Cuando el amor habla

Cuando el amor habla, se deja ver en los detalles, en esos que son gratuitos, que  florecen en cualquier parque, rosas le dicen.

Cuando el amor habla, se hace presente en mitad de toda ausencia, en medio de toda distancia, a través de los mensajes, de los correos, de cartas o telegramas, comunicación le llaman.

Cuando el amor habla, se aprecia en el esfuerzo diario, en la lucha constante por tallar excesos, y aunque no deberían, sacrificios les dicen.

Cuando el amor habla, las palabras fluyen, los sentimientos pueden palparse, el futuro no se ve lejano, las promesas se hacen reales, y compromiso suelen llamarle.

Cuando el amor habla, los errores se asumen, se perdona y se pide perdón, se aprende a lidiar con el dolor que causan las decepciones, valentía le dicen.

Cuando el amor habla, la confianza se valora, la fidelidad cobra sentido, hacer el amor deja de ser solamente sexo y la intimidad complementa el sentimiento, pocos los conocen, pero valores todavía les dicen.

Cuando el amor habla, la delicadeza lo envuelve, la paciencia se empodera, y sin parecer temeroso, se hace escuchar en medio de tanto pleito, comprensión le llaman.

Cuando el amor habla, la indiferencia desaparece, no existe aceptación si el panorama se torna difícil, sino que,  las brechas se cubren a través de nuestro interés por el otro, preocupación le llaman.

Cuando el amor habla, las situaciones no son arbitrarias, nadie debe comprender a nadie, al contrario, cada momento debe ser compartido, bueno o malo, debe tocar a las personas en la misma medida, no aceptamos conveniencias, empatía le dicen.

Cuando el amor habla, las expectativas mueren, porque recibimos más de lo que esperamos, y entregamos más de lo que creíamos seríamos capaces de entregar,  y es cuando te das cuenta que más allá de todo significado, el amor se deja ver, se hace real, se hace verdad.

Pero cuando el amor calla, cuando no nos dice nada, cuando no hay eco, cuando no podemos saber en dónde está porque se ha encerrado en el silencio, nos preguntamos si es preciso forzarlo para que nos diga algo, o es mejor entender que quizá ya no tiene nada que decirnos.

Nos tomamos un tiempo para saber qué hacer, nos acompaña la duda, la impotencia, la nostalgia, pero a pesar de tanta compañía, no decimos nada, no reconocemos su presencia y no hablamos con nadie.

Pero tienes que saber, que sin importar el tiempo que te tome, un día cualquiera podrás distinguir y determinar, si el amor ha dejado de ser amor.

Y sin dudar, con toda la convicción del mundo, te puedo decir que, hay silencios que terminan gritándote que es hora de marcharte, y cuando eso suceda, te irás aunque no quieras.

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