Dime ¡adiós!

Te observo mientras duermes, preguntándome ¿Qué ha cambiado?
Ya no me miras como antes, tus besos no eran de los que una quisiera todo el día pero al menos existían, tu entrega no tenía pausas y tú, tú eras tan poco común, tan especial.
De pronto te siento distante a mi lado, con frases cortas al teléfono, conversando sobre lo cansado que estás mientras yo te extraño cada día más, no lo digo, no quiero llorar, no quiero que se me note tu ausencia en el pecho, pero quiero escapar de estos días de tormento, de tener que aceptar que no me quieres más.
No me queda mucho tiempo, pronto he de pedirte que me dejes ir, quiero que grites que me vaya, es preciso escucharlo, ya no quiero sufrir con tus actos, con lo que haces y dejas de hacer.
Amor, dime ¡adiós! para no volver, para recordar tu voz cada vez que desee retroceder, para terminar de entender que lo nuestro no da para más, para dejar de esconder mis lágrimas.
Amor, deja de hacer eterna mi agonía, deja de tratarme mal mientras esperas que mi intuición me explique tu lejanía, no permitas que el tiempo asesine lo poco que queda, no permitas que me marche con arrepentimientos que ahora no siento.
Yo no me excluyo de la culpa, pero al menos intento cada día la cercanía, intento el amor, intento el placer, intento lo que tú guardaste en el desván y así, así no se puede, así todo intento pierde sentido, así me pierdo también en el camino.
Amor, dime ¡adiós! y deja de golpearme con tu indiferencia, con tu desgano, con tu intolerancia, pero si no quieres, entonces seré yo quien decida que a mi autoestima no la tocas más y dormiré de mi lado de la cama mientras voy recogiendo el valor que dejé por las escaleras de la casa, para dejarte, para librarme, para vivir en paz.

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