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Ya no me quedas tú

Decidí rehacer mi vida cuando perdí la esperanza de verte volver. Creí que el tiempo me ayudaría, que mis recuerdos en tu memoria te impulsarían a buscarme una vez más, pero ni el tiempo, ni los buenos momentos jugaron a mi favor.

Los primeros años fueron difíciles, dolorosos y llenos de mucha nostalgia. Intenté en cada instante, olvidarte, dejar de evocar mis noches contigo, dejar de pensar que todo fue mi culpa y empezar a creer que el destino nos había preparado para amarnos sin permitirnos estar juntos.

Seguí viviendo, sin darme la oportunidad de arriesgar por nadie, porque nadie era como tú. Me centré en todo lo que no me daba vida, pero me entretenía.

No hubo una sola noche por mucho tiempo, en la que no haya deseado regresar al pasado y hacerlo todo diferente, no dejarte ir, o no dejarte entrar. Y sin embargo, me ha tomado años salir del limbo, de ese espacio intermedio, en el que permaneces aun cuando ya no estás.

Contigo aprendí que la ley de la compensación no existe, que lo que se hizo antes no sirve de fianza para el futuro, que el amor que existió no tenía garantía, no incluía perdón, mucho menos compasión.

Escribí cartas que jamás obtuvieron respuesta. Escribí explicando una razón para cada situación, pero hoy que no estás, me queda claro que de nada sirvieron.

Y entre telarañas de cuentos y fábulas, un día después de muchos años, decidí que era hora de marcharme, que ya no tenía nada que esperar, tú ya estabas con alguien.

Entonces me fui, me fui de todas las formas en las que es posible marcharse del pasado. Sin hablar más de ti, sin pensar en lo que fue, ni en lo que pudo ser.

Y hoy después de mucho tiempo, sólo me quedan recuerdos, y puedo afirmar (agradeciendo), que ya no me quedas tú, ni en el corazón, ni en el cuerpo.

Nuestro cuerpo, un objeto

He estado en un bar con un grupo de amigos, he bebido, me he emborrachado y he regresado a casa con una serie de conflictos, de emociones, de interrogantes, de decepciones.

Allá afuera están asesinando el amor, lo están usando de anzuelo para llegar al sexo, de modo que, hacen del sexo una suerte de oportunidad y lo separan despiadadamente de cualquier tipo de afecto. Ya no es el amor una razón, es un obstáculo.

Se dice que es natural, que da flojera enamorarse, que trae demasiados problemas, que no vale la pena. Que debo comprender que no es posible ir contra corriente, me han dicho todos que suena muy bien lo que digo, pero que no existe, que murió.

Las responsabilidades sobre los sentimientos se han hecho simples, ser cariñosos sin fidelidad, ser enamorados sin amor. Y entonces estoy yo sintiendo que aquí no pertenezco, que me afecta, que involuntariamente empiezo a sentirme ingenua.

El amor está dejando de ser una razón, está lidiando constantemente con el placer, con la pasión. El facilismo que desprenden las personas para involucrarse con otras, no está ayudando. A pocos les preocupa si hieren a las esposas o a las novias, porque como todos hacen lo mismo, entonces no hay culpa, hay compañía y eso los hace comunes y normales.

La preocupación por esconder su comportamiento es más importante que los sentimientos de quienes aman, todo es un desorden, el camino a la inconsciencia se ha creado con puentes sólidos, con atajos y desvíos convenientes para saltarse compromisos de amor.

Dicen que si un plato está servido en la mesa, es para comer, explicándome que hay ofrecimientos nocturnos que no pueden rechazarse. Me indigno, respiro, lloro y sobrevivo. ¿Qué es peor? ¿Ser carne o vivir de mentiras?

Está bien, lo acepto. No estoy al ritmo de lo que se toca por estos tiempos, me he quedado con música que nadie escucha pero que me regala paz a pesar del ruido externo y el desconsuelo.

Otra frase ha sido: “Nadie dice que esté bien, pero sucede”, como si fuese inevitable, como si únicamente dependiera de quien se ofrece para un rato o de quien busca y encuentra aceptación.

Cuando alguien me dice que “solamente ha sido sexo” y que no tiene nada que ver con el amor, me pregunto ¿quién está confundido? Si ellos, o yo. Porque a decir verdad, todo se trata de amor, todo absolutamente todo. Si no amas tu cuerpo, tu corazón, tus sentimientos ¿quién se supone que lo hará?

