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¿Qué le sucede a las personas?

Con la mirada fija en mis piernas y en silencio escuchaba todo lo que él decía respecto a una situación que no tenía justificación: me había quebrado el corazón ¿Qué razón podía existir para eso? ¿Qué argumento válido hay para hacernos comprender una traición? Ninguno. Así, con punto final y siguiente párrafo. Ninguno.

Y mientras sus palabras se entre mezclaban con sollozos que no habían nacido en la profundidad de su alma sino en la superficialidad de sus actos, yo estaba desgarrándome los dedos, porque eso me sucede a veces, cuando lo externo me lleva al límite, cuando la ansiedad me supera, manía para algunos, para otros causal de terapia, para mí, un desahogo mezclado con inconsciencia. Manía que mortifica a más de uno y él era uno de esos muchos. Nunca le gustó que me “desahogara” de esa forma, creo que habría preferido que me arranque el cabello o que me muerda los labios, entre otras mil cosas que la gente hace para aplacar los momentos de tensión.

Aquel día, en medio de su diálogo de porqué yo era la mujer de sus sueños y otra la mujer de sus sábanas (esto último quedó claro con el engaño, no existía necesidad de que él lo dijera), le escuché decir de forma determinante: “Amor, no te lastimes los dedos”. Fue el único momento en el que pude mirarlo a los ojos, con rabia y con desprecio (quizá por eso no quería mirarlo mientras seguía mintiendo, para no demostrar quien soy en realidad) ¿Te preocupas por mis manos cuando me has lastimado completamente y desde las entrañas? ¿Te preocupas por mí hoy cuando ayer olvidaste que estabas comprometido? ¿Era en serio?

La inconsecuencia de las personas me desorienta, a veces me desestabiliza y otra tantas veces me decepciona. Me encuentro con situaciones como estas todo el tiempo, entonces no puedo evitar preguntar ¿Qué le sucede a las personas? ¿Qué desean demostrar?

Te piden tiempo, te dejan sin mayor explicación que la confusión, que no se sienten seguros y que van a buscar (en las faldas de otras) las respuestas que necesitan. Transcurre el tiempo, te sujetas a tu amor propio y continúas tu vida, una que otra noche lloras por todo y por nada, hasta que sucede que te llama el desorientado que fue en busca de brújula para preguntarte ¿Cómo estás? ¿Cómo rayos estaría él si todo fuese al revés? Acaso no lo piensa antes de marcar tu número, antes de arruinarte la noche, antes de recordarte que existen personas como él que jamás saben que es lo que realmente quieren?

Te aman hasta que te embarazan, luego de eso te piden que te deshagas del bebé que lleva semanas anidado en tu vientre. Y esa petición con tono de orden termina desmantelando a la persona que creías que era quien nunca fue. Su amor incondicional se transformó de tal modo que se sometió a la coerción, te dice que si tienes el bebé entonces lo pierdes a él  ¿Acaso no puede notar que basta el fruto para conocer al árbol, que cuando veas a tu hijo lo verás a él? Que puede irse y matarte con su ausencia, pero que inevitablemente en 9 meses aparecerá otra vez entre tus brazos para amamantarlo. Y ocurren de esos casos en los que después de tanto, aparecen para preguntar ¿Cómo está mi hijo? Se supone que debes decirle que es feliz para librarlo de su negativa, para decirle: Tranquilo aún sin ti, él sonríe; para darle el consuelo que no merece? Vuelvo a preguntar: ¿Qué le sucede a las personas?

Son tiempos en donde los lazos de sangre los puede romper cualquiera que decida aparecer, cualquiera que con dos gestos amables y tres sonrisas le roba los sueños a quien amas, se apropia de su tiempo y termina ensimismándola hacia el nuevo mundo que él ha construido para ella, entonces ella deja de ser ella y tú para ella dejas de ser tú, nadie entiende nada, todo pierde sentido y te queda orar para que ese tiempo canallesco y ladrón logre morir antes de que la mate. Terminado ese tiempo tu amada sobreviviente (prima, hermana, prima hermana, mejor amiga) despertará del letargo en el que estaba y preguntará ¿Por qué todo es diferente ahora? ¿Ya no somos las mismas de antes no? Y quizá tenga la buena e inútil intención de recuperar y reparar lo que pocas veces tiene solución, porque puedes tomar el álbum de fotos y contarle lo que se perdió, pero la expresión, la emoción, el sentimiento que se creó cuando se hizo la foto, todo eso se hace irrecuperable.

Que hagas ejercicio, que no te vistas de ese modo, que bajes la voz, que no te maquilles mucho, que le bajes al vestido; son algunas peticiones de quien dice amarte pero que evidentemente no se encuentra complacido contigo, que ve tu valor en menos kilos, en delicadas situaciones a las que no estás acostumbrada, que cree que 10 centímetros más de falda te hace más decente. Pero eso no es lo peor, lo terrible es que te crees el cuento de que todo lo hace por ti, que te ama y quiere ayudarte a ser mejor. ¿Mejor? Ya eres mejor si tienes valores, ya eres mejor si eres sensible a la vida de otros, ya eres mejor si intentas cada día hacer las cosas bien, YA ERES MEJOR que él que vive dándole la espalda a lo mejor de ti. Nadie que no te acepte y te ame de verdad vive haciéndote recordar todo lo que no le gusta, olvidando que existe algo (por ínfimo que sea) que hizo que te mirara, que pensara un minuto que eres extraordinaria, o acaso cuando lo conociste disimulaste los 20 kilos demás que traías, o cuando se te acercó, cambiaste los tenis por tacos altos y guardaste la camisa de cuadros para ponerte la blusa de seda? No! Te conoció tal cual y punto! Que pena si mientras se acercaba a ti pensaba: No hay bronca con eso, yo la haré a mi modo, entonces que bueno que ya no está contigo. Porque ¿¿¿¿no está verdad???

Dice una frase: No pueden bajar ni la tapa del inodoro pero quieren bajarte las estrellas. Es que así sucede, eres la mejor mujer del mundo, la más linda, la más hermosa hasta que se les cruza alguien con menos centímetros de cintura, un poco más de tetas entre otros aspectos y te conviertes en la gorda que no hace nada por bajar de peso, en la holgazana que no se esfuerza por arreglarse un poco. Y piensas ¿Qué le sucede a éste? ¿Qué le sucede a la gente?

