Cenicienta

Y ella juntando las manos se puso a rezar, me sorprendió que en tiempos como estos existan adultos que oren de esa forma tan celestial, recordé quién era yo hace algunos años, alguien que se le parecía, alguien que hoy no está, pero retroceder para volver a ser quien fui ya no me es posible, aunque quisiera, aunque me esforzara un poco, porque en realidad y a pesar de todo me gusta más quien soy ahora.

Días después logré saber que ella había ocupado el corazón de aquel a quien yo miraba con admiración, de hecho lo mío no era amor, quizá era una mezcla de sentimientos en donde el deseo primaba y ambos lo sabíamos, porque como buenos amigos nos sentamos un día a conversar al respecto, mi personalidad era demasiado para él, no estaba acostumbrado a un ser tan “social”, una idea equivocada que tienen muchos, en realidad soy una tortuga escondida en su caparazón que de cuando en cuando podría sacar la cabeza para respirar algo un poco diferente.

Comprendimos nuestras diferencias y no le dimos más vueltas al tema. Me habría gustado que fuese distinto, me habría gustado que me diera el beso que evité, así soy, me evito cualquier situación que podría complicarse a futuro, liarme a estas alturas de mi vida (cuando me es fácil sobrellevar una serie de eventos), no gracias, no está en mis planes.

En fin, nada relevante ha sucedido entre nosotros, nada que vaya más allá de algunas platicas y algunas sonrisas, quizá algunas caricias públicas de esas que tienen los buenos amigos, nada que sea importante.

Sin embargo, hoy se ha despertado un fuerte cuestionamiento en mi interior: ¿En verdad no era posible superar las diferencias? ¿Acaso no podría ser esa niña dulce, introvertida y conservadora otra vez? Quizá así podría encajar en su vida, quizá así podría calzar en su mente.

Entonces retrocedí en el tiempo, eliminé mis viajes, eliminé mi independencia, eliminé mis deportes de aventura, eliminé todo aquello que me ayude a convertirme en una posibilidad para él, y allí estaba yo, llena de apegos, llena de miedos, incapaz de viajar sola, incapaz de decir que no, incapaz de defender mis sueños y me asusté, me gustaba quien era, pero no me gustaba lo que me rodeaba, hoy me gusta mi entorno, me gusta la gente que está y la gente que sabe cuando ausentarse, adoro las experiencias que vivo, amo las cicatrices que llevo en la piel porque las del alma  ya no importan más, descubro que mis decisiones a veces son muy malas pero son mías, ya no soy tan buena porque ya no soy complaciente, ya no soy lo que los demás desean, ahora soy lo que quiero ser aunque eso haga inalcanzable a algunas personas para mí, a personas como él por ejemplo.

Ser in-elegible no me asusta, desandar mi camino me aterra, no me veo regresando a ser quien era, eso sería como afirmar que no importa todo lo recorrido porque ha sido poco o quizá siento que ha sido suficiente, y la verdad es que ni una ni otra cosa es.

Recordé el cuento de Cenicienta, fui hasta el momento en el que la buscaban desesperadamente entre muchas mujeres, todas deseaban ser ella, todas hicieron de todo porque les calce la famosa zapatilla, intentos forzados, cuentos inventados, súplicas para obtener todo lo que estaba en juego, y nadie lo logró, a nadie le calzó.

Y me pregunto: ¿Quiero ser como esa pobre zapatilla? Forzada, manipulada, estirada, maltratada para perder mi forma y calzarle a alguien? ¿Qué tan dispuestos estamos para moldearnos una y otra vez ante cada posibilidad que aparece? ¿El final de cuento vale cualquier esfuerzo? Y si acaso logramos “hacernos” en las personas, ¿qué tan cómoda va a sentirse o cuánto tiempo soportará estar con quien le “aprieta” la vida? No puedo, quisiera escribir que no quiero, pero honestamente a veces quiero (a veces cuando hay personas que merecen sacrificios), pero no puedo dejar de ser, ni ser como a otros les parece, entonces no puedo.

Complicado comprender porqué tienen que existir tantas tallas, formas, empeines, juanetes, callosidades a quien “quedarle bien”, complicado pero no imposible.

Llegará el día en el que nuestra vida le quede perfectamente a alguien tan especial y defectuoso como nosotros.

Fe.

2 thoughts on “Cenicienta”

  1. Es increibe tanta verdad en tus escritos me llegan al corazon ojala y todas las mujeres supieran cian valiosas somos yo deje de ser cenicienta y ahora soy una reina x q me amo y me acepto como soy y soy feliz disfruto todo dia a dia .

    1. Que alegría María Isabel, no existe nada más reconfortante que encontrar mujeres valientes, que se aman, que se aceptan y que a costa de ser llamadas exigentes, no permiten estar con quien no reconoce su valor. ¡Bravo por eso! Un abrazo desde Perú.

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