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¡Qué difícil perdonar!

Qué difícil aun sabiendo que es el único camino a la paz, al sosiego espiritual. Y no se trata de falta de voluntad, sino de las heridas que se rehúsan a cerrar.
Sabemos que es preciso dejar que todo fluya, que siga su curso, que pase el tiempo. Lo sabemos, pero no entendemos, lo sabemos pero no encontramos la forma de usar tanto conocimiento en nuestro día a día, en nuestra vida.
El dolor, la ira, el resentimiento comprimen nuestro pecho y hacen estrecha nuestra mente, de modo que los grandes pensamientos (esos que nos impulsan a soltar), no se atreven a pasar.
Nos aferramos y nos enfocamos en venganzas que lo único que nos dan por servido es tiempo perdido. Nos sentimos amados por quien apoya nuestra causa aunque no se vista de justicia, sin darnos cuenta que quien nos ama debería oponerse a todo aquello que le demuestre que está amando a quien no sabe amar, ni perdonar, ni olvidar. ¡Qué miedo!
De medicina no sé mucho, de la vida quizá un poco más. Pero no quiero de ninguna manera que las arterias de mi corazón y de mi alma, se obstruyan con sentimientos que no me ayuden a pensar, a crecer, a soñar, a volar.
Quiero y necesito que todos los músculos cardíacos de mi vida funcionen, entonces elevo oraciones por mí, para ser libre, para vivir sin miedo, para vivir sin preguntarme por qué el pasado ha sido (a veces) mezquino conmigo. Y entonces, el tiempo pasará dejando una gran lección: ES A TRAVÉS DEL PERDÓN QUE HEMOS AMADO A QUIEN NOS HA LASTIMADO.

A otro perro con ese hueso

¿Existen hombres buenos?
Existen.
¿Tenemos la suerte o el privilegio de conocerlos?
Sí, y nos sucede todo el tiempo. El problema es que los conocemos y en la mayoría de los casos, no optamos por ellos.
Y sin embargo, nos quedamos con los que defienden derechos sin adquirir obligaciones, con los que huyen de los compromisos porque les gusta todo de a gratis, los que quieren sentirse seguros pero no brindan seguridad, aquellos que quieren todo sin entregar nada.
Maldita costumbre de elegir a los que usan frases trilladas, a los que tienen actitudes encantadoras (con todas), a los que se saben los guiones de conquista de izquierda a derecha y viceversa.
Algunos ejemplos aquí abajo:
1. Te dice que te quiere, que le gustas, que se muere por ti, hasta que le comentas en el muro y te ignora por completo.
2. Que pronto irá a verte, que ya te visita, que está revisando su agenda, pero te aseguro que ni comprándole el pasaje lo verás llegar.
3. Que recién ha terminado una relación, que está listo para empezar de nuevo. De pronto te encuentra, te pide consuelo, moquea en tu hombro,  y cuando realmente lo ha superado todo, se marcha. Ya sea, para volver con la ex, o para estar con alguien más, que no se parece a su madre, como tú por ejemplo, que decidiste curar sus heridas, para verlo volar muy lejos. Entonces, hombres por favor, lloren si tienen que llorar y luego, después, mucho después, buscan a alguien con quien enamorar. Y a mi género, pedirle que deje de hacer uso de su instinto sobre-protector con hijos que no han parido.
4. Ni qué decir de los que pasan toda la noche mirándote, coqueteando desde el otro lado de la barra, imposible verse poco atractivos si van detrás de alguien, es la forma que tienen de alimentar el ego, mientras tú buscas un papel para anotar el número telefónico que jamás te va a pedir. Si quieres centrar tu atención toda una noche, un libro es la mejor elección.
5. Suele pensar que es el único que tiene 100 ventanas de chat abiertas, diciéndole lo mismo a todas, lo que no sabe, es que él es, una de ésas 100 ventanas para ti. Todos tenemos los mismos derechos, que no se te olvide.
6. Se ofende si alguna vez, al sentirse correspondido te ve salir con alguien más. Y todo porque no se decide a nada contigo. Entonces, si hay alguien más, es porque sabes bien, que aunque quiera hacerte creer que tienes exclusividad, no es verdad. Por lo tanto, no hay nada más que explicar.
7. Se la pasa bien contigo, no hay una mujer más linda y divertida que tú, pero por favor no lo vayas a etiquetar en ninguna red social. Caso contrario, prepárate para correr el riesgo de decepcionarte, porque la foto jamás aparecerá en su muro.
8. Te saluda por todos los medios que tiene, eso sí, sin dejar huella y de forma privada, solamente tú y él saben lo que hay entre ustedes, porque así es mejor (para él), que sea un secreto, hasta que todo se ponga más serio, quizá en unos 10 años más o menos. Tan discreto que es, pero que público e impúdico se hace cuando le conviene.
9. Que tiene una relación que da lástima, que no es feliz, que está cansado de ella. Sin embargo, sobre la triste historia de amor, su novia no tiene conocimiento, es ajena al terrible sufrimiento del varón que la acompaña, él guarda el secreto mientras despierta con ella en la cama.
No quiero escribir 10 ítems, no quiero que se vea forzado, que se quede en 9 para que parezca natural y menos feminista de lo que es.
Me hago responsable de toda la numeración, pero no de toda la experiencia.
Apuesto a que algunas historias se te hacen conocidas, pero apuesto sobre todo, a que ya no sufres de ceguera auditiva, que cuando encuentras a uno de los cuentistas, lo pasas de largo y sin mirarlo.
Hoy solo quiero compartir contigo, algunas historias de terror, de esas que nos encantan, para que aprendas a decir: a otro perro con ese hueso.