¿Dónde existe mayor locura? En mí por creer, por pensar que aún se puede confiar. O en los que viven sus aventuras una noche tras otra, como esperando que alguna mágica sábana despierte el amor que se tiró por la ventana.

Nadie quiere morir en soledad, y sin embargo, todos hacen lo posible porque los abandonen, porque los dejen de amar.

Las decepciones han transformado personas, les han hecho creer que no ha servido de nada todo lo bueno que han hecho por otros, negándose así, el derecho de confiar nuevamente, negándose así la oportunidad de amar una vez más.

Las malas experiencias han ennegrecido el corazón, han prostituido los sentimientos, y le han restado valor a nuestro cuerpo, que no es más un medio para vivir, sino un objeto. Se ha convertido en nuestra máxima expresión de poder (yo decido con quién sí, con quién no). Un orgasmo y una noche de caricias han disfrazado nuestra sed de ser amados.

Y si después de todo, he de sufrir por mis ilusas convicciones, así también, he de vivir agradecida con mi cuerpo y con mis sentimientos, porque en medio de todo, han decidido hasta el final de mis días, serle fiel a mis ilusiones, a mis ideales, a mis valores.

Recuerdos

Salgo de la cama en puntillas, decido escribir mientras lo veo dormir con el torso descubierto. Enciendo un cigarrillo, porque ese es su aroma natural, el perfume que hace que pueda evocarlo, quizá por ello dejé de fumar, para ponerme a prueba de él.
Le digo que lo amo en el silencio de la noche, le digo todo lo que necesito que se grabe en su subconsciente, aunque siempre pensaré que lo sabe y me hace creer que no le importa mientras me abraza y me dice que me quiere.
Quiero despertarlo para decirle que se quede o que me pida que regrese, pero no puedo, me ha dicho tantas veces que no, que al margen de la costumbre, aún me duele que me toque, que me sueñe, que me anhele y que me desee en proporciones insuficientes, en márgenes tan pequeños e insignificantes que hacen que tome su camisa, sus cosas y se marche.
No entiendo ¿Cómo haciendo la maleta con tanta calma como para no olvidar nada, siempre termina dejándome? Olvida mi amor, mis palabras, mi sentir, mis caricias.
No le he preguntado si existe alguien más, me aterra que me diga que sí, no creo morir de dolor, pero sobrevivir no me haría tan feliz. Más allá de saberlo ajeno, lo reconocería deshonesto, infiel y canalla, y no, no quiero. Quiero amar a alguien bueno y aunque él no lo sea, es lo que yo ahora creo.
Divago por los años que hemos pasado juntos, recuerdo que lo he amado para luego herirlo, y ahora intento recuperarlo aunque me haya dicho claramente que no es posible, que lo he perdido para siempre, pero no le creo, porque no me conviene hacerlo.
No me he sometido a este amor itinerante por puro gusto, porque no me valore, porque no sepa qué es lo que merezco, pero precisamente ahora, merezco un castigo por haber tocado su corazón en un momento el que no estaba preparada para tenerlo. No todo es mi culpa, y en razón a ello, he determinado que haré un poco más, solo un poco más, luego de eso también he de irme detrás de nuevos caminos.


*Años después, esta historia escrita en una vieja libreta, me permite recordar que se puede dejar de amar, que se puede olvidar, que se puede empezar cada vez que se quiere.

 

Taller de Costura

El hombre más herido que conocí, era un hombre amado desde un lugar lejano, hizo la vida en solitario con apegos por quienes le brindaron malos hábitos, los siguió como un buen cordero y obviamente terminó en un matadero, allí donde se asesinan los buenos sentimientos. ¿No me crees? No miento. Fue en aquel lugar donde mi corazón fue a parar, allí dejó de latir, allí lo vi morir.

Si por mi fe he recuperado mi corazón de entre los muertos, no es mi deseo volver a tirarlo al basurero, quizá pase el tiempo y no lo arriesgue con tanta facilidad, pero cuando me decida a hacerlo, necesito de algo por mínimo que sea que me contagie la idea de que estará bien, no lo quiero sano, no lo quiero intacto, lo quiero vivo pero sobre todo lo quiero sensible, capaz de amar una y cien veces más.

Te muestro mis manos para que observes mis dedos llenos de cicatrices por los cortes al intentar armar a otros, ya no me sirven para hacer algo más por nadie, es verdad, no lo he vuelto a intentar, pero es verdad también que ya no quiero, que ya no tengo ganas, que soy cobarde o egoísta, no importa, ya no importa.