Pues sucede que te acostumbraste al maltrato y lo aceptaste mucho tiempo en pequeñas dosis creyéndote que es normal, pero que cuando te aumentó la velocidad te asustó. Sucede que nos olvidamos que cuando alguien cruza la puerta para despejar la duda de si eres o no la mujer de su vida, prometiéndote volver apenas lo aclare, se lleva nuestra aceptación a la espera, al rogatorio de “por favor que se dé cuenta de que soy yo la mujer que lo va a amar para toda la vida”. Sucede que cuando nos dicen “no te entrometas porque es mi vida” nos morimos de la tristeza por algo que escapa de nuestras manos, suena durísimo, suena egoísta, pero la realidad es que no hay algo que puedas hacer al respecto, te queda vivir, hacer el camino y regresar solamente si te lo piden, si te necesitan, porque vivir sin distanciarte para correr menos cuando te llamen, no es vivir.

Que Dios nos permita encontrar en el interior la felicidad que buscamos constantemente, la felicidad que equivocadamente reconocemos en otros. Cuando alguien te ama, te une, te acerca, te enseña, el amor que te distancia de lo que amas o de las personas que amas, no es amor.

Encuentro personas felizmente solteras, encuentro personas felizmente casadas, lo que me hace concluir que no es la compañía lo que te regala el estadio de felicidad, eres tú, tú te lo otorgas, tú te lo niegas.

Cierro la tarde pidiéndote que aprendas a complacerte, a pedirte, a darte lo que cargas en el interior.

 

Coco Bongo

Eran las 04.00 a.m. en Playa del Carmen, sentada en el taxi pensaba en tantas cosas, la sonrisa que tenía no me cabía en el rostro, la sensación de libertad, de ser consciente que deseo más de esos momentos, de esas locuras, el descubrirme sola en cualquier lugar, sin sentir miedo, esa sensación de hacer lo que deseaba sin pensarlo mucho, de saborearlo, de reírme de la gente, de mí misma, de mirar alrededor y no terminar de creer que estaba allí en medio de desconocidos e irónicamente, conociéndome más, mucho más.

Ya por llegar al hotel, pude ver un Cyber, me consumía el deseo de escribir, de querer convertir en letras lo que sentía, pero era muy “tarde” y necesitaba mi energía, dentro de algunas horas había que cumplir otros anhelos.

Hoy que puedo, que intento sentir un poquito lo de aquella madrugada, es mi deseo contarte, compartir contigo, pero sobre todo contagiarte el ánimo de hacer siempre lo que deseas hacer y aprovechar las oportunidades que la vida te regala una sola vez.

¿Dónde he estado todo este tiempo? Pues de vacaciones y luego solucionando lo que las vacaciones me dejaron como secuela, quizá no pueda estar mucho contigo por aquí, pero intentaré dejar algunas pinceladas a través de pensamientos, porque es mi deseo hacer de este año, un año de carrusel, de subir y bajar, de gritar, de vivir, de viajar y viajar.

Empiezo contándote que, antes de ir a México, me informé un poco, armé algunas rutas, hice números y en repetidas ocasiones los amigos que ya habían estado por allá, me decían lo mismo: No olvides ir a Coco Bongo, la disco de 25 show con más de 30 artistas en escena, disco un poco exclusiva por el costo. De todos modos, coloque en la mochila el atuendo para aquella noche, un vestido rojo. Ellas, mis amigas y compañeras de viaje estaban igual de animadas, entonces lo pusimos en la lista de las cosas por hacer en aquel maravilloso país.

El vestido rojo por estrenar, regresó a casa con la etiqueta puesta, jamás lo usé, jamás lo lucí hasta hace poco aquí en mi país. ¿No fui a Coco Bongo? Claro que fui, pero debido al ritmo, a los días con el tiempo ajustado, al cansancio, mis compañeras de viaje decidieron reponerse un poco y descansar. Así que, si iba a ir sola, era preferible ir usando tenis y jeans, así era más fácil correr si la situación lo ameritaba.

Compré la entrada (no lo pensé mucho porque cuando hago eso, encuentro demasiadas razones para dejar de hacer algo), entonces tomé mi  cámara fotográfica, dicho sea de paso, el atuendo ágil era por si tenía que defenderla en alguna pelea callejera, porque ella bien lo vale, aunque la verdad Playa del Carmen es una delicia, un paraíso, la gente muy tranquila y todo muy admirable, pero ya sabes, a veces es mejor tomar precauciones.

Salimos del hotel,  mis compañeras fueron a cenar, pero antes me dejaron en la puerta de Coco Bongo, estaba emocionada, por todo a la vez, porque era la primera vez que nada me era familiar, absolutamente nada. Armé la fila, iban preguntando cuántas personas venían contigo para preparar las pulseras, cuando llegó mi turno dije: estoy sola. El  cuarteto de argentinas que iba delante de mí, volteó a preguntar: “Vos venís sola?”, dije: Sí; ellas dijeron (en tono de compasión): No podés estar con nosotras porque estamos muy grandes para ti (calculo estaban entre los 40 y 55 años) No lo había pedido, entonces no tenía expectativa sobre ello, por lo tanto, no pasó nada fuera de lugar.

Allí adentro era un mundo de luces, 3 pisos llenos de personas, zonas exclusivas, belleza física por doquier, competencia de quien enseñaba más, tragos repartidos a diestra y siniestra, una locura cautivante. Estaba pensando en disimular mi asombro, cuando alguien me pidió una foto, era un muchacho con su novia, me decía: Tómanos una foto! Pensé: ¿Será que creen que soy la fotógrafa del lugar? Sonreí y les dije: la cámara es mía, no trabajo para la disco, ellos me dijeron: No importa, igual no te puedes perder de tanta belleza, entonces ya verás su foto entre mis líneas. Ese fue el primer contacto humano y espontáneo que hice.

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La gente bailaba alrededor y la barra era para entrega de tragos pero no podías tener ninguno allí, entiendes? Entregaban los vasos, las copas pero “eran para llevar”, luego comprendí que la barra era para que las chicas (quienes deseaban hacerlo) bailaran. Pasaron como 15 minutos y uno de los mozos de la disco me extiende su mano y me invita a subir a la barra, claro que le dije que no (imagina subida allí en tenis, en jeans, con una cámara que pesa más que yo y teniendo de vecinas a chicas con escotes profundos), de pronto, él me dio en el punto G de mi conveniencia. Me dijo: ¿Quieres tomar fotos no? Le dije, claro, quiero! Me dijo: Entonces tienes que subir, tendrás las mejores fotos si las tomas desde allí arriba.