No toda posibilidad, merece nuestra atención

La posibilidad es para muchos, sinónimo de ilusión, de luz, de fe. En ella no existe certeza, por lo tanto, supone riesgos y amerita ciertos recursos (por decirlo de alguna manera), tales como: tiempo, paciencia, fe, amor propio, entre muchos otros ingredientes.

La posibilidad de que alguna situación se concrete, no dura toda la vida, es preciso decidir hasta cuándo o por cuánto tiempo vamos a aguardar detrás de la ventana, por el rayo de sol que no se decide a ingresar a nuestra habitación, para ello es preciso considerar que el tiempo no se recupera, que las promesas por sí solas no pesan, que el amor no basta y además, preguntarnos ¿en qué estación del año estamos? Porque si es invierno, el sol definitivamente, no se va a poner. No sé si me dejo entender (me pregunto esto constantemente), lo que quiero decir es que nuestra espera por algo o alguien, debe estar afianzada en eventos concretos.

No es justo que nuestra esperanza sea, el cordón umbilical que el ego de un ser mezquino y egoísta necesita para seguir sintiendo que es el centro de nuestra vida. Nos busca, nos pide explicaciones y está pendiente de lo que hacemos o dejamos de hacer, haciéndonos creer que su constante preocupación es por amor, en todo caso, es producto del profundo amor que siente por sí mismo, de modo que no puede permitir que lo dejen de querer si él no está de acuerdo con ello. (Escenario 1)

Dice que te quiere, que está confundido, que necesita tiempo, lo que no leemos como una ruptura, sino que, convenientemente elaboramos un contrato mental en el que nos comprometemos a esperar, así empezamos un tiempo de negar oportunidades a quien sí sabe lo que quiere, además de convertirnos en su incondicional por si necesita algo. Cierto, estamos hablando de no renunciar a la posibilidad de que aclare la mente y regrese. (Escenario 2)

Tenían una hermosa relación, pero todo se terminó, ya nada era lo mismo. Han quedado como amigos y siguen compartiendo las miles de cosas que tienen en común. Ella tiene claro que ya no siente nada más por ti, pero como tú eres de los que piensa que en donde hubo fuego, cenizas quedan, te haces a la tarea de conquistarla una vez más. ¿Porqué? porque existe la posibilidad de que regrese contigo. Inviertes tu tiempo en comprar flores y no entiendes que si ya no tiene miedo de perderte, es porque honestamente, ya no te quiere. (Escenario 3)

Y así, un sin número de escenarios que pintan de cuerpo completo que no toda posibilidad merece atención, que nuestra espera necesita razones, que nuestro tiempo tiene precio, y que nuestra vida merece ser abrazada por quien no sabe cómo amarnos pero no deja de hacer el intento.

¿Cómo una posibilidad puede tener el poder de sujetarte a una situación que trasgrede tu amor propio? De someterte a una agonía que justificas con tu mejor sonrisa. Dices que estás bien, que sigues haciendo tu vida, que no aguardas por nada, pero todo es mentira. Te mientes y crees en tus mentiras, tu consciencia te sigue el juego, pero es tu subconsciente quien no te perdona.

Decides estar sola porque quieres recuperarte, pero cuando lo ves aparecer, quieres preguntar si está con alguien más, si es feliz, si te recuerda y no importa qué diga, porque a todo le encontrarás una razón para creer que es por ti que no ha vuelto a rehacer su vida.

Cree en las posibilidades si ellas creen en ti, aguarda por quien cumple ´promesas y confía en quien honra sus compromisos. Apuesta por quien quiere quedarse contigo desde el inicio, no por quien quiere recuperarte cuando casi todo está perdido. No idealices, no supongas, no vislumbres, en lugar de ello, usa tus 5 sentidos, el sexto no, cuando los riesgos son muy grandes es mejor no usar la intuición.

