Compensación

Hace unos años aprendí que respecto a sentimientos no existe ley de compensación que se pueda aplicar.
Los buenos momentos jamás compensan los malos, la sonada frase de “hazlo por los buenos tiempos” no ha llegado a persuadirme, pues me suena a “me merezco tu perdón porque un día te di un puñado de sonrisas”.
Imagina si llegáramos a creer que nuestros buenos actos justifican nuestros pecados, viviríamos haciendo lo que nos venga en gana y automáticamente pensando en ¿Qué haremos para repararlo mañana?
Y será que mi corazón no se convence tan fácilmente porque cuando lo traicionaron intenté hacerle un resumen de todos los motivos por los que valdría la pena lo reconsiderara, entonces me hizo saber que si lo amaron es porque se lo mereció, que dio lo mismo o quizá más, que no sentía que le debía nada a nadie, que no tenía deudas y por tanto, nada que sumar o restar.
Cuando nos toca tomar decisiones ante el dolor, es necesario pensar en lo que podemos hacer de allí en adelante, pensar en qué manera lo que vamos viviendo va a transformarnos, pensar sobre todo si es que podremos lidiar con el día a día, porque el pasado a ésas alturas solamente es un recuerdo, lo importante es descubrir si la persona también lo es, o quizá ni siquiera es quien parecía ser.

No importa cuánto nos amaron, con seguridad hicimos lo mismo, por tanto no hemos sacado nada al crédito, todo lo hemos ido pagando en cada instante que se nos ha presentado, por ende, si vas a continuar con quien te lastimó, hazlo sin buscar en el pasado los motivos para vivir el futuro.

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