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Ya lo sé, soy una interesada, fácil de convencer, incoherente con pleno conocimiento de la incoherencia, está bien, lo acepto. Terminamos con la crítica? Perfecto! (Siguiente párrafo)

Allí arriba me desconecté de mis pensamientos, ellos se quedaron en algún lugar antes de subir, antes de bailar, antes de gritar con la manada de flacas que ni idea de quiénes eran, pero tú no sabes que fue lo más gracioso, que en la rotación, terminé sonriéndole a la argentina de 50 años que encontré a la entrada de la discoteca y que estaba a mi costado bailando, sobre la barra, inmediatamente, ella le había gritado a todo el cuarteto: Miren quien está aquí!!! Hasta eso fue bueno, la gente pensó que éramos amigas y que nos encontramos allí, claro, aproveché el momento y las saludé a todas, levanté el vaso en signo de confianza, lo máximo! Todos creían que estaba acompañada, que si alguien pensó en raptarme, lo re pensó y se dijo: “No viene sola”, claro, lo de raptarme lo digo por la cámara fotográfica.

Que delicia era todo, ya tenía a quien sonreír a distancia (mis nuevas amigas), ya tenía mi lugar en la barra, ya tenía mis fotos, ya tenía el lugar privilegiado para ver el show, la hora pasó sin darme cuenta, pensaba: “De verdad ya puedo viajar sola”, de verdad que la vida se hace teniendo agallas, de verdad que esta es la vida que quiero, no la de andar de discoteca en discoteca, sino la de arriesgar, de vivir, de sonreír gratuitamente, de la nada y por nada, y a veces con nadie.

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Luego del último show me preguntaba que era mejor: caminar o tomar un taxi, ya me estaba convenciendo la idea de caminar, ningún taxi quería llevarme ¿Porqué? Porque la distancia era muy cortita y estaban esperando a alguien que vaya a Cancún, Tulúm u otro lugar en donde puedan hacer precio. En fin, un taxista se compadeció de mí y me dijo, nosotros somos los autorizados por la discoteca, pero aquí tengo mi amigo que no es parte de nosotros pero la puede llevar (tan lindo), así fue que llegué al hotel, sin una gota de alcohol en las venas y caminando de puntillas a mi cama.

Les robé el sueño a mis compañeras, porque ellas estaban en media noche, preguntaron si me fue bien, incluso creo que si les hubiese dicho que no, el verme viva ya era un alivio.

Me dormí mirando el techo, agradeciendo a Dios por todo, soñando con el nado de delfines que haría en unas horas y creyendo que lo del blog de viajes podría iniciarlo con esta historia. Y espero que también allí estés conmigo, en cada línea, en cada párrafo, en cada locura.

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Anímate a soñar mientras vas viviendo, pues luego irás viviendo lo que vas soñando, Dios con nosotros!!

Expectativas

Nunca es tiempo de escribir y sin embargo todo el tiempo es mi deseo hacerlo, que ironía amar la vida y no hacer lo que amo porque tengo (como todos) muchas responsabilidades, las que intento llevar a cabo todo el tiempo, pero verás, no es de la forma más disciplinada.

Me gustaría cumplir una agenda, respetar mis tiempos, hacerlo todo de una forma más metódica, sí quizá, pero me gusta más la idea de hacer lo que deseo más allá de las prioridades, más allá de los horarios para comer, para dormir, más allá de las expectativas.

Y de eso es de lo que quiero hablar, de lo que esperamos de la vida y de lo que las personas esperan de nosotros.

Cuando nacemos somos la motivación de nuestros padres, su razón de vivir, las personas por las que se esmeran todo el tiempo. Cada uno de nuestros logros los colma de orgullo, de júbilo, cada lágrima les arranca un dolor profundo. Dicen que nunca se está preparado, que el camino se hace al caminar, que no sabían si lo harían bien o mal hasta que nos ven adultos y en nuestras decisiones ellos ven el fruto de haber sido nuestros guías, perdón, de seguir siendo nuestros guías, la diferencia es que antes nos corregían, hoy les queda respetar, aconsejarnos y pedirle al cielo que algunos de sus consejos se nos quede en el subconsciente.

Mis padres son maravillosos, no hablo mucho de mi madre, no porque no haya aprendido nada de ella, al contrario, un día te voy a hablar del ejemplo de mujer que es para mí, el tema es que no es de conversaciones profundas, ella es el alma de las fiestas, desenfadada y muy alegre, eso conquistó a mi padre, que ella fuese todo lo que a él, le cuesta ser. Mi madre es de las personas decididas, de las que te dicen: “arriesga”, de las que no te frenan, de las que cuando le haces sentir un poco tonta, te contesta: Y tú eres tan vivo que atrapas “pedos” en el aire, entonces, no puedo hacer artículos sobre eso, para eso es mejor Quino, el creador de Mafalda (mi madre es tan alegre, que ahora mismo sonrío escribiendo una de sus mejores frases).

Puedes imaginar que así como escribo, de ese modo platico con mis amigos, empiezo con un tema y resulto hablando de otro y cuando decidimos retomar la conversación, ya casi no queda tiempo. En fin, las expectativas, de eso es de lo que deseo hablar.

Tengo la certeza de que hoy, no me parezco pero ni un poquito a lo que mis padres imaginaron para mí. Cuando nací compraron un piano, que jamás he tocado excepto para pasarle la franela y limpiarlo, porque yo resulté tomando clases de guitarra, no me alucines, no logré terminarlas.

Mi padre es un hombre autodidacta, de esos que aman los libros y lo heredé un poco tarde, porque no es sino por mi gusto de escribir que empecé a leer como ahora lo hago, un libro tras otro. Él tenía ideas un poco diferentes a las mías, no sabes lo testarudo que es, pero lo peor de todo es que yo lo soy también, en la misma medida y con intereses. Lástima, porque nos cuesta ponemos de acuerdo, pero dice que eso es bueno, sino nuestras conversaciones no serían tan extensas, porque con él puedes sentarte a conversar de todo y por mucho tiempo, es un hombre increíble, pero si mañana conociera a alguien como él, créeme que no lo elegiría, pero hasta en eso estamos de acuerdo, dice él que tampoco se casaría conmigo.