Quizá este sea un buen momento para reconsiderar si tu posibilidad es un camino o un castigo. Si te ayuda en algo, pregúntate ¿qué me regala el tiempo de espera?

Recuerda que: «A cada árbol se le reconoce por  su fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas». (Lc 6, 44)

El que quiera entender, que entienda.

Todo es ahora

Crecí pensando que el amor era entregarlo todo y que si era amor, debía estar lleno de renuncias y sacrificios. Abandoné algunas ideas, postergué algunos sueños, porque nos hacen creer que la cercanía alimenta los afectos y que abandonar a las personas, abre interrogantes sobre el amor que uno siente por ellos.

Nadie te dice que irte es parte de crecer y que crecer es necesario para amar correctamente, porque la madurez puede que sea toda la diferencia que se necesita para determinar el tiempo de duración de cualquier tipo de relación.

Nunca me fui de viaje, no me fui a ninguna parte, para dejarle en claro que lo amaba y porque no quería que él se vaya tampoco, menos solo. Pero, luego te das cuenta que no necesitas dejar de hacer para que el abandone también, no. Si él decide que hará algo, no hay nada que lo detenga, excepto una amenaza de dejarlo para siempre y aunque se quede, esa relación durará poco, porque un amor condicionado, no es un amor sano.

Ahora, ¿es posible que siempre que decidas quedarte sea por miedo a perder? ¿Qué tipo de amor puede ser ese? Uno que nos someta a reconsiderar las cosas que deseamos hacer ¿tan solo por no dejar de ser el guardián de quien dice amarnos? entonces, o no le creemos o no confiamos en el tipo de relación que hemos construido.

Voy camino a casa, pensando en que preciso de un tiempo para respirar, para reestructurar, para hacer ciertos compromisos de vida, recuerdo que otra vez y después de mucho, hay alguien en mis días, empiezo a construir la conversación que inevitablemente debemos tener para explicarle que quizá me ausente algunos meses, no años, no siglos, meses. Ya no pienso en la posibilidad de perderlo (aunque puede suceder), ya no pienso en que él puede tomarse ese tiempo también alguna vez, ya no pienso en postergar (menos a mi edad), ya no pienso en esperar para hacerlo todo juntos porque la oportunidad puede morir durante ese tiempo.

Reflexiono sobre el hecho de no sentir miedo de irme por un tiempo, surgen dos premisas, o me siento muy segura o no lo quiero. Una sonrisa pintada de ironía me obliga a preguntarme ¿es en serio? ¿Me estoy cuestionando los sentimientos solamente por el hecho de querer concretar un anhelo? ¿Tengo que quedarme para asegurarle que lo quiero? No, no puedo, ahora no.

Reafirmo lo que siento por él, yo quiero quedarme a su lado siempre. No me siento segura porque las personas no son candados, pero creo en lo que él siente por mí y en lo feliz que se siente cuando voy avanzando, así como yo lo quiero bueno en todo lo que haga. Y es que cuando alguien está determinado a quererte y a ser fiel en sus sentimientos consigo mismo y con quien ama, no importa la distancia, no importa el tiempo, sabrá honrar su palabra, y si acaso no sucede, entonces seguirás tu camino sin lamentar haber dejado de hacer lo que querías, por alguien que no pudo apreciar en el tiempo de ausencia, tu presencia.

¿Acaso no hemos renunciado a tanto hasta ahora? ¿Acaso no hemos aprendido que la renuncia no asegura nada, ni a nadie? Entonces, si tienes que hacer algo, hazlo sin miedo y sin condiciones. Quien te quiere, tiene que entender (con tono imperativo), que hay cosas que debes hacer y que aunque debas irte es preciso que te acompañe en la distancia, que te anime, que te espere.

Él (mi novio), quiere escalar el Everest, sonríe cada vez que me lo dice, yo quiero ir, si es que es posible, pero sino, él solamente debe prometer que tiene que sobrevivir, no le he dicho que no, no le he dicho que se quede, no tengo miedo que tarde, solamente quiero que regrese.

Alguna vez,  deje de hacer para entender (hoy) que no sirvió de nada, que no me amaron más, que no me valoraron más, que no me reconocieron la permanencia, y menos me indemnizaron el tiempo invertido. Así, he dejado de relacionar el amor a los sacrificios y lo he atado a la tolerancia con los sueños, propios y ajenos.

