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El Gran Showman

Quienes me leen saben que el cine es el mágico lugar en donde mi mente puede viajar, puede soñar, puede pensar. Yo sé es un entretenimiento, para mí (a veces) es más que eso.

No te voy a contar la película completa, pero sí te voy a describir los momentos en los que algunas escenas te permiten hacer un paralelo con tu vida, con la que tienes ahora o con la que sueñas tener.

El Gran Showman relata la historia de un hombre cuyo camino se parece al de muchos de nosotros. Un hombre que en principio fue un niño soñando con una vida grandiosa, motivado por la discriminación y la pobreza, luego por el amor. Un hombre que al hacerse adulto y al tener una familia debe hacerse responsable de ella, desarrollando una vida “normal”, dejando que sus sueños le sigan gritando que nació para tener una vida extraordinaria.

El tiempo transcurre y su zona de confort le restringe el acceso: usted ha perdido el trabajo, la empresa ha quebrado. Las preocupaciones llegan, y en la desesperanza lo acompañan un millón de ideas. Sus hijas y su esposa son representación de un amor que lo edifica, que lo fortalece y entonces comete algunas locuras que pocos estamos dispuestos, les llaman: riesgos.

Compra un inmueble y abre un museo, no tiene acogida, las personas no disfrutan de ese tipo de arte, las personas disfrutan más comprando ropa que un buen libro, hay quienes prefieren los lujos a la educación, y así, una serie de elecciones que hacen del camino de los soñadores, un camino desalentador, pero un camino que (con mucha locura y perseverancia) hemos decidido recorrer.

Después de muchas lunas, Barnum (protagonista de la película), decide reinventarse e inicia la búsqueda de personas cuya belleza esté fuera de cualquier estereotipo, y las encuentra. Les propone un trabajo, abrirse al mundo, encontrar su propia aceptación y entonces montan un show. Y como SIEMPRE hay quienes ven las cosas desde dos perspectivas: algunos lo acusan por aprovecharse de la “miseria humana”, y otros lo admiran por incluir a personas que la sociedad no acepta. Barnum cree en lo que hace, pero la seguridad y el crecimiento le abre paso a eso que llamamos “ego”, entonces sus deseos cambian y su prioridad es: pertenecer a la clase social alta.

¿Lo logró? Sí, lo hizo. Pero cuando vamos detrás de algo por las razones equivocadas, no es lógico que todo resulte bien. A veces es correcto preguntarse ¿qué estoy buscando? Barnum ya tenía dinero y fama, pero quería más, quería la aceptación de personas que no eran importantes en su vida y obviamente descuidó a los suyos, a aquellos que creemos incondicionales hasta que nos abandonan.

Barnum regresa a casa, decidido a replantearse las prioridades que siempre lo han acompañado, recupera la confianza de su esposa y abraza sus sueños nuevamente, ahora con la intención de hacerlo todo por su familia, por él, por sus amigos.

Salgo del cine sintiéndome un Barnum a medio camino, considerando que no debe preocuparme la edad, porque a pesar de no estar en competencia, muchas personas te comparan con otros y sin decirlo, te hacen caer en cuenta que no tienes una casa, un auto, una familia y que en conclusión no tienes mucho en la vida.

Soy un Barnum que sigue buscando la fórmula exacta del éxito, sin desesperarme por ello, con días de interrogantes y desánimo, con otros días de esperanza y aliento.

Pero sobre todo, soy un intento constante de verme feliz, sin tener claro a dónde llegar y qué esperan las personas de mí. Creo con toda el alma que mientras vaya detrás de lo que amo con un corazón fiel a mis anhelos, irremediablemente llegaré a buen puerto, que no tiene que ver con lujo, fama o dinero, sino con alcanzar la plenitud a través de mis sueños.

No tengo estrella, no me ha marcado el destino y no he nacido para algo en especial, estoy aquí para amar mi vida y mi cuerpo, alimentar mi espíritu y compartir mi don, y es a través de todo ello que habré amado con intención y de forma inconsciente, y es a través de todo ello que deseo seas feliz también.

 

El pasado, en su presente

Nunca había imaginado antes, que el pasado se podía vivir en el día a día. Siempre creí que mientras una hace el camino, todo lo que vas dejando atrás se convierte en olvido. Entonces una vez más, me he sentado a mirar como algunos tienen un antaño filtrado en los días que acontecen y en  los que vendrán.