Mis padres son de los tiempos en los que muchas cosas eran un tabú, de los tiempos en la que la tecnología no era el pan de cada día ni te quitaba el contacto con las personas, las relaciones eran cursis porque no habían muchos medios de comunicación, entonces te obligaba a buscar al otro, de los tiempos en el que las mujeres se casaban jóvenes.

Mi padre me sugirió una profesión corta porque decía que cuando tenga mi familia quizá no podría ejercerla y que mi juventud era valiosa, pero yo decidí ir a la universidad y así fue, bajo amenaza de que si salía embarazada perdería hasta mi cama, dice mi madre que tanto susto que nos dieron ha causado efectos de modo que hasta hoy seguimos solteras (mi hermana y yo), obviamente es una broma.

Pasó el tiempo, decidí ser Bombero Voluntario, mi papá dijo que eso era cuestión de varones, que no estaba muy de acuerdo, entonces hice el curso y me gradué, dicen que él fue de los que más lo disfrutó, yo no pude hacerlo porque el trago tradicional fue de tal calibre que en poco tiempo me quedé dormida y apenas unas cuantas fotos me fue posible tener.

Me sumergí en la venta de productos por catálogo, paralelo a mi trabajo, él me dijo que no era muy rentable, que no me lo recomendaba y entonces empecé a vender y luego él como siempre, como el gran amigo que es, terminó ayudándome a cobrar y repartir mis pedidos.

Logré un ascenso en el trabajo y ello implicaba mudarme a una isla de mi país, de la que obviamente sólo es posible salir en avión, entonces se le rompió el corazón, jamás había estado tan lejos, es más, jamás había salido de casa, lo vi llorar, pero era una oportunidad y entonces me fui.

Ellos nos educan y nos aman, pero es complicado que conozcan la profundidad de nuestra alma, que tengan una idea cercana de nuestros anhelos, de nuestros sueños. Ellos me ven libre, viajando, escribiendo, trabajando, haciendo lo que YO QUIERO HACER y yo tampoco a pesar de todos los años que he vivido con ellos y de todo el amor que siento por sus vidas, tengo una leve idea de lo que piensan de mí. Siempre me dicen que están orgullosos, pero yo creo que no he cubierto las expectativas que tenían con mi vida.

Ellos se preocupan porque aun no tengo una familia, porque mi forma de ver la vida no es la convencional, dice mi padre: De todas las chicas que piensan en el matrimonio, seguro que me tocó tener a la excepción (sonríe).

La ventaja de hacer con mis días lo que deseo es que soy feliz, porque amo lo que hago, porque aprendí a vivir con mi soledad y abrazarla de modo que a veces siento que puedo asfixiarla, la desventaja es que mañana no podré culpar a nadie de mis errores, y claro que tengo miedo, pero no es más grande que mi fe, pienso que si hacemos lo que amamos lo haremos bien y eso dará resultados positivos. Dicen que estoy loca, que soy una soñadora, que no he madurado, que no tengo los pies plantados, pero está bien, yo lo respeto.

Los padres a veces creen que la fórmula que les funcionó a ellos, nos va a funcionar a nosotros, que ellos ya se cayeron y que pueden evitar que nos equivoquemos, que horas de plática respecto a cosas que no se aprenden sino experimentado, nos van a servir para saciar nuestras ganas y NO ES VERDAD. Cada quien tiene una vida y una oportunidad de vivirla.

Nuestros padres nos aman tanto que quieren evitarnos recorridos innecesarios, que desean hacer tantas cosas por nosotros, que darían la vida misma si fuese necesario, pero hay cosas que no les toca hacer, hay cosas que son exclusivamente nuestras, que es una pena cuando tienen que vivir nuestros errores, pero que confiamos que su amor es tan grande que podrá sostener nuestras caídas.

Dice una cita bíblica: ¿Puede acaso una madre olvidar al hijo de sus entrañas? Pues aunque ella te olvide, yo no te olvidaré (Is 49,15)

Cuando amas, deseas la felicidad del amado, no es posible hablar de  amor si cortas sus alas para que jamás se vaya, eso se llama egoísmo. Mis padres me enseñaron a volar  y empecé a amar las alturas, cada vez me he tardado un poco más en regresar porque he tomado mayores distancias, pero siempre que he vuelto he tenido un gran recibimiento.

Yo puedo ver las edades de las personas que me leen, la mayoría está entre los 20 a 35 años, pero veo que hay quienes creen que irse de casa es algo que sus padres no les perdonarían, porque en Sudamérica existen países en donde irse de casa sin casarse es una muestra de que no te sientes a gusto en ella y no tiene nada que ver con eso, tiene más que ver con el autoconocimiento, con el crecimiento personal, porque si no salimos y hacemos apertura de mente, entonces cómo vamos a lograr conocernos, a saber si nos gusta la comida de mamá porque no hay nada más que comer, o porque realmente lo apreciamos, cuando estás lejos, nadie te hace tu plato favorito, nadie se sienta contigo aunque haya comido, nadie te pregunta cómo te fue, porque a nadie le importa, pero no aprendemos a considerar estos detalles sino hasta que nos hacen falta. De pronto y sin querer, me acordé de mi ex novio (lo siento, así también soy).

Irse de casa, hacer lo que tus padres no harían, no formar parte del negocio familiar, no casarte a la edad que ellos lo hicieron, no tener deudas porque ellos siempre dicen que es mala idea, o cualquier cosa que no los ofenda, no es malo, al contrario, hazlo. Así sabrás si siempre es como ellos dicen o a veces puede ser diferente.

Honrarlos  significa más que amarlos, es respeto, es cuidarlos y es obediencia pero que no se confunda con hacer todo lo que ellos dicen o quieren que hagas, se trata de que los sigas en la medida que eso te haga feliz, en los valores, en las reuniones de familia, en las cosas que ellos desean para sí mismos, pero sobre nosotros, solamente les queda orar  y es que dice un sacerdote: “las oraciones de una madre son milagrosas”, por eso siempre le digo eso a mi madre: Jamás dejes de orar por mí (me pongo sentimental).

