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Alicia a través del espejo

Preámbulo

El cine siempre ha sido, es y será uno de mis lugares favoritos, no importa mi estado de ánimo, siempre  me regala una sensación de bienestar, quizá porque por un espacio de tiempo mi mundo se ha detenido un momento.

Alicia a través del Espejo

No era la película que deseábamos ver, no era ni siquiera una opción, pero por los horarios y en común acuerdo, no quedaba más para escoger.

Quizá las películas de este tipo no le agradan a la gran mayoría, pero increíblemente siempre tienen un mensaje interesante (uno que a veces pasa desapercibido), como sucede en la vida diaria, en donde los pequeños detalles no cuentan.

“Los Reyes tenían dos hijas muy bellas, una de cabellera rubia y una pelirroja, ambas se odiaban, desde pequeñas, desde que una de ellas negó su responsabilidad respecto a unas tartas que desaparecieron de la cocina, inculpando a su hermana mayor. Al verse acusada y llena de rabia, la pequeña pelirroja salió corriendo del palacio y cayó contra una pileta, su cráneo se deformó y la nueva forma de su cabeza era razón de burla constante, la pequeña creció llena de resentimientos y frustraciones, odiando a su hermana, odiando al mundo entero.

Lo que parecía un enfrentamiento de poder y coronas, y luego de una serie de sucesos que nos deja cerca del final de la película, se convierte en un momento de redención, en donde la hermana menor reconoce su error al inculpar a su hermana mayor por las tartas que se comió y sobre las que no se hizo responsable, le dijo a su hermana que ella la amaba y que si pudiera retroceder el tiempo, lo haría, que lo lamentaba, que debió decir la verdad y así habría evitado todo lo que hasta ese momento había ocasionado su falta de honestidad.

Su pelirroja hermana mayor con lágrimas en los ojos, contestó: Eso era todo lo que quería escuchar, eso fue todo lo que siempre quise escuchar”.

Y aunque la película terminó varios minutos después, para mi terminó allí. Allí donde haciendo un paralelo con la vida misma, con la ajena, con la propia, puedes notar que a veces es todo lo que deseamos escuchar, que no pedimos que el pasado cambie o que las circunstancias seas favorables, no, solamente necesitamos que digan: lamento haberte lastimado.

Nadie está libre de cometer errores, pero cuando acontece, pocos, muy pocos, tienen la capacidad de reconocerlo, en el caso de la infidelidad por ejemplo, todos suelen decir: “niégalo hasta la muerte”, pero cuando la verdad llega, es cuando la gente se desvive en justificaciones, busca consuelo, que no saben qué sucedió, que se equivocaron, y todo porque ya no tiene más opción que admitirlo.

No está bien que la verdad se haga presente porque no hay más escapatoria, la verdad siempre debería ser la razón primera, y aunque nada cambie el pasado, con seguridad cambiará el futuro, porque entenderás que hay personas que aun con errores siguen siendo confiables y no te irás creyendo que todas las personas son desleales.

A veces solo necesitas escuchar que lamentan haberte lastimado, a veces solo necesitas un: ¡lo siento tanto!, para cerrar etapas, para elegir nuevos caminos, para renunciar a ciertas personas.  La negación no es la salvación, la negación genera frustración, genera rabia, en la negación subestimas a quien amas y dejas que se vaya con las mismas heridas que tendría si dijeras la verdad, pero la diferencia está en el tiempo que le tomará sanar.

Las personas necesitamos saber que si un día nos amaron, merecemos un poco de compasión y mucha sinceridad, merecemos que nos suelten con las alas vendadas, merecemos que nos dejen ir con razones que no sanan pero que reconfortan el alma.

“Un lamento tanto haberte lastimado”, era todo lo que habría pedido, no para quedarme, pero sí para marcharme en paz. Y aunque no me dieron esa oportunidad, hoy la pido para otras personas que como yo, cerraron etapas sin entender, sin comprender y con el tiempo alcanzaron la resignación.

¡No hay mayor regalo que la verdad!