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Un clavo no saca otro clavo

Probablemente sea el escrito más largo, más confeso y más íntimo que publique.
Pero se apoya en varias razones, en primer lugar, mostrarte porque la frase “un clavo saca otro clavo” no es ni cierta, ni correcta; en segundo lugar, entregar parte de la carta que escribí y nunca envié; y en tercer lugar, demostrarme que puedo convertir 10 años en dos páginas.
Extracto de “…………………….”
Todo sobre ti podría olvidarlo, menos aquel día, el día en el que te conocí, el día en el que pude sentir el modo en el que me mirabas y de alguna forma yo hice lo mismo, pero no era posible, hasta un año después que decidiste aparecer allí, en donde hemos pasado tanto tiempo conversando, abrazados y alguna vez, muertos de frío…
Muchos años me hiciste compañía, en principio nos enamoramos al mismo tiempo, yo soñaba contigo en mis días, pero tú no soñabas lo mismo, yo era la niña a quien deseabas proteger, sin saber que no era de ti de quien deberías haberme cuidado, sino de mí misma y de mis malas decisiones.
Desapareciste, te busqué y solamente encontré tu ausencia, el tiempo pasaba y decidí como siempre en todos estos años, soltarte y aplicarme en el menester de enamorarme, jamás te distanciaste tanto como cuando más te busqué, como cuando más te extrañé, como cuando más te sufrí y no quiero hacer de esto la lista de excesos a los que me sometí alguna vez tan solo por recuperar lo que jamás pude disfrutar.
Los años pasaron, no fueron pocos, tú me seguías siempre los pasos, preguntabas cómo me iba y me iba al parecer muy bien, hasta que yo también descubrí que me creí lo que no existía, entonces cuando llegó aquel día, el día de la verdad, el día que hoy ya no importa más, apareciste otra vez, en el mismo lugar te contemplé de pie, te abracé y agradecí que estuvieras allí.
Lloré por dentro, lavé mis entrañas, pero no pude exudar mi dolor, tú hiciste que todo se transformara en lo que yo necesitaba, yo fui tu niña otra vez, tus brazos me cobijaron, tus caricias me regalaron lo que yo había perdido de la noche a la mañana, mis lágrimas se anidaron en tu pecho y no necesitaba nada más que a ti.
Pasaban los meses a tu lado, con todos los pretextos que podíamos usar para vernos, para escaparnos, para querernos de modos inocentes, con besos prestados en medio de intentos fallidos por negártelos, porque yo sabía que aún no te pertenecían, porque mi corazón estaba en calma, pero mi mente me atormentaba, mis recuerdos me cuestionaban cada noche, el tiempo me cobraba cada hora a tu lado, entonces las mañanas se dibujaban de todo lo que quería olvidar, pero no me era posible, me escudé en mi sinceridad, en decirte lo que sentía, pensaba que te protegía cuando te explicaba que no era real, que aún no podía serlo, pero no me daba cuenta que te estaba diciendo lo que no hacía y que hablarte no significaba que me estaba removiendo del lugar que estabas haciendo para mí. Lo siento.
Cuando ya no pude escapar de lo que TENÍA QUE afrontar, era la hora de asumir lo que me estaba pasando porque contigo lo dejé de lado, pero detrás de ello estaba él, que con errores y todo, esperaba saber lo mismo que yo ¿Qué iba a pasar? Y fue cuando el peso de lo que cargaba me venció, necesitaba decidir, yo sabía que tenía que perder a alguien, yo sabía que uno de los dos tenía que dejarme ir, entonces te armé en mi mente, con todas tus frases, con todos tus miedos, con todas las negaciones que siempre te encargaste de impregnarme y te subestimé, y te negué lo que luego te supliqué, una oportunidad, la que por justicia a tus lágrimas también me arrebataste, la diferencia es que puse en mesa hasta mi última carta, pero no sirvió, igual perdí, y perdí tantas veces como me decidí a jugar conmigo misma.