Te invito a lanzarte a la vida, a que el tiempo no se te vaya de las manos, que no esperes el momento adecuado porque el momento es hoy, que no sientas que eres egoísta por querer vivir tu vida, es tu derecho, es el mismo derecho que nuestros padres han disfrutado, que concretar sueños no te hace un mal hijo, una mala persona, que los olvides o los abandones eso sí te hace malo en todo el sentido de la palabra, pero no tengas miedo, ellos no van a odiarte porque decidas ser feliz, quizá en principio crean que te estás equivocando, pero que sea la motivación que necesitas para hacer las cosas con calma y un tanto pensadas, porque vivir lo que uno desea no significa que lo hagas de cualquier forma y a cualquier edad, hazlo cuando puedas ser responsable de ti mismo.

He lidiado mucho por lo que he soñado, y ellos (mis padres) han lidiado mucho conmigo también, pero luego en común acuerdo, he prometido cuidarme y ellos han prometido estar cerca siempre y nos ha funcionado perfectamente.

Un día cuando le dije a mi padre: “ahorraré para escribir una novela y dejaré de trabajar unos meses”,  él me dijo:  “hay muchos autores que se hacen conocidos cuando mueren” y luego de eso, nos hemos reído a carcajadas, porque son de esas cosas que dices sin intención pero que luego notas que no era la frase de motivación que esperabas escuchar, entonces cuando la Fan Page empezó a crecer en Facebook, cuando un buen escritor que tiene una página llamada “Prosas y Versos” me recomendó a sus seguidores y entre otros buenos momentos que escribir me regala, sucedió también que un día llegó un correo en donde mi padre recomendaba la lectura de mi blog a sus amigos, es que así es él, un amigo como pocos, que aunque dice que no y tú te lanzas, te sigue, te alcanza y está pendiente de ver donde caes para recogerte.

Me voy porque me queda un largo día, pero me voy pidiéndote que siempre recuerdes que aunque jamás logremos ser tan grandiosos como ellos nos sueñan, somos los hijos que ellos aman y por quienes han dado más de lo que quizá merecemos, entonces nos queda decirles gracias en cada acto, en cada gesto, cada día. Siempre van a existir malos entendidos, pero eso no puede borrar todo lo vivido.

Dios no ha podido darme unos padres más increíbles, pero tampoco quiero que te creas que todo es perfecto, mi madre me ha dado de esas palizas que te duran hasta que tienes 33, pero eso ha sido parte de su aprendizaje, lástima que no haya tenido la oportunidad de decirle “eso no se hace”, es decir, ellos nos corrigen todo el tiempo y no significa que jamás se hayan equivocado, pero los comprendemos porque así los educaron y ellos miran su presente y ven que todo es bueno, entonces nos han querido buenos también, cito el ejemplo para que los padres comprendan que así como los hemos entendido, es momento de que hagan lo mismo por nosotros.

Ánimo, no hay nada mejor que intentar ser feliz todo el tiempo, es un reto constante que solamente quien persevera, disfruta!

Me quedo conmigo

Le pides calma a la persona equivocada, le pides calma a quien vive la vida con vehemencia, con frenesí, con ímpetu y que tiene sesgos de serenidad sólo en los días de rutina, que aunque no son extraordinarios tampoco dejan de ser especiales.

¿Acaso se pude pedir al mar que deje de moverse? ¿Acaso se puede pedir a las cataratas que dejen fluir? No, no es posible, no es lógico, no es justo.

Nadie puede restarle su naturaleza a nadie, el tiempo y yo hemos establecido una sana competencia, quizá me he acostumbrado a perder porque siempre me pasa de largo, pero no por eso dejo de intentarlo, no por eso me doy por vencida. El va siguiendo y yo trato de no perderlo de vista ¿Puedes notar que le suma años a la gente y justo a tiempo les quita la vida? Entonces ¿Porque me pides calma? No me conoces, yo no quiero sentarme a esperar nada, yo quiero disfrutarlo mientras lo voy viviendo, yo quiero muchas cosas que no puedo tener y quizá tú seas una de ellas.

No renuncio a ti, renuncio a mis insatisfacciones para contigo, renuncio a mis días de pedir cosas que puedes dar pero comprendo bien que no sea yo motivación suficiente, yo podría dar más, pero ya he dado todo por muchos, por aquellos que al final de cuentas se han ido, no me es posible resistir perder a alguien más, entonces no es tu culpa, tampoco es culpa mía, es culpa de los que ya no están en mis días.

Yo quiero ir a prisa, pero tú requieres tiempo, yo he intentado ir a tu paso pero no puedo, no siempre entiendo que toca pisar con el pie derecho. Y acostumbrada a mirar hacia adelante, contigo me siento obligada a observar el camino para ir a tu ritmo, entonces me concentro tanto que me pierdo de todo aquello que me mantiene viva, me pierdo de otras personas, me construyo compromisos que no tengo y me imagino escenas que no existen, mientras tanto me dices con simplicidad que hay mucho por andar.

No quiero ser cruel, pero he caminado más que muchos, más que tú incluso, quizá sea ésa la mayor diferencia entre nosotros, quizá sea necesario que hagas el camino por tu cuenta para que entiendes que el tiempo nos cae encima siempre, entonces para cuando desees tomar mi mano ya será tarde y suena triste pero a veces no alcanzar a alguien es una bendición.

Son tiempos de decisiones que no me cuestan, ya he pagado el precio de pensarme ciertas cosas que no eran necesarias reflexionarlas.

Entonces, por todo lo que te digo, HOY de decidido que me quedo conmigo!

SOLTERONA

Vivimos en tiempos de inseguridad, tiempos de recibir cartas pidiéndote “colaboraciones” obligatorias, tiempos en los que ya no es posible confiar en desconocidos.

Los robos, asaltos, extorsiones y cualquier tipo de agresión son pan de cada día. Uno va haciéndose a la idea de que cualquier “día de suerte”, te quedas sin cartera, sin pertenecías y por gracia de Dios conservas la vida.

Hace una semana aproximadamente, sufrí un ataque, en el comedor de mi casa y en plena cena familiar. Fue un tanto extraño porque aún no lo esperaba, los ataques familiares entiendo se inician a los 36, pero aún soy una solterona de 32. Todo pasó muy rápido, recuerdo estar en medio de mi  diplomacia y mi honestidad brutal, explicando que todo está bien y que no hay prisa.