Y es que la vida es una cadena de sucesos, personas concretando anhelos, son personas felices, y las personas felices tienen la capacidad de amar a través de las satisfacciones que les dejan sus éxitos, y para ser una de ellas, tienes que confiar en que no se empieza dejando de hacer, sino haciendo, en compañía o en solitario, como uno decida, pero siempre, siempre, defendiendo lo que se quiere, lo que se lucha, lo que se anhela. Porque todo es ahora.


“La distancia no es un problema. El problema somos los humanos, que no sabemos amar sin tocar, sin ver o sin escuchar. El amor se siente con el corazón, no con el cuerpo.”

Esta frase se le ha atribuido mucho a Octavio Paz y a Gabriel García Márquez, pero en realidad no se ha podido determinar a quién pertenece.

En el extremo de la vida

No soy muy amante de la televisión, hace años que dosifico lo que veo y es que siento que no es la mejor inversión de mi tiempo.

Ayer estaba entretenida con un programa que se llama “kilos de muerte”, personas que han sufrido de obesidad mórbida y que luego en el recuento de los años, se han sentido infelices por cómo se ven, por todo lo que han dejado de hacer, por lo poco apreciados que se sienten y porque la mirada de las personas les afecta de modo que viven encerrados en casa.

El programa hace seguimiento de los dos últimos años, desde que las personas han decidido mudar de estilo de vida y  se sienten motivados a hacer grandes cambios.

Entonces empiezan una dieta, van al gimnasio, piden ayuda a la familia para tener la fuerza de voluntad que necesitan, van a terapia para reconocer que han llegado hasta ese punto porque han encontrado en la comida un “escape” a ciertos momentos de su vida, hasta que, llega el momento en el que deben someterse a cirugía para eliminar el exceso de piel por la drástica pérdida de peso que han sufrido en el tiempo.

La cirugía dura 6 horas y toma cerca de 6 meses que los pacientes se recuperen por completo, luego vienen las terapias de aceptación a su nueva vida, incluso hay mujeres que se han divorciado porque los esposos se sentían excitados por su obesidad y otros vivían felices sintiéndose necesitados y que ellas dependieran de ellos para todo, entonces cuando eso se terminó, se terminó todo.

Más allá de descubrir que alguien que te ve al borde de la muerte, te prefiera obesa, no es amor. Caes en cuenta que somos los seres complicados de toda la vida, que tenemos la oportunidad de evitar ciertos momentos y apreciar la vida, pero preferimos evadirla y llevarla a un extremo que nos quita sonrisas y nos llena de impotencia, para decidir que como estábamos en principio estábamos bien y que tenemos que regresar a ese momento y empezamos todo un camino de retorno, un camino que podríamos haber evitado pero como siempre, preferimos los atajos.

No estoy juzgando a las personas obesas, es solamente un ejemplo. Así como ayer cuando acudí a una celebración santa y dos jóvenes se arrastraban para llegar al altar y alguien decía: es probable que estén pidiendo el perdón de sus pecados, entonces no juzgas ni lo que piden, ni las formas en las que desarrollan su fe, ni su religión ni nada de eso.

No son las circunstancias, sino que, a través de ellas descubres las oportunidades que tenemos de evitar ciertas situaciones complejas, pero no, no lo hacemos. Preferimos siempre estar al borde para decidir no saltar, para decidir que hay que rehabilitarse, para salvar el matrimonio después de la infidelidad, para reconocer a los hijos cuando tienen 15 años, y miles de historias que se intentan rescatar después de haberlas asesinado soltándolas al vacío.

Si tenemos el regalo de la oportunidad para hacer un buen camino desde el inicio, cuidando nuestro cuerpo, cuidando nuestro espíritu, cuidando de rompernos lo menos posible, cuidando de no romper a otros irresponsablemente, entre miles de situaciones, no puedo evitar preguntarme ¿por qué no lo intentamos un poquito? ¿por qué necesitamos llevar la vida al extremo para valorar lo que en principio no apreciamos?

Y aunque escribir me ayuda a explicarme algunas cosas y a compartir los cuestionamientos que a veces se montan en mi cabeza, lamentablemente no siempre puedo encontrarle respuesta a todo, pero por lo menos un poco de luz para hacer el camino es lo que obtengo.

¡Feliz Domingo!

