tendido el muchacho de 27 años que había recibido una descarga eléctrica, los familiares lo rodeaban mientras mis compañeros lo atendían y yo veía en sus ojos que lo abandonaba la vida, porque el pulso, la presión arterial, la temperatura pueden hablarte de circulación sanguínea, pero los ojos, los ojos pueden decirte más que cualquier signo vital, quizá es complicado explicar de manera romántica la experiencia de decir con gestos, con sonrisas, con miradas y sin palabras, que la vida se puede medir no solamente en grados centígrados o latidos por minuto, que la vida se puede medir en cada acto que te brindas, porque es por ti, todo es por ti aunque digas que es por los demás”

He visto morir a muchas personas, he visto llorar a quienes los aman y siempre sucede lo mismo, me aferro a mis días, yo no quiero que valores la vida a través de la muerte de otros, pero tampoco quiero ver tu muerte con un corazón vivo al que le regalas un montón de motivos para no sobrevivir.

Mujer yo te veo aferrada a tu almohada, llorándole las mismas penas, contándole las mismas historias día y noche,  sonriéndole al mundo mientras le cuentas cosas que ni tú te las crees, te repites constantemente que ya no sufrirás más pero sigues desangrándote por dentro. Le susurras a las paredes que estás cansada de lo mismo y que no quieres más de eso pero sigues en el mismo camino, amando al mismo pendejo de siempre, regalándole la confianza que no se merece, creyendo en lo que no hace, corriendo a sus brazos cuando todos lo han abandonado y una vez más, todo es mentira.

No me creo, no lo acepto, no me resigno a que la muerte se lleve a quien ama la vida y conserve con vida a quien la desperdicia, a quien no la conquista cada día, a quien no la disfruta cada minuto, a quien se muere por alguien que vive por otras personas.

Me imagino sujetándote de los hombros y rogándote que despiertes, pidiéndote con lágrimas en los ojos que no te hagas esto, que no renuncies a las sonrisas que te mereces, que no te permitas cuestionamientos inútiles, que los miedos no te dominen, que la vida no se te vaya entre sábanas, en compañía de quien te regala soledad, en momentos que duran horas pero que te marcan la vida entera.

“Aquella mujer le gritaba a su hermano: Por favor no te vayas, tus hijas te necesitan; pero él ya no podía oírla y yo que la escuchaba, no podía hacer nada”, no tienes idea cómo me asusta la muerte, quizá por eso siempre corro en sentido contrario, no hay duda, nací rebelde”

Soy yo quien te grita: Por favor no te mueras, por favor no entregues la vida a quien ya tiene una vida y la disfruta sin ti. Yo te entiendo, yo también he sentido la muerte pisándome los talones, yo también he sufrido, yo también he conocido tipos que me han subido a sus días y me han hecho creer que ciñéndome a su cintura todo estaría bien, pero para ceñirme era necesario subirme en la parte trasera de lo que sea que use para moverse en la vida y yo ya aprendí que no quiero estar atrás, que yo quiero estar al costado, a su lado, que no quiero la nuca de nadie, que quiero ver sus ojos, que yo quiero ver su rostro, que yo lo quiero todo y como hace mucho nadie me ofrece eso, entonces NO quiero nada.

Quieres llorar, hazlo. Toda una noche, toda una semana, todo el tiempo que creas necesario, pero NO toda la vida, menos por el mismo tipo.

Dime que vas a estar bien y dímelo sin tener los ojos hinchados, dímelo sin mirar al piso, dímelo luego de practicar mil veces frente al espejo. Cambia de ciudad, cambia de trabajo, cambia de amigos, pero sobre todo cambia el mal hábito de elegir equivocados.