Ella lleva el pasado en sus venas, ella ha recogido del amor, un fruto amargo. La he mirado a los ojos, la he visto sonreír, le he creído desde siempre, una mujer feliz.

Después de aquella noche descubrí, que su sonrisa estaba sostenida sobre una gran tristeza, detrás de sus lágrimas aparecía un pasado que traía consigo historias y recuerdos, su pasado se hizo presente, su pasado me lo dijo todo.

Y la vi, sostenida del cuello de aquel que le juró amor eterno, se veía radiante, yo estaba envuelta en toda su historia, pero su pasado me echo en mesa las cartas negras, y la vi tendida en el piso, él (su amado) se había marchado y la había condenado a muerte, la sumió en la tristeza, en su sangre lleva la condena de haber amado a uno que ha amado a muchas.

Yo no quería sentir compasión por ella, pero en mitad del silencio no existía otro sentimiento, en mis brazos la he envuelto, me he preguntado si amar puede dejar semejante lección de vida. He reafirmado que el amor y la intimidad no pueden gozar de la misma confianza, porque es posible sobrevivir a la traición, pero no a la muerte.

Y así como un día nace el afecto, otro día nace el deseo, y la intimidad se convierte en una extensión del amor, y la intimidad se adueña del significado de la entrega, no mides consecuencias, te dejas llevar como lo hizo ella, y ahora es ella quien la lleva a cuestas, quien la carga en forma de resultado.

Me admira que al dejar de abrazarla, lo primero que vea en ella sea, un rayo de esperanza, el fulgor de sus ojos me dice que puedo irme en calma, ella ha perdonado a quien sabiendo lo que había sucedido, la traicionó para luego intentar quedarse, ella no pudo desechar lo que habita en su cuerpo, pero se deshizo de todo lo que se había anidado en su alma.

La he visto pasar algunas veces por mi casa, siempre radiante, siempre tan bella. Valiente de ser quien es, con un pasado que lleva consigo, con un pasado que la aterra en cada consulta médica. No sé si inevitablemente ella tenga que enfermar un día, pero mientras pido porque eso no suceda, escribo para decirte que sobre el pasado no todo se ha dicho.

Escribo para pedirte que ores por ella.

Quiero amar como tú

“No importa el tiempo, sino la calidad de tiempo que pasamos con las personas” ¿Qué tan cierto o relativo puede ser esto?
Por ejemplo, para algunos un gato es un bello animal, para un ratón es un monstruo.
Entonces, hablar sobre calidad de tiempo podría ser una cuestión de percepción o del concepto que se tiene sobre ello.
No todos amamos de la misma forma, lo que para algunos es una entrega total (su tope), para otros son migajas porque sienten que siempre se puede hacer más.
Es lo que sucede en el universo paralelo de los hombres versus las mujeres, nosotras (no todas) podríamos pisar los peldaños de lo cursi y estar embelesadas con eso, mientras ellos están muriendo lentamente, como cuando te quedas en el auto, encerrada y bajo el incesante sol de la mañana.
Recuerdo que alguna vez me amanecí haciendo un oso de chocolate para la torta de un fenecido amor, dormí pocas horas pero me sentía tan orgullosa de haberlo logrado, cuando se lo entregué me dio un abrazo y me dijo: está lindo, gracias amor. Minutos después vi como mi oso fue destrozado y devorado en segundos. Y aunque no quería que me levantara en hombros, me quedo esa sensación de: “otro día le compro una camisa”.
Entonces, casi todo en la vida es cuestión de perspectiva, dependerá de lo que hemos vivido, dependerá de nuestra forma de ser, dependerá de quién es el otro, dependerá de lo que queremos, de todo ello dependerá el hecho de apreciar o no, lo que los demás hagan por nosotros
Si existiera una sola forma de amar, qué satisfechos viviríamos todos. Porque lo que me hace feliz hará feliz a otro y porque lo que no quiera para mí, tampoco será necesario para el resto.
Y entonces una noche como esta, me pregunto ¿si yo pudiera amar como tú me amas? ¿apreciaría más cada paso que das por mí? ¿podría verte más feliz porque hago todo lo que siempre has esperado de mí? O quizá y después de todo,  siendo como somos, eso tampoco nos haría felices.
O quizá y después de todo, sí quiera amar como tú, para no esperar nada porque todo lo he obtenido. Y así lograr, que en la expectativa el  amor  no encuentre la muerte, y así cumplir,  mi deseo de amarte en total desapego.