En mi reducida familia (aleluya!), hay todo tipo de opiniones, las que van desde que no he superado mi ex relación, hasta que tengo algunos traumas emocionales, y eso no es cierto, o no lo era, porque ahora podrían haberme dañado para toda la vida y quizá mi única salida sea intentar no asistir a ningún otro evento de más de 6 personas, es más, acabo de comprar mi disco de la película “Rocky 4”, así cuando llegue Navidad, antes de asistir al intercambio de regalos me prepararé y la  pondré de música de fondo mientras me aplico la crema antiarrugas y peleo con el pantalón talla 28 que quiere ser 30, ya quisiera que la pelea se ocasione en mi brasier (no digo sostén porque no sostienen nada).

Ellos decían, tienes que salir y conocer chicos, mi respuesta fue: “Yo salgo con varios amigos”, alguien dijo: con razón lees “Ni puta, ni santa” (Risas)

Ellos decían, pero cuando quieras tener hijos quizá ya no puedas o no tengas energías para criarlos; y suponiendo que me case a los 40 mi futuro esposo pensará que soy ¿una flor en esplendor?, es obvio que intuirá que mis ovarios no serán tan productivos y estimo que él tendría como 50 así que con muchas exigencias no creo que llegue.

Ah, sí. Que me he resignado, Madre mía, tengo 32, no 60! Además a veces tengo que escuchar las historias de las tías solteronas de la familia, que es muy triste, que es una pena, que nadie quiere que me quede sola, que la juventud pasa pronto, que la vejez es eterna.

Entonces, cual de las siguientes es la respuesta correcta:

  1. Cásate con quien te quiera, aunque no lo quieras en la misma medida.
  2. Cásate por cualquier razón que no sea amor y espera hasta divorciarte, hasta que pierdas unos buenos años con sonrisas incluidas o sufre hasta el final de tus días.
  3. Colócate un cartel en el cuello y párate en una esquina haber quien se anima; o por último.
  4. Espera por el amor, con calma, con paciencia, con esperanza, concretando algunas cosas que luego REALMENTE no podrás hacer, aprovecha tu tiempo porque ése NO regresa, porque es ingrato y además te quita oportunidades.

No importa si vienes de una mala experiencia o si fuiste valiente y lo dejaste ir, igual van a pensar que estás tan decepcionada que te resignaste a quedarte sola. Pero tú sabes que eso no es verdad, que por el contrario, resignarse sería que olvides el amor para casarte con el tipo conveniente, el buena gente, el caballero, el que no bebe y tampoco amas, pero repitiéndote todos los días que ya no quedan muchos así y que tu decisión ha sido la más acertada.

Yo soy una soñadora, quizá eso me someta a quedarme “sola”, a viajar, a escribir, a leer, a tener que enviar mi ropa a la lavandería, a pagar a alguien que limpie mi habitación, a engreír a los sobrinos y a mis padres, a inscribirme en todos los voluntariados que sean posibles (eso en el supuesto de que todas las predicciones sobre mi estado civil se concreten), la verdad eso no me asusta, no me preocupa.

Lo que sí siento es una enorme curiosidad de saber ¿Cómo les irá a otras solteronas que no se toman la vida tan a la ligera y además, tienen familias de más de 50 personas? Cabe aclarar que el término que uso es el que la sociedad nos antepone a las que superamos los 30 y seguimos solteras, mis amigos me fastidian de ése modo todo el tiempo y la verdad me divierto un poco con eso (me burlo de mí a veces), sin embargo, me disculpo si alguien se ofende, pero explico mis motivos para que entiendan porque no cambié el título.

Una puede que tenga la intención de casarse, pero si sales con el tipo que te dice: “Voy a pedir tal platillo”, le contestas, déjame ver qué puedo pedir y te responde: Vamos a pedir eso porque yo voy a pagar la cuenta (historia de la vida real), tú crees que si mañana se tira en paracaídas con un letrero que diga “Te casas conmigo”, voy a decir que sí? Claro que no!!! No se trata de casarse, no es una competencia de quién se casa más joven o quien tiene hijos de 15 que parecen sus hermanos, quizá los míos parezcan mis nietos, pero está bien si eso me hace feliz, además quien va a sufrir de lumbalgia cuando aprendan a caminar seré yo!

Mi madre dice, cuando tenía tu edad, ya tenía 3 hijos, una se pregunta: ¿Qué culpa tengo yo?, digo, era lo que ella deseaba ¿no? Yo no lo deseo ahora, porque apenas me puedo cuidar, duermo a la hora que deseo, ceno lo que pueda o quiera, depende de mí fuerza de voluntad (a veces del pago de quincena), lo que quiero decir es que asumir una familia es una gran responsabilidad, ¿Puedo hacerlo? Claro que puedo, pero con alguien que no tenga que ser un hijo más para mí, con alguien en quien pueda confiar, que me ayude en la educación y a lavar los platos de cuando en cuando. Porque si voy a casarme con alguien a quien tengo que cuidar para que no me sea infiel y para hacerle caer en cuenta que está casado (las estadísticas dicen que se olvidan de eso sobre todo cuando van a las discotecas), entonces NO GRACIAS, así estoy perfecta!

Déjennos ser exigentes y  tener nuestros filtros, porque por andar aceptando sobornos como flores o chocolates (a veces ni eso), hay quienes nos han timado llevándose nuestra buena voluntad y un poco de lágrimas también, el amor no se basa en que alguien te guste mucho, es más que eso.

Déjennos si deseamos sentirnos convencidas, si deseamos disfrutar un poquito más de la vida, sino deseamos una vida convencional, déjennos vivir la vida como la deseamos vivir porque a cada quien se le ha dado una y es nuestro derecho no seguir patrones ni cubrir expectativas de nadie por mucho que nos amen (eso incluye padres y madres).

Quizá no tenemos ánimo de asumir un compromiso, quizá no es algo que esté en nuestro diccionario ahora o SIMPLEMENTE no hemos conocido a quien nos contagie la idea de matrimonio ¿Qué es tan difícil de comprender?

A las solteronas nos molesta ser el centro de atención por cosas con las cuales nos sentimos a gusto, sobre las que no necesitamos aprobación de nadie, si la edad nos condena, es la misma la que nos regala la seguridad de saber qué es lo que deseamos y cuándo es que nos sentimos con el ánimo de hacerlo.

