Déjennos solos

“Su hermano la miraba tiernamente mientras le explicaba que iba a mudarse, que intentó adaptarse a la nueva ciudad, pero que no pudo, que no se sentía cómodo, que su sentido de pertenencia no se había desarrollado, que no era parte de nada en aquel nuevo lugar, lo intentó por dos años, era “nuevo lugar” para alguien que vivió 28 años en su ciudad natal, ciudad a la que pensaba regresar”

Quisiera sentirme como el hermano de ella a veces, quisiera ser parte de algún lugar, quisiera sentir que tengo la necesidad de plantarme con alguien o sin nadie en alguna parte, pero no puedo, me esfuerzo por creer que ya tengo lo que otros buscan, que mientras la gente encuentra estabilidad se siente plena, se siente feliz, pero no me sucede lo mismo, me he rebuscado y no he encontrado respuestas.

Cada cierto tiempo siento la necesidad de mudarme, de no querer permanecer, sobre todo cuando el nuevo lugar empieza a parecerse al lugar que dejé, no al del inicio, sino al último que dejé, en donde ya hice amigos, ya tengo lugares favoritos, ya tengo múltiples compromisos, en donde tengo todo lo que me regala familiaridad, pero resulta que mientras más gano, más me vuelvo a perder. Y es que cuando nace el acompañamiento nace también mi desencanto, ya no quiero estar, siento que me vuelvo a saturar, que mis espacios desaparecen, que ya no son míos y aunque evito compartirlos no siempre se puede.

No tengo demasiados argumentos, no tengo muchos motivos, solamente sé que un día empecé a sentirme de ese modo, como cuando te dicen que tienes aquella enfermedad que no es mortal pero que no tiene cura, que no tiene antecedentes, pero que es frecuente a cierta edad, en conclusión, no hay explicación y solamente queda la aceptación. Algo similar me sucede con esto que siento y que apareció para quedarse, que no va a matarme, y que curiosamente a  veces hasta me regala vida.

¿Cuántas personas pueden sentirse así? ¿Es normal? Todo el mundo le tiene miedo a la soledad, en cambio yo la defiendo a capa y espada, no quiero cederme, no quiero compartirme. He alcanzado el egoísmo en plena primavera y la admiro como si tuviese belleza.

Me asusta a veces mi independencia, me interpela y me empuja a la búsqueda de razones que me inviten a complicarme con la vida de otros y a complicar a otros con mi existencia, pero le he contado tantas veces mis historias, le he dicho que ya he vivido entrelazada con muchas personas y que ahora es tiempo de intentar otras formas, pero ella no entiende, ella no quiere entender.

Siempre digo que en la vida para hacer las cosas que nos gustan, tenemos que hacer las que no nos gustan, porque nada es perfecto, pero todo es posible. Voy a seguir intentando quedarme un poco más aquí, en la nueva ciudad que empieza a envejecer y que irónicamente me lleva a trote.

Siempre me dicen que cuando me enamore entonces dejaré de sentirme así, tan fuerte, que no me cortarán las alas sino que volarán conmigo. Siento curiosidad por saber ¿Qué pasará cuando dos solitarios un día se encuentren? ¿Estarán dispuestos a compartir su amor por su soledad, prometiendo respetarla y amarla hasta el final de sus días?, o acaso guardarán absoluta fidelidad a quien les ha permitido amarse, descubrirse y sobre todo, reconocerse ante las masas que los han visto todo el tiempo de una forma diferente, de esa forma en la que ellos también solían verse.

Déjennos solos hasta curarnos, hasta el día en que deseemos estar rodeados, hasta el día en que logren convencernos que lo nuestro no es normal, pero hasta ese momento déjennos solos.

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