Siempre que el amor ha intentado llegar a mi vida, ha llegado anidado en seres lastimados, en quienes han tenido un camino complicado, uno que les ha robado más de lo que les ha dado. No tienen la culpa (pienso), no a todos nos ha acariciado el amor, a algunos los ha pasado de largo, pero no porque el amor haya sido mezquino (jamás lo es) sino porque han estado tan ocupados, que lo han ignorado mientras se les iba el tiempo, mientras se les iba la vida.

Considero que el amor es como las personas, siempre toma su forma, siempre se viste de lo que abunda en ellas:

En un ser desprendido siempre existirá un amor generoso.

En un soñador el amor se vestirá de romance.

En un ser muy amado el amor encontrará su verdadera identidad.

Y en un ser lastimado, herido, lacerado siempre existirán cosas por salvar, sentimientos por rescatar, sensaciones por reanimar y para ello se necesitará una persona o muy valiente o muy ingenua, y de ninguna manera quiero volver a ser una de ellas.

No me queda duda que dentro de poco el oficio más requerido será el de costurera, pasa el tiempo y las personas están más y más rotas, no alcanzan los remiendos y cuando se logran hacer, la tela no es la misma y definitivamente las personas tampoco lo son. El trabajo implica responsabilidad, paciencia, desprendimiento y experiencia. Mientras más corazones parchados en tu hoja de vida, más probabilidades de quedarte con el empleo y de encontrar el amor por todo el sacrificio concedido en favor de otros.

NO existe certeza sobre nada en la vida, y debido a ello no siempre toca quedarse con los corazones que se han rescatado, a veces solamente nos queda una entrega mal remunerada, y en realidad no deberías esperar nada, pero vivir sin expectativas es algo que pocos han alcanzado, que te regala paz, pero que nadie te enseña como lograr, se aprende en el camino, con el día a día y con una que otra persona mal agradecida.

Los miedos son algo que hay que evitar, debería decir que te lances, que  arriesgues y dejes de pensar, pero siendo tan cobarde como soy en cuestiones de amor, pues no te quiero decir que hagas o dejes de hacer (¿con qué autoridad?), solo recuerda que no importa el camino que decidas emprender, siempre debes llevar actitud de valiente y ningún tipo de escudo, porque cuando las personas se enamoran, se desarman todas para dejarse amar o para dejarse morir.

Quizá alguna vez regrese por el canasto que he dejado en mi viejo taller, o quizá sea mi turno y exista ese alguien capaz de cortar las suturas de mi maltrecho corazón para encontrar lo que al parecer, hoy ya no está, es preciso que lo haga, sino no tengo la menor idea de cómo voy a volver a amar.

Y tú ¿Qué deseas? ¿Aprender a coser o un taller para  que desenreden los hilos de tu alma?

Dime ¡adiós!

Te observo mientras duermes, preguntándome ¿Qué ha cambiado?
Ya no me miras como antes, tus besos no eran de los que una quisiera todo el día pero al menos existían, tu entrega no tenía pausas y tú, tú eras tan poco común, tan especial.
De pronto te siento distante a mi lado, con frases cortas al teléfono, conversando sobre lo cansado que estás mientras yo te extraño cada día más, no lo digo, no quiero llorar, no quiero que se me note tu ausencia en el pecho, pero quiero escapar de estos días de tormento, de tener que aceptar que no me quieres más.
No me queda mucho tiempo, pronto he de pedirte que me dejes ir, quiero que grites que me vaya, es preciso escucharlo, ya no quiero sufrir con tus actos, con lo que haces y dejas de hacer.
Amor, dime ¡adiós! para no volver, para recordar tu voz cada vez que desee retroceder, para terminar de entender que lo nuestro no da para más, para dejar de esconder mis lágrimas.
Amor, deja de hacer eterna mi agonía, deja de tratarme mal mientras esperas que mi intuición me explique tu lejanía, no permitas que el tiempo asesine lo poco que queda, no permitas que me marche con arrepentimientos que ahora no siento.
Yo no me excluyo de la culpa, pero al menos intento cada día la cercanía, intento el amor, intento el placer, intento lo que tú guardaste en el desván y así, así no se puede, así todo intento pierde sentido, así me pierdo también en el camino.
Amor, dime ¡adiós! y deja de golpearme con tu indiferencia, con tu desgano, con tu intolerancia, pero si no quieres, entonces seré yo quien decida que a mi autoestima no la tocas más y dormiré de mi lado de la cama mientras voy recogiendo el valor que dejé por las escaleras de la casa, para dejarte, para librarme, para vivir en paz.