Si es un tema de inmadurez, de libertad, de secuelas de amoríos fallidos, de percepciones equivocadas o cualquier otra idea imputada y sostenida en la comparación de otros tiempos, igual déjennos, porque por mucho que nos esforcemos en satisfacerlos, de todas formas después de casarnos aparecerán otro millón de cuestionamientos como: ¿Y para cuándo el bebé? Tienes el primer hijo y empiezan con ¿Y para cuándo la parejita? Porque ya quiere hermanito tu hijito 🙁

En fin, yo imprimiré algunas copias de éste artículo y lo repartiré a la familia más cercana. Por ahora, te dejo un salmo que me gusta muchísimo: Salmo 138: “Señor tú me sondeas y me conoces, conoces cuando me siento y me levanto, de lejos penetras mis pensamientos, distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.No ha llegado la palabra a mi boca y tú Señor ya te la sabes toda…”

No existe nadie que nos sondee y nos conozca como Dios lo hace, sus tiempos no son los nuestros. El amor llegará cuando estemos en la capacidad de apreciarlo, cuando estemos preparados.
Espera!

Bivalente

Hace cierto tiempo llegué a la conclusión de que todos somos bivalentes, que tenemos la capacidad de mezclarnos de dos formas, la que adquirimos mientras crecemos en casa y la que aprendemos fuera de ella.
Pero eso sí, es necesario que siempre recuerdes que ambos escenarios son importantes, que en casa aprendes lo que en ninguna parte, el respeto por ti y los demás por ejemplo, con eso puedes ir a donde te plazca, porque es algo que no se olvida, que no lo llevas a simple vista, pero que cuando toca exponerlo, vas a salir sobrado de cualquier momento.
No es fácil conocernos, necesitamos un poco de espacio y tiempo, necesitamos descubrir lo que realmente nos hace felices sin los susurros de los padres, sin los amigos que te hacen creer que su vida es mejor que la nuestra y sin estar rodeada de personas que siguieron las flechas y que porque alcanzaron lo convencional entonces son personas de éxito, no me parece, no comulgo, quizá porque creo que todos estamos hechos para lo extraordinario. Lo que da felicidad a muchos, no da felicidad a todos.
Viví en casa hasta los 29 años, luego me mudé por motivos ajenos a mi voluntad, quizá no eran buenas razones, pero eran las que necesité y punto. Cuando empecé a vivir sola me descubrí diferente, además que cargaba la mochila llena de recuerdos, aún había lágrimas en mis ojos, sentía que por mucho que exprimiera los lacrimales, éstos eran muy fructíferos.
Muchas noches busqué una respuesta a mis preguntas, quería y necesitaba saber en qué me había equivocado, porque hasta ése momento sentía que todo lo había hecho bien respecto a mi relación de tantos años, la que me puso a meses del altar, había logrado lo que CASI toda mujer sueña, fue el premio por seguir las instrucciones: no hablar groserías, no reunirse con varones a libar porque la gente no lo aprueba, no hablar de sexo y dejar claro que era por absoluto desconocimiento (un poco más y me pego un letrero en la frente de soy virgen), iba a misa y seguía una vida de oración, juzgaba ciertas actitudes por considerarlas incorrectas y en el fondo porque estaba segura que no hacerlas me hacía mejor que los demás. Buena hija, buena alumna, buena hermana, buena amiga y obvio, excelente novia, la que todos sueñan para madre de sus hijos, la que se quedaba en casa porque era una señorita y eso hacían las señoritas. Ya, parece aburrido, pero para mí en aquel momento de mi vida, era más que perfecto!! Y obvio para él también porque hacía lo que deseaba sin preocuparse de nada, sabía que yo estaba bordando en mi cama.
Y tanto parámetro, tanta formalidad, tanto prejuicio disfrazado, no solamente me limitó, sino que me regalo algo falso también, porque no era yo, es decir, era la que vivía feliz porque todos eran felices. Empezando por mi novio, feliz de tener una mujer ingenua, crédula, que no veía sino a través de sus ojos, hasta que, se terminó. Y entonces tomé la maleta, dejé lo que podía dejar, porque existen cosas que cuando todo es muy fresco, es complicado soltar, luego pasa el tiempo y te deshaces de todo realmente.
En principio no podía volar, era un animalito domesticado liberado en media selva, cada día aprendí cosas que nadie más que mi soledad me podía enseñar, la independencia, no tener horarios, no tener amigos a quien seguir, no tener a la familia cerca para que nos ayude a elegir. Mi departamento era mío en toda la extensión de la palabra, arreglado a mi modo, implementado a mi gusto, comía lo que deseaba y en mis horarios, pero sobre todo, me desprendí de la compañía de las personas, creo que fue el desapego más grande que pude experimentar, porque ahora la compañía es un tema de elección, no de necesidad y eso es más que perfecto.
Conocí a algunos muchachos y no tenía que dejarme llevar por el gusto de mis amigas, por cierto, aprendí a decir todas las groserías que te puedas imaginar, pero tranquilidad, que no olvidé ubicarme en tiempo y espacio. Crecí profesionalmente, me descubrí amante de los libros, además descubrí en aquellos días que escribir era una de las mejores cosas que podía hacer en lugar de llamar a alguien, escribir era mi pasatiempo, mi mentor cada vez que releía y mi confidente bajo 7 claves de Word.
Ahora, en tanta libertad, no me perdí, tampoco lo cambié por libertinaje, porque no podía, porque lo que estaba sembrado en mí, era tan fuerte que se había enraizado en el corazón y había echado fruto, de modo que iba a donde deseaba pero sin olvidar que aunque todo esté a disposición no todo es bueno, no todo edifica. La vida de oración me regaló la capacidad de discernir, de preguntarle a Jesús si aquello que iba a elegir era bueno para mí. Entonces te das cuenta que la vida sin Jesús puede regalarte sin sabores, porque si hay algo que jamás olvido, jamás, es que vivirse fuera de la voluntad de Dios siempre tiene lecciones amargas, las que se suelen llamar consecuencias.