Empieza por estar sola un buen tiempo, “sola” de singular, “sola” de individual, porque cuando me dices estoy sola y los fines de semana aparece alguien en tu cama, entonces piensa que te olvidaste la pastilla anticonceptiva un día y por ese día tienes todos los riesgos encima, por ese día puede que ya no estés “sola” nunca más. Dormir con alguien que no es nadie,  para ellos tiene un significado que nosotras no entendemos, comprende, no nacimos con el mismo chip, no te cargues riesgos que te harán regresar donde ya no quieres estar, tu almohada que también está harta de lo mismo, un día de estos decidirá romperse para morir y abandonarte de una vez por todas hasta que encuentres otra, no cambies la almohada, cambia de actitud, cambia tú.

Yo seguiré pidiendo por ti y por los que dejan de vivir, por ellos para que descansen y por ti para que dejes de hacerlo, porque el tiempo transcurre y el cuerpo tiene los días contados, pero tu espíritu es libre, no lo encadenes a nadie, te pertenece, aprópiate de él, domínalo, dile que tú mandas, que se mueva, que te lleve, que se vayan juntos a donde tú quieres ir.

Yo confío en ti mujer.

 

 

Todos somos “alguien”

Nacemos siendo alguien y morimos siendo alguien, lástima que la mayoría de veces quien muere no es la misma persona que nace.

Hay quienes se reconocen  todo el tiempo, otros se pierden mientras crecen y jamás vuelven, y algunos  se encuentran después de haberse perdido.

De los que siempre han tenido claro a dónde van conozco varios, personas de éxito, personas que han superado sus propios límites, que los obstáculos no han sido más que razones para seguir adelante, que hoy a la edad que tienen, tienen más de lo que muchos quisiéramos lograr, y no estoy hablando de fama y fortuna sino de concretar sueños, no existe algo en este mundo que te haga más feliz que hacer lo que amas.

Claro, también hay quienes quieren hacer muchas cosas y siguen en el mismo sitio esperando que sus circunstancias cambien alguna vez, siempre hablo de tener fe, de fiarse en la voluntad de Dios porque es lo que nos mantiene en el largo caminar, pero eso no significa que nos quedemos el día entero esperando por un milagro, eso quiere decir que confíes mientras  te des-instalas, mientras tomas riesgos. Cuánta gente anhelando una mejor vida y su actitud sigue siendo la misma, y no es conformismo, es miedo, un miedo natural pero injustificable, un miedo que solamente podrás vencer si te enfrentas a él, sino no  te queda más que darte por perdido siempre.

No sé si soy buena escuchando, pero hablando no lo soy, quizá por eso escribo, así pierdo menos amigos, así nadie se resiente conmigo por decir lo que considero en base de haberlo hecho, no hablo de lo que no sé, no hablo de lo que jamás hice, no hablo de supuestos, hablo de lo vivido, de lo llorado, de lo sufrido y de lo vencido, después de eso yo te digo que hay cosas que se pueden hacer.

Pero por el amor de Dios, muévete. Las oportunidades no llegan porque crees que eres una buena persona que merece buenas cosas, seguro que sí, pero las cosas buenas tardan en llegar, entonces quizá si apresuras el paso te evitas lamentos, te ahorras tiempo y aprendes a conocerte.

Y antes de iniciar la segunda parte de mi escrito, te he decir que jamás estuve en el grupo de los que siempre estuvo al tanto de lo que quería para su vida, no.

Tampoco soy parte de los que siempre se conocieron y luego lo olvidaron porque se dejaron convencer por extraños, por esos que te dejan sin autoestima, por esos que te subestiman y en resumidas cuentas, les crees. Que me rodeaba mucha gente así, por supuesto, pero yo no los elegí, sencillamente estaban allí donde también estaba yo. Me afectaron, y crecí afirmando que jamás podría ser como ellas con tanta “personalidad”, “guapas”, “líderes”, mi ropa, mis orígenes, la humilde economía de mi familia, parecía que todo estaba en mi contra. Crecí “ninguneada” pero jamás dejé de pensar que yo era alguien, solamente que no podía decirlo en voz alta.