Demente

Hoy he visto a un hombre al que llaman demente. Sucio, desgarbado, comiendo restos de comida, perdido sin razones, perdido por alguna razón cierta pero desconocida. Lo llaman loco, le temen, no pasan cerca, no comparten la acera, no comparten nada con él.
Pero después de todo, de los noticieros, de los vídeos, de la delincuencia, de la guerra, yo lo prefiero a él, lo prefiero así, loco, inocente, en un mundo imaginario, con enemigos irreales, rodeado de justificaciones porque no sabe lo que hace. No siente frío, no siente vergüenza porque no puede verse, porque no se nota, porque se ignora así mismo como la gente lo hace, como lo hace la sociedad, como lo hacen todos, como lo hago yo.
Y lo prefiero sobre la gente con consciencia, sobre aquellos que te agreden premeditadamente, sobre aquellos que lo planifican todo para secuestrar a otro, sobre aquellos que te roban la fe, sobre aquellos que creen en las mentiras piadosas.
Hay quienes vociferan en las calles, gritan cosas que no se entienden, que nacen de alguna circunstancia que han vivido y los ha tocado de alguna manera.
Envidio profundamente la fuerza que los domina, su ira contenida, porque aunque también la alcanzo frente a un mundo que se hace trizas, no logro sacarla de mí, la comodidad me apaga completamente, soy parte de una sociedad contra la que me hago rebelde cada día y cada día cuando veo un demente recuerdo que todo lo que sucede afuera mientras no toque mi vida se hace irrelevante, ¡que vergüenza conmigo!
A él y a mí nos persiguen demonios diferentes, los de él existen en su mente, los míos andan por todas partes matando gente.

Al final del Camino

Cuando la vida te toca a través de la muerte, puedes notar que la certeza no existe y que la seguridad se desvanece, contabilizas el tiempo perdido e inevitablemente te culpas por cosas que ya no importan porque las personas han dejado de estar.

Si el camino ha sido bueno, te quedará la reconfortante satisfacción de la entrega en cada momento, en cada paso. Soltarás las lágrimas que recogiste cuando te necesitaron y entregarás tus alas para dejarlos ir, para dejarlos volar.

Siguen siendo días difíciles para nuestros hermanos de Ecuador, aún tienen en la memoria: días de terror, de horror, de hambre, de frío. Han pasado del miedo a la tristeza, sus años de trabajo, de sacrificio, han quedado en escombros; yacen entre los cuerpos de sus seres amados, de quienes ya no están, de quienes nunca más estarán, no hay una cama en donde echarse a llorar, no hay un mueble para sentarse a pensar en lo que yo pienso ahora.

Consigues todo a punta de esfuerzo, dejas a la familia, duermes poco, comes a medias, y la vida que dejas de vivir te entrega recompensas que la naturaleza te arrebata, entonces buscas a la familia que no visitas, buscas la comida que dejaste servida, quieres dormir para olvidar y piensas que si pudieras pedir algo, sería tiempo.

¿Cómo se puede ser sensata en un mundo que convive con la locura? Todo está al revés, la gente trabaja por lo que no dura, desperdicia los mejores años de su vida para tener cosas y no recuerdos, para tener lujos y no sensaciones, las personas son lo que tienen y no lo que valen.

Y no, no me ha pasado, pero me ha tocado, no he querido, pero la muerte siempre me hace lo mismo, me opaca, me empuja a re-ordenar mi mundo, a recordar que no importa si lo tengo todo cuando me he perdido yo, que la vida no es importante sino compartimos lo poco que tenemos, que sino entregamos no es posible albergar más porque estamos repletos, que por los momentos oportunos no tenemos que esperar, que se crean, que se inventan, que nacen si quieres, sin peros, sin distancias, sin excusas, sin justificaciones que luego te reprochas y te crean culpas.

He perdido personas porque la muerte las ha abrazado o porque la vida las ha puesto en donde no puedo estar, pero he perdido y perder para volver a intentar está bien, pero perder para siempre ¡qué difícil!

El terremoto se ha llevado a mis desconocidos hermanos, pero hermanos al fin y al cabo, y ayer la leucemia se llevó a quien un día me dio alas para salir de donde estaba, las alas que le he devuelto para que pueda ir a donde desee ir, porque ya es libre de su enfermo cuerpo, porque ya es libre de un mundo lleno de exigencias sobre cosas sin sentido, sobre lo que nos infla el ego mientras asesina nuestra compasión por el dolor ajeno.

He sentido que un suceso ha estado detrás de otro, con la ausente inmediatez que se necesita para amar, pero a veces no estamos prestos por miedo, y cuando nos hacemos valientes nuevamente ya no hay tiempo. Piensa mientras vives, vive mientras trabajas y trabaja en lo que te hace feliz.

No te estoy llamando a vivir en el conformismo, pero si vas a tener ambiciones que no sean a costa de todo, que no sean pisando a otros, que no sea vendiendo tu alma, que no sea cargando culpas, que no sea agachando la cabeza, pero sobre todo que no sean ambiciones que no van a superar la eternidad.

