EL PRINCIPITO

-¡Ah, -exclamó el rey al divisar al principito-, aquí tenemos un súbdito!

El principito se preguntó:

“¿Cómo es posible que me reconozca si nunca me ha visto?”

Ignoraba que para los reyes el mundo está muy simplificado. Todos los hombres son súbditos.

-Aproxímate para que te vea mejor -le dijo el rey, que estaba orgulloso de ser por fin el rey de alguien.


Cada vez que tengo un libro, es increíble lo mucho que tardo en terminar de leerlo, lo analizo, lo desgloso, lo re-leo, y me tomo el tiempo que a otras personas les podría alcanzar para leer dos libros o más. Y en realidad, me sucede con casi todo: cartas, e-mails, tarjetas, etc.

Estoy a la mitad del Principito, he escrito pequeñas cosas en mi Facebook personal, hasta que encontré el texto con el que inicio este post.

¿Por qué he decidido centrarme en este fragmento? Pues porque quizá me remonta a ciertas situaciones en las que las personas se enaltecen por cuestiones insignificantes.

Dudas que me abordan:

  1. Cuántas personas sintiéndose líderes porque tienen un seguidor o unos cuantos aduladores, menospreciando así a otros, creyendo que nadie tiene la capacidad de hacer lo que ellos hacen.
  2. Cuántas personas ufanándose de un título, de un cargo, de un puesto de trabajo, de un puesto de confianza, sin caer en cuenta, que todo aquello es temporal. Sin preguntarse ¿Qué me queda después de todo esto?
  3. Cuántas personas vacías y carentes de afecto, intentando alimentar el ego, tomando decisiones absurdas sobre otros, ejerciendo su poderío a través de la humillación.

Entonces ¿Se puede ser rey de un solo súbdito?

Y no estoy molesta, estoy llena de asombro ¿Cómo podemos sentirnos tan grandes en un universo que nos empequeñece?

Eres alguien conocido para cierta población o grupo humano, pero para alguna mitad del planeta simplemente eres inexistente. Y digo conocido, porque todos somos importantes en el medio en el que nos desenvolvemos, para las personas que nos aman, para las mascotas que cuidamos.

¡Todos somos! Y todos merecemos que nos miren y nos traten con respeto, pues subordinados o no, sentimos, soñamos, luchamos.

Me es imposible la indiferencia, tampoco me afecta en gran medida, solamente me hace reflexionar sobre nuestra razón de ser, de estar. ¿Cuál es el legado que deseamos dejar? ¿Quiénes y cómo deseamos que nos recuerden?

La autoridad no se proclama, se gana con coherencia, con justicia, sobre todo con argumento.

Pido porque nuestros dones y talentos, no sean usados para jactancia o vanagloria, sino para nuestro bien y el de los demás, porque: «Si eres fiel en lo poco, se te confiará mucho más». (Mat 25,21)

Y es que al final de la vida, nos queda la muerte, y deberíamos de forma consciente, llegar hacia ella, en paz.

¡Buena Semana!

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