El pasado, en su presente

Nunca había imaginado antes, que el pasado se podía vivir en el día a día. Siempre creí que mientras una hace el camino, todo lo que vas dejando atrás se convierte en olvido. Entonces una vez más, me he sentado a mirar como algunos tienen un antaño filtrado en los días que acontecen y en  los que vendrán.

Ella lleva el pasado en sus venas, ella ha recogido del amor, un fruto amargo. La he mirado a los ojos, la he visto sonreír, le he creído desde siempre, una mujer feliz.

Después de aquella noche descubrí, que su sonrisa estaba sostenida sobre una gran tristeza, detrás de sus lágrimas aparecía un pasado que traía consigo historias y recuerdos, su pasado se hizo presente, su pasado me lo dijo todo.

Y la vi, sostenida del cuello de aquel que le juró amor eterno, se veía radiante, yo estaba envuelta en toda su historia, pero su pasado me echo en mesa las cartas negras, y la vi tendida en el piso, él (su amado) se había marchado y la había condenado a muerte, la sumió en la tristeza, en su sangre lleva la condena de haber amado a uno que ha amado a muchas.

Yo no quería sentir compasión por ella, pero en mitad del silencio no existía otro sentimiento, en mis brazos la he envuelto, me he preguntado si amar puede dejar semejante lección de vida. He reafirmado que el amor y la intimidad no pueden gozar de la misma confianza, porque es posible sobrevivir a la traición, pero no a la muerte.

Y así como un día nace el afecto, otro día nace el deseo, y la intimidad se convierte en una extensión del amor, y la intimidad se adueña del significado de la entrega, no mides consecuencias, te dejas llevar como lo hizo ella, y ahora es ella quien la lleva a cuestas, quien la carga en forma de resultado.

Me admira que al dejar de abrazarla, lo primero que vea en ella sea, un rayo de esperanza, el fulgor de sus ojos me dice que puedo irme en calma, ella ha perdonado a quien sabiendo lo que había sucedido, la traicionó para luego intentar quedarse, ella no pudo desechar lo que habita en su cuerpo, pero se deshizo de todo lo que se había anidado en su alma.

La he visto pasar algunas veces por mi casa, siempre radiante, siempre tan bella. Valiente de ser quien es, con un pasado que lleva consigo, con un pasado que la aterra en cada consulta médica. No sé si inevitablemente ella tenga que enfermar un día, pero mientras pido porque eso no suceda, escribo para decirte que sobre el pasado no todo se ha dicho.

Escribo para pedirte que ores por ella.

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