Ella

Ella corría descalza por la sala de la casa, gritaba pidiendo ayuda y parecía que nadie podría salvarla de aquel que la perseguía con correa en mano, aquella noche ella se rescató lanzándose por la ventana, su cuerpo resistió la caída pero su alma murió instantáneamente.

Ella maquillaba la cicatriz que tenía sobre la ceja derecha, me contaba una historia que luego se deshizo frente a la verdad, fue una noche en la que su amado agresor la golpeó como solía hacer a veces, pero él era más que su agresor, él después de todo era su amado.

Ella tocaba la puerta desesperadamente, gritaba mi nombre empapada de lágrimas, él había aparecido en la fiesta y la sacó a rastras, no escuchó explicaciones, la calló cada vez que fue posible, la redujo y la postró en el automóvil. Ella sigue con él.

Ella apenas me conocía y me contaba sus días mientras esperábamos embarcarnos, empezaba a vivir y su historia ya tenía un aborto, no lo resiente porque cree que ha sido una buena decisión, pero sabe que si él la hubiese apoyado, ella podría estar disfrutando de la maternidad.

¿Cómo te convertiste en “Ella”? ¿Cuándo empezó y porqué no ha terminado? ¿Porqué alguien que nos ama puede quebrarnos los huesos y también el alma? ¿Cómo construyes las justificaciones que no te crees?

Él hace mucho que no acaricia tu espíritu y sin embargo tiene el derecho de tocar tu cuerpo, él dice que no sucederá otra vez pero vuelve a suceder porque su memoria es frágil y sus manos pesadas, él dice que le da pena las mujeres que ponen su autoestima como responsabilidad de la pareja y es aquí donde despierta mi rabia y mi impotencia.

¿Cómo alguien puede tener tan poca consciencia sobre la influencia que ejerce en la vida de los demás? ¿Cómo alguien puede minimizar su responsabilidad en una relación?

Cuando alguien me dice “que pena que su autoestima dependa de nosotros” me está diciendo también, que es algo que nosotras deberíamos aprender a manejar, me dice que no es responsable de nada y que en todo caso la culpa es nuestra por hacerlos tan importantes, me dice que no deberíamos poner  nuestro amor propio en sus manos como desconociendo que es el ser al que amamos, me pregunto: ¿Sino puedo confiar en él mientras construimos un proyecto de vida entonces en quién?, me dice que es un tipo conveniente, que quiere que lo ame sin adjudicarle responsabilidades, me dice que quiere estar en mis días y que sus palabras ofensivas no me alcancen pero que valore todo lo bueno que hace por mí y el bien de su familia, me dice que no tiene la mínima idea de quién es en mi vida y el significado que tiene para mí. Me dice que soy tan tonta sin decírmelo literalmente.

¿Por qué no aprendemos a leer entre líneas? ¿Por qué tenemos que justificar nuestra estancia en la vida de un victimario por amor a los hijos? No soy madre es verdad, no entiendo quizá, pero soy hija, y los hijos merecemos tener buenos recuerdos, buenos ejemplos, conocer el amor porque nos regocijamos en él y no porque tenemos que añorarlo mirándolo desde la ventana en la casa de la vecina.

Eres responsable de tu vida, pero sobre todo de la vida de tus hijos, entrégales más que razones que solapen tu cobardía de no saber cómo hacer una maleta y marcharte, no los hagas responsables de tus decisiones “por los hijos una se calla, una soporta” y nosotras por esas respuestas crecemos pensando que es nuestra naturaleza ser mártires, que nuestra voz es secundaria en el hogar, no nos atrevemos a ser independientes porque tenemos figuras sumisas liderando nuestras vidas.

Elimina de tu mente los miedos  “con ese carácter que tienes ¿quién te va a querer?” “no sabes hacer nada” “es que tú tienes la culpa, me haces enojar” esas no son tus ideas, son ideas que te han ido sembrando, son ideas que como la mala hierba han matado la confianza que traías desde siempre.