Él no te ama

La bendita manía de creer constantemente en la posibilidad de ser “la excepción a la regla” por no aceptar la realidad.

1. Una amiga le cuenta a otra que vive enamorada hace años de un hombre casado y que cree que nunca va a divorciarse. La amiga se compadece y le cuenta la historia del vecino que dejó a la esposa después de 50 años por alguien más joven y se casó otra vez. Entonces la desconsolada mujer cree que ella también podría correr la misma suerte.

2. Después de una noche de copas más una experiencia sexual con un desconocido, ella espera impaciente su llamada, pasa el tiempo y piensa que quizá anotó mal el número, que la llamó justo cuando el celular se descargó, que quizá (él) no quiere parecer muy interesado (entre otros mil planteamientos). Llega su amigo,  la escucha y le comenta que él tardó un mes en llamar a la que ahora es su esposa. Ella termina creyendo que debe tener paciencia y esperar un poco más.

3. Él le dice que el matrimonio arruina las cosas, que así como están es perfecto, que no necesitan papeles para ser felices, ella no está convencida pero se calma un poco cuando escucha por allí, la historia de que esa idea desaparecerá al transcurrir los años y que tendrá su boda de ensueño.

Y así, un mundo de historias con finales más que conocidos pero como siempre, preferimos lo que más nos conviene. Creemos que esa historia tan común será especial porque se trata de nosotras y no es verdad.

Despierta y deja de creer que eres la excepción porque en realidad existe una alta probabilidad de que seas la regla.


De la película: “Él no te ama”

Quizá no sea él, pero es a él a quien yo quiero

Ya me he resignado a no tenerlo, a verlo pasar, a verlo sonreír aunque no sea para mí.
He comprendido que tengo que hacer la vida con alguien más algún día, y algún día no llega.
Con él pierdo la voluntad, no quiero, pero sucede.
Lo he evitado después de tanto tiempo y después de tanto tiempo he vuelto a verlo, con eso he descubierto que todo lo que siento sigue allí, no muere, al contrario, resucita cada vez que quiere.
Me inspira ternura, me inspira cariño, me inspira cuidarlo y dice que no.
Lo he liberado y sin embargo,  sigo encadenada.
Hay quienes me dicen que quizá con el tiempo, yo creo que no, y llega el día en el que lo vuelvo a ver y todo lo que creo no sirve.
No importa a donde vaya, su recuerdo me persigue, lo encadeno en algún lugar pero de nada sirve, se suelta y me alcanza, jamás le digo que no, después de todo es todo lo que me queda de él.
Existen, existieron y existirán momentos únicos, exclusivos y repetitivos con él e irrepetibles con otros.
Con él me pierdo y en él me hallo, es bueno saberlo, así recuerdo que tengo que buscar otras modos de encontrarme.


Carta a un amor que no fue amor.

¿Por qué siempre me sucede lo mismo?

En el amor existe un sano sentimiento y una completa incertidumbre, nadie sabe cómo va a terminar todo, puede que empiece con calma o intempestivamente pero eso tampoco es un indicador, en realidad en el amor no hay caminos, no hay fórmulas, no hay señales, no hay nada.

Irónicamente siendo el amor tan complicado nos reduce a la simplicidad del ¿te arriesgas o no?, estoy convencida que para enamorarse se tiene que ser o muy valiente o muy inconsciente, porque cuando comprendes a profundidad que una relación implica compartir tu tiempo, tu espacio, postergar vacaciones hasta encontrar coincidencias, asumir la vida del otro, compenetrarte con sus sueños, entre tantas cosas que implican desprendimiento y responsabilidad y si después de eso dices que sí es porque confías en tu capacidad de amar, pero si aceptas amar a otro sin pensar bien en lo que te corresponde, entonces aún no entiendes el sentido de estar vivo.

El problema de nosotras (por ejemplo)  es que creemos todo lo que nos dicen y ellos saben bien lo que queremos escuchar, se adecuan a cada forma de pensamiento, se adecuan a cada uno de nuestros sueños. Pero es una culpa compartida ¿Por qué nos sucede siempre lo mismo? Porque ligamos pequeños detalles a grandes gestos, nos sentimos especiales por actitudes que son costumbres para ellos, nos fiamos al creer que pueden “sentir” nuestra honestidad y esperamos reciprocidad, ni los años, ni las malas experiencias nos regalan prudencia, cada vez que iniciamos algo nuestra ingenuidad nos acompaña, cada intento fallido es el intento en el que lo apostamos todo, es correcto dar a cada quien lo que esperamos (amor) pero nuestra entrega jamás debe estar afianzada en actitudes que nos lastiman, en justificaciones absurdas, en explicaciones sin sentido.