Me liberaste, aun cuando en el fondo jamás me solté de ti, me fui anclada, solamente que la cadena se hizo más larga, así pude ir a donde necesitaba ir, entiendes? NECESITABA convencerme de que no había remedio, tú me lo dijiste, pero y si no era verdad? No porque tú me mintieras, sino porque yo me rehusaba a pensar que él jamás existió, que lo inventé yo, que perdí mis días, que me perdí yo en cada sueño.
Ya está, me equivoqué, sí, me equivoqué y regresé corriendo a buscarte, te encontré como siempre, porque siempre voy a encontrarte, no importa a donde vayas, la diferencia es que hoy ya no te busco, ni quiero hacerlo, no porque te haya olvidado sino que entendí que encontré lo que necesitaba para no ir detrás de ti, nunca más.
Y me cobraste la deuda, no me perdonaste ni los intereses, te lo pagué porque te lo debía, mientras tanto, recordaba en todo momento lo que yo quería para mí vida, pero me podía más lo que sentía por ti, creí estúpidamente que podía recuperarte, pero ya ves, eran de ésos pensamientos que ya no me consiento, simplemente porque uno aprende qué permitirse y qué no.
Mi orgullo cerraba los ojos ante el abanico de ofertas que puse a tu alcance, mi dignidad se sujetó el rostro del asombro, me desconocía y se compadecía de mí, sobre todo cuando pudo observar que a todas mis propuestas les dijiste que no.
Entonces, me fui cuando la conocí a ella, cuando la vi de tu brazo, cuando la vi apoyada en tu pecho, pensé que ya había comprendido, pero no era verdad. Y ése día es otro día que tampoco podré olvidar. La odie, luego me calmé y me llené de envidia porque tenía lo que yo quería, pero sobre todo porque le permitiste estar en el lugar para el cual hice fila, sin embargo, no puedo decir que no sirvió, porque desde allí, desde mi butaca preferencial lo vi todo claramente, vi en resumidas cuentas que ya tenías todo lo que necesitabas, y no era yo.
Para cuando me marché de la ciudad, me prometí no volver a darle vuelta a una historia que empezó cuando tenía 20 y terminó cuando cumplí los 30.
Y aunque esto no se trata precisamente de cubrir un amor con otro, porque jamás lo busqué (sólo permití que sucediera en las circunstancias equivocadas),  quiero que prestes atención a las similitudes que existen:
  1. Me refugié en alguien que me dio todo lo que yo no pude apreciar en un momento doloroso, eso pasa cuando inicias algo sin cerrar tu pasado.
  2. Siempre dije lo que sentía y lo confundida que estaba, pero eso no me exculpó del daño que le hice.
  3. Me enamoré y cuando me di cuenta, era muy tarde y lo peor es que todo se hizo irrecuperable.
  4. Si mi tristeza y mi decepción por salir abruptamente de una relación no me hubiesen cegado, me habría tomado el tiempo que necesitaba para recuperarme y luego empezar de cero, pero lo hice todo en desorden y asumí las consecuencias de ello.
  5. Esto no se trata de quien me decepcionó porque eso sería como pedir disculpas por intentar reparar lo que él echó a perder, se trata de la persona que desea rescatarte y de quienes te dicen: ¿Qué puedes perder? Ahora lo sabes, sino, lee otra vez toda la historia.
  6. Un clavo saca otro clavo es una forma de decir que una persona reemplaza a otra y para que eso pase, tendrían que ser exactamente iguales y eso es imposible.
Quizá no han sido los modos de aprender, pero así se han dado y lo único que me queda claro, es que después de todo esto, elegir a la persona adecuada es un proceso que implica mucha capacidad de discernimiento.
Estar solas (sentimentalmente hablando) es sinónimo de saber qué es lo que deseamos, cuándo lo deseamos y porqué lo deseamos, es más que vísceras, debe ser más que eso.