Los tiempos están cambiando, las mujeres son más perspicaces, están leyendo más y cada día más, están analizando alternativas, dejaron de verse como mujeres convencionales y eso me encanta, pero aún quedan aquellas que no se atreven a hacer una vida diferente, a romper los patrones que nos dejan las generaciones pasadas, nos hacen creer que los divorcios se incrementan porque somos más prácticas sin embargo la realidad es que hoy podemos luchar con la misma energía por las relaciones y por los que amamos, pero ahora ya no es a costa de todo.

He crecido como persona porque dejé de escuchar a los que no están involucrados en mis días pero quieren entrometerse en mi vida, dejé de priorizar los sueños de otros sobre los míos, pero no puedo decir que respecto a los que amo soy absolutamente indiferente, si mañana apuesto por alguien quiero apostar con todo, no voy a poner la vida completa pero voy a poner mis sentimientos y mi confianza y esa es una base más que importante y lo digo porque he escuchado a mujeres afirmar que no debería afectarnos que un hombre aprecie nuestros gestos o nuestros esfuerzos, pero eso es algo complicado porque no somos máquinas, somos personas, entonces es natural que nos afecte y aprender a manejarlo no significa decir que no nos importa o fingir que no nos importa porque eso es mentir y la ausencia de honestidad en una relación con seguridad marca un inicio que está pisando el final. Además y después de todo, no es una cuestión de género, las palabras pueden edificarnos o destruirnos, esa es la realidad.

La forma de no ser “ella” (la del inicio de mi escrito) es siendo transparente, DEFENDIENDO nuestros sentimientos, DECIR QUE NO, confiar en que somos especiales, no para todo el mundo pero lo somos y eso es lo que jamás debes perder de vista. Si te gusta la carne disfrútala mientras te enamoras de un vegano, no abandones el fútbol porque él cree que no es de mujeres, porque sino jamás escucharás “me siento orgulloso de ti, hoy iré a verte jugar” y la idea es que aprendamos a aceptarnos siempre y mutuamente.

No debes ser ella, siempre debes ser tú.

 

Alana

Mi pequeña Alana:

Después de tanto tiempo creo que te mereces esta carta, creo que mereces saber lo que estoy pensando y sintiendo, pero sobre todo quiero que sepas el porqué aún no estás aquí.

Puede que quizá pienses que no eres mi deseo, mi anhelo, parte de mis sueños, puede que pienses todo eso que los demás creen, pero tú no eres ellos, tú eres esa partecita que me pertenece pero que necesita anidarse y formar parte de la vida de alguien más por si alguna vez no puedo estar.

Siempre le digo a los demás que cuando deseamos algo tenemos que ir detrás de ello, luchar hasta conseguirlo, pero contigo me acobardo, contigo no me siento capaz, contigo quiero ser lo suficientemente valiente para esperarte por siempre, que los años o los amores frustrados no me hagan creer que puedo sola y que no necesito de nadie para cuidarte, porque quizá y hasta es verdad que puedo “arreglármelas” contigo, pero no puedo creer que tú también sabrás cómo lidiar con la ausencia de aquel al que muchas llamamos “papá”. Quizá este sea mi primer error fuera de la maternidad, pero es una equivocación por la que deseo apostar, es posible que haber crecido con un padre que me ha mostrado un mundo sin límites, que ha sostenido mi mano en mis caídas y que ha abrazado mis sueños como si fuesen suyos me haya hecho creer que tú también necesitas esa complicidad, ese amigo, ese compañero y yo no puedo negarte algo tan grande y especial, por no quedarme sola. Me prefiero sin ti, adeudándome tu presencia que debiéndote la ausencia de alguien tan esencial. Hay cuestionamientos que no sabría bien cómo contestar.

Yo creo con todo mí ser que será mejor si tienes dos ejemplos de vida, dos caminos, si siempre tienes alternativas, porque las decisiones son mayoría si somos más de dos.

No tengo miedo de no verte llegar, quizá porque creo que no sería justo saciar mi instinto materno a costa de negarte a un buen amigo. Quiero intentar, quiero conocer a quien pueda enseñarte a conducir, a quien pueda entregarte en el altar, a quien te cargue a la cama como lo hacían conmigo cuando me quedaba dormida en cualquier mueble de la casa. Quiero aunque fracase, quiero aunque no funcione, porque aunque yo no logre que alguien se quede conmigo hasta el final de mis días, no tengo duda que contigo se quedará siempre. Y quiero que entiendas también, que ese es el motivo del porqué me estoy tardando demasiado. Lo siento, no son tiempos sencillos.