Reza un dicho que “las cosas que empiezan mal, terminan mal” pero he visto inicios “catastróficos” y después de todo siguen sobreviviendo con vientos de llegar a buen puerto, pero esto no siempre sucede, de miles de historias puede que unas cuantas se concreten, el problema es cuando creemos que esa excepción nos pertenece, no sabemos, pero si vas a arriesgar siempre debes estar preparada para perder, porque es parte de la vida, porque es parte del amor.

Si en la etapa de enamoramiento (la mejor) no es amable, sus historias no coinciden, sus referencias no son ciertas y habla más de lo que hace, tienes buenas razones para dejarlo ir, no te quedes mucho tiempo, el tiempo nos crea momentos, recuerdos y luego todo se hace nostalgia, créeme no la quieres cerca.

No te engañes diciéndole a la gente “lo estoy tomando con calma” cuando nosotras (la gran mayoría) estamos pensando en el futuro y haciendo mil proyecciones ¿por qué somos así? No lo sé, no lo entiendo y no es posible evitarlo, después de todo, es eso lo que nos “mata”, el millón de expectativas que nos hacemos.

Cuando conoces a alguien es preciso “estudiar” un poco lo que hace, lo que dice, las cosas que te cuenta, podrás decir que es desconfianza pero alego a mi favor que la confianza se gana, entonces en principio nadie ha ganado nada más que la oportunidad de conocerse.

Eres de una forma y no puedes ser de otra por agradarle a alguien por mucho que creas que es el tipo conveniente para ti, porque él va a enamorarse de la persona que no podrás ser permanentemente y entonces un día (cualquier día) “dejarás” de gustarle y es lógico, dejaste de ser la que le gustaba para ser tú otra vez.

Si dice que no le gusta que seas “celosa”, entonces no le gustas toda tú, porque eso es parte de ti, y si te da la oportunidad de mejorar, entonces tiene que tener la paciencia de esperar, porque vas a cambiar “años” (y no es poco). Si discuten y te jalonea o te grita, puedes darte una idea del carácter que tiene, si te quedas, no te quejes.

Nadie es perfecto, todos tienen un punto de quiebre, pero si ese es tu argumento para ser permisible sin tener excepciones a la regla, entonces allí tienes tu respuesta. Te sucede siempre lo mismo porque permites y disculpas situaciones que te indican que lo que vives no es bueno, que no te suma, que te hace dudar o te crea culpas, te sucede siempre lo mismo porque comprendes lo que no deberías y confías sin tomar precauciones, porque confías ciegamente, porque crees que todos ven el amor como lo ves tú, pero en realidad el concepto de amor para cada quien es diferente, puede que no todas las personas sean expresivas o detallistas, pero cuando aman se nota, quiero que te quedes con eso “el amor siempre se deja ver”, sino lo ves o lo ves en ciertas ocasiones no es tan amor como parece.

¡Reflexiona!

Abandono

Escribir es un Don que disfrutaría más si no existieran tantas historias inhumanas que contar. Podría evitarlo, podría ignorar las cosas que suceden en el mundo como hago cuando apago la tv apenas empiezan las noticias.

Lástima que mi sentir no se apague a control remoto, mi sentir sigue allí impotente, furioso, confundido, reclama razones a hombres desnaturalizados que abandonan a sus hijos, algunos sin siquiera conocerlos, entonces no se hacen los líos que me hago yo ¿Y qué me dices de aquellos niños que han crecido con sus padres y que un día tienen que verlos marcharse?

Niños que tienen que comprender que el amor entre sus padres se terminó, imagino que no entienden el final de algo que ellos mantienen intacto e intocable, porque su forma de amar a sus progenitores no se modifica con el divorcio, pero el divorcio a veces, modifica a las personas, más aún si ha sucedido bajo circunstancias dolorosas, entonces por herir al otro hieren al niño, no quieren saber de la esposa y se olvidan del hijo. Se obstinan por vengarse de ellas por no quedarse con ellos y viceversa, se hacen protagonistas de historias que ya tienen personajes principales, no se dan cuenta que se lastimarán hasta cansarse, hasta olvidar el modo romántico con el que solían verse y mientras tanto sus hijos habrán perdido oportunidades, habrán perdido cercanía y si todo sucede por tiempo prolongado entonces empezarán a ganar lo que no necesitan para vivir, como la sensación de abandono por ejemplo,  aprenderán también a defender sus sentimientos a través del ataque, del egoísmo exagerado con el que sus padres se vivieron por buen tiempo.