No he nacido en cuna de oro, no tengo apellido de abolengo, mi bisabuelo no es del árbol genealógico de ningún héroe nacional, apenas y a mucha honra soy descendiente de incas y en mis rasgos indígenas lo puedes ver. Entonces ya estaba complicado sentirme segura en una sociedad llena de prejuicios y superflua, quizá de allí nace mi rebeldía por ciertos estratos sociales, porque sigo siendo yo y ellos siguen existiendo y no quiero sumar, no me excluyo pero tampoco me quedo en silencio, aquellos tiempos ya terminaron.

¿Cómo  hice para escapar y no olvidar que soy alguien? ¿Alguien importante y especial? Me lo creí cuando se lo escuché a Dios, porque mi papá, mi mamá y muchas personas maravillosas me lo decían: “Tú no eres fea” “Tú eres muy inteligente” “No hagas caso” “Son niños” “Lo importante es lo que hay dentro de ti”, pero uno piensa “ellos me quieren, además no iban a decirme algo malo sino seguro me suicidaba (tranquilo, estoy bromeando)”, pero ya sabes, no es suficiente, no basta . Lo mismo sucede cuando nos hablan del amor propio, “quiérete” “respétate” “no permitas”, pero no todos somos tan fuertes o a veces quien lo dice se contradice como aquel que te juzga por algo que no hace pero que no tiene autoridad sobre aquello que tampoco es bueno pero que tú no haces (me enredo).

Entonces llega aquel día en el que descubres que no eres una casualidad, que podrías no haber nacido o haber muerto en el camino, pero no, incluso si le echas un vistazo a tu vida descubrirás varias oportunidades en las que habrías dejado de existir o tener una vida diferente a la que tienes (una peor, siempre hay una peor, parece que no pero te estoy animando) o tener la vida de otro que aparentemente es más feliz que tú y todo porque lo dice su facebook, sino mírame aquí recibiendo mensajes de un “contacto” que se creó una cuenta falsa para decirme que está encantado conmigo pero que no puede identificarse porque es novio de una amiga mía, y todo porque cree que soy lo que escribo ¿Ves que no todo es lo que parece? Ya, quizá algo de bondad hay en mí, pero no como para comprender ese tipo de comportamientos, que pena que no tenga la seguridad de quién es, sino mi amiga ya sabría qué clase de novio se ha echado encima (literal), haber si hacemos oraciones y pronto lo descubre (gracias de antemano).

“¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ella te olvidara yo no te olvido”
(Is 49, 15)

“Con amor eterno te he amado, por eso te he atraído con misericordia” (Jer 31,3)

“Antes de que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que  nacieras, te consagré”  (Jer 1, 5)

Citas como estas me ayudaron muchísimo, empecé a ver mi vida con otros ojos, hice un paralelo de las frases y de mis días, las medité en lo profundo de mi ser y me convencí de estar y sobrevivir a mis circunstancias porque me las explicó mi hacedor, aquel a quien muchos ven como un Dios lleno de prohibiciones, como el que te limita bajo amenaza cuando a mi me ha regalado absoluta libertad, cuando a mi me ha rescatado al sentirme tan extraviada a veces, porque si no me he perdido y he desconocido mi “ser” ha sido porque él ha estado  conmigo siempre.

Pude ver lo que antes no había notado, pude reconocer que mis primeros años fueron complicados pero que pudo ser peor, que podría no haber tenido a mis padres después de un accidente en el que perdí a uno de mis hermanos, miré todo a mi alrededor y me armé de valor ante la vida, reconocí que alguna razón debería existir para aún estar aquí.

Todo el tiempo sufrimos por aquello que solamente depende de nosotros, así somos, así deambulamos, así nos perdemos, pero si sabes de donde vienes, siempre sabrás a donde regresar y a donde no.

Soy del tercer grupo, de los que se perdieron y luego se encontraron.

Re-descubre de dónde vienes para saber a dónde debes ir. Recuerda que somos alguien siempre, todo el tiempo y que no hay intermitencia en ello.