Quizá ya no sea posible hacer algunas cosas contigo por la edad que tendré cuando tengas 25, pero sabes, lo interesante de estar haciendo lo que deseo, es que para cuando llegues a mi vida podré mirarte y sentir que aunque no lo hice todo, hice todo lo que me hacía feliz, podré mirarte y saber que ya estoy lista para ti, porque lo que menos deseo es observarte mientras duermes pensando en lo que debería estar haciendo o en todo lo que dejé de lado, o en mil cosas que me hagan creer que debería haberte pensado un poco más.

Escribo mis días para contártelos luego, seguro no serán tan encantadores como los cuentos de Disney, pero serán reales, serán los que te pinten el escenario de la vida. Quiero que aprendas lo necesario y lo que tú desees, pero sobre todo quiero que descubras lo que amas y lo hagas posible, sea en la universidad o fuera de ella, sea aquí o al otro lado del mundo, bajo el estilo de vida que elijas, bajo cualquier estado civil, bajo tus propias elecciones, porque tendrás que comprender que todo lo que hagas es por ti y para ti. Es evidente que me atemoriza echarte a perder con tanta libertad para elegir, pero por ese motivo es que necesitamos (tu y yo) alguien que tenga más sentido común que esta madre tuya. Además, si voy a dejarte marchar a Francia para que estudies música (tranquila, es un ejemplo, ni siquiera te sueño así) necesito quedarme con alguien que sostenga mi mano en el aeropuerto mientras me dice que todo estará bien y en su compañía los días se hagan más llevaderos en tu ausencia.

Existen mujeres que sufren el abandono de sus parejas convirtiéndose en madre y padre para sus hijos, entonces se llenan de fortaleza y le van con todo a la vida. Pero también hay quienes deciden ser madres solteras, del coraje de estas últimas yo no tengo ni una pizca.

Quizá esto que es para ti y que he decidido compartir con otras personas no se entienda con claridad, y hasta pueda sonar que hago critica pero en realidad, esto tiene que ver solamente contigo, contigo mi hermosa Alana de ojos café y cabello negro, contigo que bajo otros nombres apareces en los sueños de muchas mujeres que aún esperan como yo, con calma, con fe, mientras construyen sueños que van escribiendo para susurrarlos mientras ustedes, nuestras bellas hijas, duermen en la habitación contigua.

Dios me ha amado desde el seno materno, desde antes de nacer, así también te amo yo, desde siempre.

Change!