“Recuerdo a una niña feliz, orgullosa de su papá, sonriendo y bailando para él. Hoy pasa por cuadros depresivos porque su padre se fue con un divorcio y regresa por el hilo telefónico cada vez que la madre le recuerda que tiene una hija”

Daña a la madre que no aceptó seguir casada con él, la daña a través de SU hija, pero la daña de modo temporal hasta que ella se haga fuerte, sin embargo a su hija la daña de forma permanente.

“Recuerdo a una niña corriendo por las calles de la mano de su padre, aprendiendo a manejar bicicleta, despidiéndolo para ir al trabajo en donde conoció a alguien por quien dejó a su familia y entonces luego rehízo la vida, no la remodeló, no, la hizo toda otra vez y entonces nada del pasado está en su presente”

Su madre es una mujer fuerte que ha sabido lidiar con la adversidad, porque tenemos que aprender, porque llorar no soluciona nada y porque para hablar de fortaleza hay que intentar ser fuerte.

Es que no puedo creerlo, es que no lo asimilo. Observo a mi padre y no se me ocurre que podría sobrevivir sin alguno de nosotros. Mi padre podría haber sido un cobarde más, la vida le ha puesto a prueba y el siempre ha ido por su espada para iniciar la batalla.

El primogénito de mis padres, mi hermano mayor de quien aprendo todo el tiempo, porque los hermanos mayores siempre deben intentar ser ejemplo, es un niño con Síndrome Down, a quien amamos con el alma, por quien la tarea de ser padres primerizos les supuso doble, triple, cuádruple esfuerzo, más aún en una sociedad que en aquellos tiempos era más ignorante de lo que es hoy para comprender que no hay que hacer algo mal para que suceda el nacimiento de un niño que tiene un cromosoma que no se dividió, eso es, no hay más explicación.

Mi padre jamás dijo que no, podría haberse justificado, podría haberse marchado, podría haber hecho tantas cosas que hoy hacen algunos cobardes a quienes la vida se les ha dado de manera más sencilla.

Cobardes no por marcharse de casa, sino por no quedarse en la vida de sus hijos. Pueden irse del matrimonio si quieren, pero irse de todas partes no tiene disculpa. Los hijos no son una etapa, no son un ciclo de vida, no son una tendencia, no son una moda.

Señores los hijos somos para toda la vida!!

Compensación

Hace unos años aprendí que respecto a sentimientos no existe ley de compensación que se pueda aplicar.
Los buenos momentos jamás compensan los malos, la sonada frase de “hazlo por los buenos tiempos” no ha llegado a persuadirme, pues me suena a “me merezco tu perdón porque un día te di un puñado de sonrisas”.
Imagina si llegáramos a creer que nuestros buenos actos justifican nuestros pecados, viviríamos haciendo lo que nos venga en gana y automáticamente pensando en ¿Qué haremos para repararlo mañana?
Y será que mi corazón no se convence tan fácilmente porque cuando lo traicionaron intenté hacerle un resumen de todos los motivos por los que valdría la pena lo reconsiderara, entonces me hizo saber que si lo amaron es porque se lo mereció, que dio lo mismo o quizá más, que no sentía que le debía nada a nadie, que no tenía deudas y por tanto, nada que sumar o restar.
Cuando nos toca tomar decisiones ante el dolor, es necesario pensar en lo que podemos hacer de allí en adelante, pensar en qué manera lo que vamos viviendo va a transformarnos, pensar sobre todo si es que podremos lidiar con el día a día, porque el pasado a ésas alturas solamente es un recuerdo, lo importante es descubrir si la persona también lo es, o quizá ni siquiera es quien parecía ser.

No importa cuánto nos amaron, con seguridad hicimos lo mismo, por tanto no hemos sacado nada al crédito, todo lo hemos ido pagando en cada instante que se nos ha presentado, por ende, si vas a continuar con quien te lastimó, hazlo sin buscar en el pasado los motivos para vivir el futuro.