La muerte me ha sumergido por estos días en profundos cuestionamientos, me ha permitido reflotar las razones por las que estoy (por las que aún estoy) y después de eso, es preciso que seguir viviendo tenga un sentido pleno, quiero vivir la vida con la sencillez que se amerita, para que cuando toque perder se tenga que llorar más por las personas que por los bienes, y que para cuando me toque morir, los buenos recuerdos me dejen ir con  la sonrisa que hoy ante tanto dolor no tengo.

Después de cada viaje

Después de cada viaje no solo queda el aprendizaje, las fotografías, los buenos recuerdos, los conocidos y las anécdotas. Queda más que eso, queda el autoconocimiento, el respiro de la rutina, las ganas de hacer más, las alas crecen y el amor por la vida se expande.

Siento una profunda admiración por quienes nunca salen de casa y son felices, porque han sido más eficientes en la administración de las herramientas que tienen, yo, sin embargo, no lo he logrado y he forzado mis finanzas y mi cuerpo (porque viajar también cansa) para alcanzar la plenitud en la cima de altas montañas, en la extensión de los desiertos, en la inmensidad de un salar o en los colores extraños de algunas lagunas. Definitivamente, el medio que nos rodea nos da vida, lamentablemente no todos necesitamos el mismo entorno.

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Escribo esto luego de estar fuera de mi mundo, de ver una vez más espacios extraordinarios, no me sueño en una vida estática, no me sueño lejos de casa (no por mucho tiempo), yo necesito la mitad de ambas cosas, como siempre, no lo quiero todo pero en la “nada” también me pierdo.

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No todos tenemos pulmones, algunos nacieron con branquias, fuera del agua no hallan vida. Si no quieres salir, no arriesgues, con miedo no se vive. Si quieres irte, no lo pienses, si piensas mucho no haces nada y si quieres hacer, deja de hablar, de pensar, de soñar, enfócate y punto, cuando menos puedas notarlo estarás en la mitad de todo lo que deseabas.

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Muchas de las cosas que vivimos tiene un punto de inicio y un final, lo que significa que casi todo es una cadena, casi todo es una hilera, si no empiezas un amor no pasarás por la ruptura, sino sales de tu zona de confort jamás descubrirás hasta dónde eres capaz de llegar.

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Esta es la carta que escribo desde el escritorio que dejé hace poco más de 15 días, pero en mi cabeza hay tantas cosas que deseo plasmar porque he salido a comprender lo que estando aquí nadie me puede explicar.

Sigo haciendo la vida que quiero, intentando que cada latido signifique eso, que estoy viviendo, aunque mañana encuentre la muerte y sea nada para muchos, soy mucho para otros y por esos otros es que me lanzo en parapente por las calles de la ciudad.

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Intenta conversar con quienes ven la vida como tú, así siempre tendrás un contagio de fe, así sabrás que no estás solo, así recordarás que no encajas pero que como tú hay otros más y sobre todo, admira a otros para que te inspiren, no seas mediocre, no creas que seguir a la gente es muestra de que careces de personalidad, al contrario, solamente quien se conoce sabe que sigue a otro no como un cordero, sino por ahorrar un poco de tiempo, luego de eso, hacemos un camino nuevo. Como cuando se arma una ruta de viaje, no hacemos un mapa de cero, el mapa ya existe, los consejos de otros viajeros se anotan, porque aunque cuando se haga todo exactamente igual, la experiencia siempre será diferente.

Hay un loco al que adoro (un buen amigo), me alquila una habitación en su departamento (a 40 minutos de donde vivo), y voy allá cuando decido tener un día de ciudad, cuando quiero hacer algo diferente. Así que, llegué y abordé un taxi para dejar mis cosas en el departamento y el taxista que ya estaba incómodo por darle unas vueltas más a la calle (no me ubico bien a veces), me dijo que no podía esperarme para llevarme a otra parte, así que, me tocó pagarle por el servicio y le entregué un billete de denominación alta, a lo que sus ojos me dijeron que no tenía cambio, llamé a César y me dice: ahora te alcanzo monedas. Cuando le pagué, el señor tiró las monedas en una cajuela que tenía en el auto y se marchó. Ingresé pensando: que hombre para malcriado, todo el tiempo fue descortés, todo el tiempo estaba allí enfurecido por todo y por nada, no sentí que hiciera un servicio sino que me hizo un favor. Entonces César me dice: no te enojes, no todos hacen lo que les gusta, hay personas como el taxista que hacen algo por hacer, porque no tienen más opciones, porque no quiso arriesgar a hacer lo que realmente le gusta, tú eres una persona feliz, por eso no lo entiendes, no todos son como nosotros. Y mi expresión cambió, pasé de la cólera a la comprensión.