Dime si alguna vez no sentiste que ibas a morir de tanto sufrimiento. Dime si alguna vez no te quedaste dormida de tanto llorar. Dime si alguna vez sentías que te faltaba el aire para respirar y hasta sentías que te faltaban razones para respirar. Todo por aquel amor fallido, por aquel amor irresponsable, por aquella persona que perdiste y que no estabas preparada para dejar ir, por ver desaparecer los proyectos de vida que habías dibujado en tu mente y por otro millón de razones que no habías imaginado ni por un instante.
¿Terrible, no? Nadie desea volver a pasar por ello, pero si existiera algo similar, no hay forma que duela del mismo modo, no hay forma que tardemos el mismo tiempo en superarlo y sobre todo, no hay forma de hacernos creer que lo merecemos.
Si estoy sentada escribiendo esto con tanta seguridad es porque soy una sobreviviente, es porque soy testigo fiel que de amor nadie se muere, y que no importa si un día las personas sienten compasión por ti y tus circunstancias, lo que importa es que tú no sientas lo mismo.
Lejano aquel día que pocas veces recuerdo, pero hoy bien merecido evocarlo, no porque deseo emularme por mi superación ante el dolor, menos para ser ejemplo de nada, sabe Dios qué poco cercana a eso estoy. Lo que deseo es contagiarte de esperanza, quizá hoy no lo parece pero ella aguarda por ti y lo que sueñas.
Recuerdo aquel día en el que mirando mi anillo de compromiso, me preguntaba que haría con él porque todo en 5 minutos había perdido sentido, no existe un momento hasta hoy tan doloroso como aquél día, tan fuerte, tan complicado. Me tomé unos días para llorar la muerte de mis sueños, los despedía tan rápido como fuese posible porque no quería seguir peleando por ellos, porque sacando cuentas todo estaba en negativo.
Cierto día desperté cansada de cuestionamientos, de consuelos, de frases trilladas simulando entender lo que yo estaba sintiendo, me resistí al hecho de seguir sosteniendo en mis pupilas las miradas de compasión de la gente a mi alrededor. Me decidí a decirle a mi futuro: Soy yo quien no tendrá compasión de ti.
Las circunstancias de aquellos días eran muy fuertes, es verdad que perdí muchas cosas, pero también es verdad que mi determinación frente a la vida no me abandonó jamás. Mi fe se apropió de mis días, ese Dios que me tejió desde el útero de mi madre me dijo que nací para ser feliz y no existe persona en el planeta que ponga en tela de juicio las promesas de quien me lo ha dado todo.
No estaba dispuesta a quedarme en la vida de alguien que me quebró en mil pedazos, no estaba dispuesta a seguir contestando las mismas preguntas de siempre. Y antes de pasar a otro párrafo, que quede claro que perdonar no implica quedarte allí donde siempre, perdonar significa que un día todo va a quedar atrás y sobrevivirá la amistad cimentada en lo que un día compartieron, pero sin comprometer tu libertad de ir a donde mejor te parezca en pos de tu bienestar. Ahora si te quieres quedar, también puedes.
Y bueno, me fui de la ciudad. Nuevo trabajo, nuevos amigos, nuevas experiencias, nuevo departamento. Los meses pasaban y en principio fue más difícil de lo que había imaginado, es innegable que cercana a los que amo habría sido más sencillo, sin embargo, los que me amaban y los que me atormentaban tenían en común la misma extensión geográfica, además me correspondía encontrar mi identidad y de paso mi autoestima, pues por un momento la perdí de vista.
¿Sabía quién era? En el fondo del corazón lo sabía, pero a flor de piel no estaba. Y es que cuando pasas tanto tiempo con alguien, te adhieres a ciertas costumbres, la vida te cambia un poco, y eso es lo normal, porque la idea es ser dos en uno y para ello hay que incrustarse en el otro. Pero ¿qué pasa cuando ésa persona desaparece del libro que estabas escribiendo? Pues, llega el momento de reinventarse, de hurgar en el fondo del baúl para reencontrarse con lo que se canjeó por amor.
¿Y adivina qué? Me descubrí hábil en un millón de cosas que no había explorado, rompí los prejuicios, me hice rebelde ante la vida, ante los hombres machistas, ante mi economía. Y hasta me hice sinvergüenza, sino mírame aquí escribiendo sobre mi vida como si a alguien le concerniera, y creyendo que quizá y sirve de algo, algún día, alguna vez.
¿Qué me ayudó? Mi fe en Dios, mis ganas de ser feliz y los medios que utilicé.
Cambia de ciudad, de sueños, de formas de pensar. Cambia todo lo que sea necesario cambiar para recuperarte y superarte.
Cambia las frases de dolor por algunas con buen sentido del humor, sonreír a menudo funciona.
No digas: No quiero vivir, suena mejor: No quiero vivir con él.
No digas: No puedo soportarlo más, suena mejor: No puedo soportarlo más, tengo que dejarlo ir.
No digas: Se ha llevado mis mejores años, suena mejor: Se ha llevado mis mejores años, pero la verdad, es que le venía mejor llevarse un poco de mi belleza e inteligencia.
Vamos, no puedes cambiar el pasado, pero si puedes cambiar tu actitud y la forma de ver el futuro.
¡Change!

El sendero del amor

He perdido mi destino, desorientada observo el camino, con miedo de haberte perdido, con la angustia de no saberte cercano y a veces me asusta pensarte ajeno.
Quiero creer que me sigues buscando, que aún cuando sin intención te encuentres en una bifurcación, los deseos de verme a tu lado van a tener el poder de hacerte retroceder.
Vuelve por favor, estoy en el sendero otra vez, ya no voy detrás de nadie y con seguridad ahora prefiero esperarte.
No tengas miedo, aclara tu mente, observa lo que tienes y reconoce que eso, no es lo que quieres.
Me he sentado a soñarte, a veces pienso en todas las posibilidades porque quizá así es más fácil (imaginarte en rostros familiares), tal vez ni siquiera he llegado a conocerte.
No es posible que no hayas pasado por el sendero, no es posible por el tiempo que he compartido con buenas personas y por el tiempo que he perdido con algunas otras.
Donde quiera que estés, regresa por favor.