Luego, llegué a sentirme atrapada entre dos mundos, porque no es fácil combinarlos, porque no es fácil complacer a los demás y a ti misma, porque quieres dar testimonio de lo maravilloso que es Dios con tu vida, hacer lo que Pablo decía “ Nuestra carta sois vosotros, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres” (2Cor 3,3), y esto es mucha confianza de Dios, porque somos su carta de presentación, tú eres quien puede dar testimonio, por lo tanto debes tener cuidado con lo que vas haciendo, porque no se predica sino con el ejemplo.
Me reconozco como una persona de mucha fe, en la misma medida imperfecta, con ganas como todos de hacer las cosas bien, pero también buscando dar muestra de que un corazón que ha tocado un Dios vivo no puede dejar de hacer eso, de vivir, de soñar, de ir más allá, porque uno es consciente que dejará de estar en el mundo y si deseas aceptarlo con resignación y por fe, debes aprender a disfrutar cada instante, sin que eso te reste como persona o te quite autoridad moral para hablar de Dios, porque cuando bromeo en doble sentido, cuando posteo cosas muy feministas, cuando me levanto en contra del sexismo, cuando dejo mis prejuicios de lado, la gente tiene miramientos, porque para muchos tener fe implica no sentir ira, ni rabia, ni rencor, no odiar, perdonar y no maldecir, pero eso es como si alguien te pidiera que dejes de ser “humano”, estamos en todo el derecho de sentirnos así, lo que no podemos permitirnos es hacerlo palpable, llora, grita, odia y luego despréndete de todo eso y empieza de nuevo.
Hace poco posteé en Twitter “Libres para sentirnos plenas, no perras”, ayer puse como portada de mi facebook “Búscate una mujer con cerebro porque vagina tienen todas”, antes lo habría pensado mil veces, preocupada en primer lugar, en lo que pensarán los que me conocen poco, porque los que me conocen mucho dicen que “ya no soy la de antes”,  pero en realidad lo soy, en esencia, quizá no en forma, pero en el fondo sigo siendo la misma niña, es sólo que desperté, caí en cuenta que no podemos pasarnos la vida complaciendo a nadie porque luego terminamos llenas de insatisfacciones, morimos sin vivir lo que queremos, alcanzando lo que muchos nos inyectaron como la vida perfecta y cumplimos sueños de otros anteponiéndolos a los nuestros.
Dice en Santiago ( 2, 14-17) “¿De qué sirve hermanos míos, que alguien diga: Tengo fe, sino tiene obras? La fe sin obras está muerta. Muéstrame tu fe sin obras y yo te mostraré por las obras mi fe.
Con esto te invito a que te descubras libre, porque se puede ser libre en la voluntad de Dios, porque yo me experimento feliz siendo quien deseo ser, pero la gente no lo aprueba, entre broma y broma me tilda de loca, de que he perdido la cordura, me dijeron hace poco que vivo fuera de mi edad, porque me he tomado alguna foto con los labios pintados de color negro, porque me he lanzado en parapente, porque recomiendo el libro de “Soltera codiciada” o porque voy por las calles leyendo “Ni puta, ni santa”, no sé si estoy enredándome o dejándome entender, ahora solo escribo y escribo, luego pensaré si todo tiene sentido.
Claro, ahora asusto a los chicos, demasiado decidida, demasiado reflexiva (mujer que piensa 300 veces más todo = solterona), ya odian que hablemos mucho, imagino que también escribo en la misma cantidad e intensidad, pero hace mucho dejó de preocuparme que me vean como una opción, lo que si puedo contarte, es algo absolutamente curioso, ahora que me muestro más segura, más desinhibida para hablar de todo, para contestar todo, hay quienes se sienten atraídos, creo que les llama la atención lo que no ven con frecuencia, aunque es como el espectáculo de la calle, se quedan mirando, se entretienen y jamás dejan la moneda, por eso, he de ganarme todo con el sudor de la frente, espero que un día sea con el sudor de mis manos.
Quédate con lo que dice Santiago, haz lo que debes, complace a Dios, lo que no significa que debes ser ejemplo de nadie, ni dejar de vivir tu vida para que otros te imiten, todos tenemos padres, si quieren aprender de alguien, es de ellos que deben hacerlo, no quiero ser dura, pero tampoco quiero darme de golpes de pecho para que la gente crea que soy una buena persona. Después de todo, las personas nos ven en misa todos los domingos y dicen que somos buenos cristianos, ¿Qué dice Dios que ve lo que haces los 7 días de la semana?
No te desvivas por agradar a todos, serás quien no deseas; no te avergüences por hacer o decir lo que piensas, porque puede que no le guste a muchos, pero unos pocos notarán que eres auténtica, confórmate con eso, nada ganamos siendo ambiciosos. 
Somos bivalentes, tenemos el valor que nos dan las personas y el valor que nosotros nos asignamos. Ellos te imaginan de una forma y tú también te imaginas de ésa forma. Entonces cuando dejes de imaginar quién eres, romperás la coincidencia y descubrirás tu doble valía, la persona que eres y la que ellos creen que eres.
Y ¿Qué te parece si nos hacemos uno? Que los demás te conozcan profundamente, quien eres a oscuras y a la luz del día, no te asustes, si intentas vivirlo con Dios, habrás alcanzado la santidad, porque te guste saberlo o no, todos estamos llamados a ella.

Buenos sí. Tontos no.

Siempre será difícil tomar decisiones, más cuando afectan los sentimientos de otros, pero cuando empezamos a vivir en post del bienestar de alguien más que no es uno mismo, entonces es cuando perdemos el camino hacia nuestros sueños, y eso no es justo!!
Pasar por el sacrificio porque el amor lo amerita a veces, está bien, porque es parte de….pero otra cosa muy DIFERENTE es que te sacrifiquen porque saben que los amas! Nosotros somos tan culpables como aquel que aprovecha nuestra capacidad de amar por la seguridad que les brindamos o lo predecibles que parecemos ser. Y el colmo de todo, es que cuando no hacemos lo que de “costumbre” la gente espera, entonces ya no somos confiables o “buenas” personas. No se confundan, defender nuestros espacios, tiempos, planes, entre otros. No nos hace malas personas, nos hace personas decididas y LIBRES!!

Desapego

La razón del sufrimiento es el apego por las cosas o las personas. Dios enseña que el desapego o desprendimiento es el mejor camino para dejarse sorprender por la vida. Qué significa? Que mientras menos esperemos ése momento, es cuando llega y nos deja sin aliento, no te lo crees pero vaya que lo disfrutas!