Es bueno que te rodees de personas como César, aunque medio mundo me diga que está loco, está más cuerdo de lo que muchos piensan, porque hace lo que quiere, dice lo que piensa, se involucra en todo aunque no todo lo termine a veces, pero es así, es feliz. Rodéate de personas que te ayuden a crecer, a ver la vida de forma positiva, que te arranquen una sonrisa, a todos los demás no los evites, solamente raciona tu tiempo con ellos.

No hagas una vida cómoda, haz la vida que te gusta, no queremos más personas insatisfechas en el mundo porque como ya te dije, todo es una cadena. Y qué si no encontraba a mi amigo, es seguro que el taxista me habría arruinado un poco la noche, entonces, no es justo que por no ser valientes al asumir nuestros sueños vayamos dejando por allí un poco de eso.

Lamento mi ausencia, pero siempre es necesario desconectarse para encontrarse una y mil veces más, no te digo que viajes porque es lo que a mí me da vida, TÚ haz lo que te haga feliz aunque sea ir a ninguna parte, porque allí donde estás puedes ser lo que quieras ser.

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Después de cada viaje, siempre hay mucho por escribir.

Jaque Mate

Todo el tiempo mientras vivimos o mientras existimos (vivir sin sentido) tenemos que tomar decisiones.

La vida es como una tablero de ajedrez, depende que pieza decidas ser para saber de qué forma puedes moverte, ya nos gustaría vivir sin restricciones como el rey, pero eso no es posible y aunque puede sonar terrible, lo positivo es que en este juego de vivir siempre tendremos quien nos cuide un poco.

Las elecciones se encuentran en cada recuadro de la tabla en la que nos movemos, a veces son blancas opciones, a veces oscuros momentos, pero de ninguna manera es un juego estático, mientras tú vas avanzando hay otros que avanzan contigo y también hay quienes deciden retroceder.

Cada quien decide qué juego desea hacer respetando las reglas para ayudarnos un poco, para no salir del tablero, para no ocupar los lugares ajenos, para no ser piezas que no somos, para no saltarnos recuadros y perdernos momentos o para no pasar de largo hasta el otro extremo, las reglas que nos orientan suelen ser bendiciones que no podemos rechazar.

Puede que un mal movimiento te ponga al filo de la muerte, puede que te sientas seguro avanzando recuadro por recuadro y de pronto y sin notarlo la vida te pone en Jaque Mate. El médico dijo:  Hay que hacer una Biopsia, nunca me sentí tan asustada, nunca sufrí una noticia tan sola, nunca pedí nada más que vivir, ni siquiera pedí que fuese mentira, pedí que tuviese solución, pedí alternativas de lucha.

Fueron los 10 días más intensos y llenos de insomnio que alcancé a tener hasta hoy, pensaba en todo lo que me faltaba hacer, pensaba en que si no había solución entonces haría una lista de prioridades y que si las tenía (opciones) entonces iba a ponerme en pie de lucha, pensaba en todo el tiempo que desperdicié con las personas equivocadas y en todas las cosas que no hice por miedo, pensé en quien me sufriría más y en quien me olvidaría pronto, pensé en aquel que me dejó más de lo que le pedí y en quien invertí menos de lo que merecía, pensé en que debía dejar de odiar a quien odiaba en ese momento por si tenía que dejarme atrapar por la muerte, pensé en todo lo que me fue posible mientras se me terminaban los días para escuchar las novedades que tenía mi cuerpo para mí. Entonces recordé que nunca elegimos sufrir, pero siempre elegimos a quien nos hace sufrir, mi paso por este momento me lo dejo en claro.

Callé porque existen cosas que a veces no es necesario compartir, propagar tristezas y preocupaciones no es mi especialidad, además lo único que cambia un resultado es la fe con que vives el tiempo de espera (estoy convencida de esto).

No había cáncer, pero para no  correr riesgos era preciso operar. Entré al quirófano pensando en otras mil cosas sin dejar de agradecer que la situación fuese más liviana de lo podría ser, jamás pregunté porque estaba allí, yo tenía las respuestas que cualquiera en mi lugar habría querido obtener, lástima, con todo tan resuelto no era posible victimizarme.