Billetera mata galán!

Ellos se preguntan: ¿Es verdad?

Respuesta: Es verdad!!

Pero, antes de cualquier mala interpretación, primero tenemos que descubrir ¿A quién le pertenece ésta frase? No se adecúa a todas las personas, es una frase que está hecha a medida.

Me atrevo a adjudicar la propiedad, a un par de necesitados constantes y eternos, porque aunque suene duro, siempre va a existir un hombre hambriento de adulaciones y una mujer sedienta de bienes materiales.

Entonces todo es culpa de aquel par que va por allí armando tales enredos, los que funcionan perfectamente y dicho sea de paso, los que boicotean a quienes entienden el significado de la palabra dignidad, porque para no aceptar a una mujer interesada, él tiene que entender que la única billetera que necesita es su personalidad y su carisma; y para no ir detrás de ninguna billetera, ella debe comprender que no existe algo que no pueda obtener por cuenta propia.

La frase pierde sentido, cuando en el dúo falta uno de los elementos claves, un pobre diablo de quien abusar o una mujer que no confía en su capacidad de generar un poco de economía, solamente de ésa forma, se podría decir que no hay víctimas, menos victimarias.

El varón que se encuentra con una mujer interesada, que lo rechazó porque vio que su billetera no era Renzo Costa, además de ello, llegó en taxi y pagó la cuenta con tarjeta de crédito, debería dar gracias de no tener que hacer una relación con alguien que todo el tiempo le pondría expectativas que no podría cubrir o en todo caso: ¿A costa de qué tendría que cubrirlas?

Si se han sentido utilizados, es porque lo han permitido, porque se dieron cuenta de lo que ella buscaba y en lugar de decirle que no, lo justificaron con sentimientos NO compartidos y en el colmo del sacrificio y antes de que los abandonen, siempre dicen: “Ella no me pide nada, yo se lo doy porque quiero y porque puedo, las cosas materiales no me importan”, hasta que, las encuentran de compras con el nuevo exhibicionista del amor, que en pos de ello, le está surtiendo el armario completo!!

Me parece perfecto que los hombres jamás hablen mal de las mujeres, yo seré hoy la más grande traidora de mi género, aún cuando no tengo vínculo de amistad con alguna mujer llena de lujos acosta de su cuerpo y sus sentimientos, que no suene a crítica o jactancia, solo lo señalo para que quede claro que no tengo con quien disculparme. Tampoco es que hoy me haya conmovido por ellos, porque siempre pensaré que todo lo que hacen las personas con nosotros es porque somos quienes lo permitimos.

No desean mujeres interesadas, entonces dejen de darles lo que piden y en un segundo habrán desaparecido. Si creen que el dinero es la única forma de quedarse con una mujer, entonces asuman las consecuencias de sus elecciones. Me regocija el hecho de que quienes se “aprovechan” de ustedes, son las que ustedes escogen y las escogen por la fachada aunque en el interior no exista nada! Y a quienes se han esmerado por alcanzar la espiritualidad pero carecen de perfil griego, ni las miran, entonces bien merecida tienen cualquier tipo de cosecha que hagan.

Si existen mujeres que pueden etiquetarse, que envidia la seguridad con la que se manejan, porque uno no vende lo que considera que nadie quiere.

Tampoco deseo ser radical y afirmar que el amor verdadero entre personas de mundos económicos diferentes es nulo, porque claro que me creo que es posible. Mi texto va para quienes se han dado contra la pared por pura necedad.

Quizá es buen momento para recordar que las mejores cosas de la vida, son gratis!!

Amante de media noche

Me he negado a cualquier tipo de nostalgia, no me la permito bajo ninguna circunstancia, pero a veces se hace mi amante, a escondidas de los deseos, a escondidas de todo, le abres la puerta, dejas que pase, que se siente, que te hable.
Llega la media noche, le explicas que debes descansar, que debe marcharse, se aferra a tu cintura, se ciñe de lo que te hace sentir, como creyendo que necesitas pasar por ése momento, entonces comprendes que si le das espacio, le das tiempo, le regalas pensamientos, es natural que crea que te hace falta, que es necesaria.
¡Mentira!
Culpable nosotros por darle cabida, culpable nosotros por hacerla sentir bienvenida, culpable nosotros por dejar que nazca porque si tuviésemos más cuidado en el análisis no estaríamos echando de menos nada ni a nadie y en el filtro del día a día ni siquiera se habrían acercado a tu vida, sin recuerdos no hay nostalgia y con buenas decisiones tampoco.
Hay que aprender a ser un poco más inteligentes, pero sobre todo más intuitivos.
Aunque es mejor sentir nostalgia de alguien o algo que no debe estar, que estar sin estar.

¡Nunca más!

Te has posado en la palma de mi mano, cubriendo las líneas de mi destino, haciéndome ver que no está escrito, sino que se hace en el camino, he cerrado el puño, te he visto volar, no me asusta tu espíritu de libertad que pregonas por donde vas, perderte es algo que puedo aceptar porque hace mucho que estoy donde quiero estar. Ya no voy detrás de nadie, nunca más. Ahora, si quieres te puedes quedar y con seguridad tendrás lo que no has visto en nadie más, si te vas, puedes convencerte que es la última vez que vas a verme. He crecido en pensamientos, he madurado en actitudes, he adquirido la seguridad de marcharme sin pensarlo dos veces, menos si quien me retiene no sabe lo que quiere. Cuando lo descubras estaré sentada a tu costado, lejana a tus días, intocable a tus promesas, invulnerable a tus palabras, entonces buscarás nuevos senderos y cuando lo hayas logrado, existirá un día al menos que resientas el hecho de haberme dejado ir, y será  ese minuto de cuestionamiento el que me otorgará la importancia que hoy no tengo.