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Tú eres levadura en el mundo!

No creo que hagamos las cosas mal, puede que las hagamos bien PERO con las personas equivocadas.
De los sentimientos no hacemos un inventario, por lo tanto se entregan y asunto olvidado, si el trueque no ha sido bueno y nos hemos sentido estafados, entonces hay que desechar lo que nos han dejado.
El tiempo no es para estar pensando en quien no merece nuestra atención, ése tiempo se necesita para seguir cuidando de la fuente de donde se obtiene lo mejor de nosotros, porque nadie se lleva nada de nadie, ni lo mejor, ni lo peor, ni un pedacito de nuestro corazón, se llevan recuerdos y es lo que nos dejan también, de calidad o no; los buenos, nos roban sonrisas, los tristes se olvidan o se compensan con las experiencias de cada día.
Recuerda esto: “No importa cuán pequeño te sientas ante los demás por ser único y original, porque aun cuando existan personas que no lo aprecien o te dejen heridas a cambio de amor, amistad, perdón, etc., en el fondo de su ser y aunque se vayan o les pidas que lo hagan, ellos pueden reconocer que eres DIFERENTE y eso es bueno, porque en un mundo como éste, ya no queda mucho que nos sorprenda positivamente.
Dice la palabra de Dios, “La levadura que toma una mujer y la introduce en tres medidas de harina, proporcionalmente es poca, sin embargo, es capaz de fermentar toda la masa” (Mt 13,33)
TÚ ERES LEVADURA EN EL MUNDO, capaz de tocar personas y momentos, capaz de dejar huella y luego de eso ya nada es lo mismo, créetelo!

Dioscidencia

Siempre que encuentro de ésos momentos en los que parece que las cosas no andan bien, en los que la tentación quisiera hacerme ver que solo tengo segundos para decidir de qué lado quiero estar. Entonces recuerdo que existe un lugar en donde la fe danza para mí, me roba una sonrisa, me alegra el corazón. Y la aflicción que existe en mi pecho empieza a hacerse más ligera, justo cuando ya me encuentro de rodillas por la carga que pesa sobre mi espalda, que me obliga a caer al pie del Sagrario, en donde puedo ver a mi Jesús convertido en pan, hecho pequeño para hacerme sentir grande! Y estando allí, leí un fragmento de una enorme biblia. Dios me había escrito: “Pero además de esto hijo mío, estate prevenido: el hacer muchos libros no tiene fin, y demasiada dedicación a ellos es fatiga del cuerpo. Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto concierne a toda persona.” (Eclesiastés 12,12)
Qué fácil cuando has hecho vida de oración, cuando tienes fe y cuando no crees en lo casual. Fue tan sencillo entender, creo que incluso ahora no lo tengo tan claro como en aquél momento. Si estaba allí de rodillas, me decía Dios, es porque vivimos ansiosos por acumular experiencias, por hacer historias, por crear libros… pero la pregunta es: ¿Cuál es la finalidad? Guardar los recuerdos de lo que se nos permite vivir en libre albedrío, pero cuando nos vivimos fuera de la voluntad de Dios, entonces, pasamos por las consecuencias y cada lección de vida no es más que la herida que nos deja, no hacer lo correcto. Entendía que no es malo vivir y recordar, escribir bellas historias, tatuarlas en el corazón. Pero si nos dedicamos obstinadamente a ello, entonces sentimos la necesidad de experimentarlo todo, a costa de todo y terminamos cansados de sufrir, de equivocarnos, de llorar. Enfermamos de soledad y las carencias se hacen crónicas, de modo que por llenar ésos espacios nos entregamos a todo en búsqueda de la “cura” y es una pena decirles que solo Dios puede brindarla, digo es una pena, porque es donde nunca nadie busca. Cuando Dios me dice que guarde sus mandamientos, no me dice otra cosa, sino que sea fiel a lo que él pide, no es complicado, yo lo sé. (No estoy diciendo que lo hago, lo digo porque lo he visto en quienes han sido mis padres espirituales). Aquél día, me puse de pie, lo vi de frente y le dije: Ya no quiero más lecciones, no necesito escribir experiencias de vida a costa de mi sufrimiento, no necesito vivirme fuera de tu voluntad, porque dentro de ella, siempre estaré mejor. Para quien cree, esto no es casual.