Me recuperé pronto, asistí a los controles y de cuando en cuando (como hoy) recuerdo que debo tener cuidado, porque un día de estos la vida podría ponerme nuevamente en la misma situación, la vida podría ponerme al filo del tablero o en el centro pero en Jaque Mate otra vez, pero ahora sería diferente, porque después de aquellos días, me hice consignas muy fuertes:

  1. No perder el tiempo con quien se vive dos recuadros hacia atrás y uno hacia adelante.
  2. Prepararme para no pensar (otra vez) en todo lo que no hice, sino para recordar todo lo que logré hacer, quiero que me falte tiempo pero que nunca me falte ánimo.
  3. Si tengo otros 10 días no quiero que sean de insomnio, es mi deseo que estén plagados de sueños.
  4. Conocer a todas las personas que la vida me ofrezca, sin permitir que se queden conmigo bajo promesas que no pueden cumplir, a la menor provocación de incumplimiento debo marcharme, ya me he dejado ir en cuerpo y alma y me ha costado recuperarme para soltarme otra vez con tanta facilidad. No quiero.
  5. No estar en donde no deseo estar, no llenar espacios en donde me sienta ausente, en donde no me halle, en donde se extravíe mi mente.
  6. Convencerme por cuenta propia de que NO es posible alcanzar algo, pero jamás a través de experiencias ajenas.
  7. Dejar de pensar en “ganar” en el tablero de la vida, de ahora en adelante me preparo para el Jaque Mate, para perder la vida un algún día, después de haberla disfrutado por años.

Las personas creen que la vida me ha cambiado porque amé y me fallaron, que empecé a vivir cosas diferentes por decepción o porque tengo miedo de enamorarme nuevamente, que no quiero tener hijos porque digo que disfruto de mi estado de vida actual y  que me escudo diciendo que soy feliz (porque creen que no es verdad), pero después de todo,  la gente cree lo que quiere creer, lo cierto es que (sin ser madre) considero que la única persona que puede cambiarte la vida completa y extraordinariamente, es un hijo, jamás un ex novio.

Muévete en el tablero de la vida, reconócete como pieza fundamental, no desconozcas las reglas, no tengas miedo de avanzar, prepárate constantemente para los Jaque Mate, puede que no sean definitivos pero convenientemente te hacen intrépido, sagaz, fuerte y sobre todo sabio, aprende a moverte sin pensar demasiado pero sin dejar de pensar también, aprende que si no te mueves para no correr riesgos entonces siempre serás parte del juego aunque jamás hayas jugado.

¡Tú decides!

Q.E.P.D

Y si mañana es el día de mi muerte, hoy debo afirmar que:

  1. No pude odiar a tantos que lo merecían, porque aprendí a no cargar sentimientos que no me edifican.
  2. No aprendí a ser mezquina, porque jamás olvidé que se gana mucho más con la generosidad.
  3. No conocí al amor de mi vida, pero viví enamorada de mi vida completa y efusivamente.
  4. No aspiré a ser importante, porque nací siéndolo y esa condición congénita la conservé hasta hoy que me toca marcharme.
  5. No envidié los triunfos de otros, porque siempre estuve trabajando en los míos, poco terrenales quizá pero igual de importantes.
  6. No ambicioné lujos o bienes materiales porque no trabajé para alcanzarlos, por eso moriré repleta y desbordada de recuerdos y experiencias que no tienen más valor que el sentido que le han dado a mi vida.
  7. No concebí, no parí y suena triste pero hoy no tengo que preocuparme pensando que mi pequeña se quedará sin mí para extrañarme siempre.
  8. Me responsabilicé por cada cosa que hice incluso por todo aquello que no hice, quiere decir que no albergo arrepentimientos porque decidí casi todo a consciencia.
  9. Amé del modo en el que me habría gustado que me amen y aunque ya no pude disfrutarlo, me sirve decir que amé y eso me hace más feliz de lo que otro podría haber hecho por mí.
  10. Me traicionaron y conocí el dolor, me abrazó hasta hacerme perder la consciencia y cuando desperté ensayé cada día para sufrir en la medida justa, sin armarme caparazones y sin quedarme desprotegida.
  11. No logré ser la buena persona que siempre quise ser, pero tengo toda una bitácora de los muchos intentos para exponerlos cuando vaya al cielo.
  12. No escribí mi libro a orillas del Sauce, pero escribí todo lo que escribí a orillas de mi vida, en aquellos extremos en los que solamente mi vieja computadora me comprendía.
  13. No cubrí las expectativas de muchos de los que me rodean, pero no hacer lo que ellos deseaban me ha permitido hacer lo que yo realmente quería hacer, entonces muero siendo antagónicamente egoísta y feliz.
  14. No pude controlar mi personalidad vehemente así como tampoco pude ser menos temperamental, pero pude a raíz de eso, aprender a pedir perdón por mis emotivas y deformes actitudes pero llenas de buenas intenciones, de las que se dicen “que construyen el infierno”.

Y vivir así como he vivido me ha permitido descubrir el inmenso amor que siento por la vida y el temor que siento por la muerte y entonces, DESCUBRO EN MI MAYOR AMOR MI MAYOR TEMOR.