Ella

Ella corría descalza por la sala de la casa, gritaba pidiendo ayuda y parecía que nadie podría salvarla de aquel que la perseguía con correa en mano, aquella noche ella se rescató lanzándose por la ventana, su cuerpo resistió la caída pero su alma murió instantáneamente.

Ella maquillaba la cicatriz que tenía sobre la ceja derecha, me contaba una historia que luego se deshizo frente a la verdad, fue una noche en la que su amado agresor la golpeó como solía hacer a veces, pero él era más que su agresor, él después de todo era su amado.

Ella tocaba la puerta desesperadamente, gritaba mi nombre empapada de lágrimas, él había aparecido en la fiesta y la sacó a rastras, no escuchó explicaciones, la calló cada vez que fue posible, la redujo y la postró en el automóvil. Ella sigue con él.

Ella apenas me conocía y me contaba sus días mientras esperábamos embarcarnos, empezaba a vivir y su historia ya tenía un aborto, no lo resiente porque cree que ha sido una buena decisión, pero sabe que si él la hubiese apoyado, ella podría estar disfrutando de la maternidad.

¿Cómo te convertiste en “Ella”? ¿Cuándo empezó y porqué no ha terminado? ¿Porqué alguien que nos ama puede quebrarnos los huesos y también el alma? ¿Cómo construyes las justificaciones que no te crees?

Él hace mucho que no acaricia tu espíritu y sin embargo tiene el derecho de tocar tu cuerpo, él dice que no sucederá otra vez pero vuelve a suceder porque su memoria es frágil y sus manos pesadas, él dice que le da pena las mujeres que ponen su autoestima como responsabilidad de la pareja y es aquí donde despierta mi rabia y mi impotencia.

¿Cómo alguien puede tener tan poca consciencia sobre la influencia que ejerce en la vida de los demás? ¿Cómo alguien puede minimizar su responsabilidad en una relación?

Cuando alguien me dice “que pena que su autoestima dependa de nosotros” me está diciendo también, que es algo que nosotras deberíamos aprender a manejar, me dice que no es responsable de nada y que en todo caso la culpa es nuestra por hacerlos tan importantes, me dice que no deberíamos poner  nuestro amor propio en sus manos como desconociendo que es el ser al que amamos, me pregunto: ¿Sino puedo confiar en él mientras construimos un proyecto de vida entonces en quién?, me dice que es un tipo conveniente, que quiere que lo ame sin adjudicarle responsabilidades, me dice que quiere estar en mis días y que sus palabras ofensivas no me alcancen pero que valore todo lo bueno que hace por mí y el bien de su familia, me dice que no tiene la mínima idea de quién es en mi vida y el significado que tiene para mí. Me dice que soy tan tonta sin decírmelo literalmente.

¿Por qué no aprendemos a leer entre líneas? ¿Por qué tenemos que justificar nuestra estancia en la vida de un victimario por amor a los hijos? No soy madre es verdad, no entiendo quizá, pero soy hija, y los hijos merecemos tener buenos recuerdos, buenos ejemplos, conocer el amor porque nos regocijamos en él y no porque tenemos que añorarlo mirándolo desde la ventana en la casa de la vecina.

Eres responsable de tu vida, pero sobre todo de la vida de tus hijos, entrégales más que razones que solapen tu cobardía de no saber cómo hacer una maleta y marcharte, no los hagas responsables de tus decisiones “por los hijos una se calla, una soporta” y nosotras por esas respuestas crecemos pensando que es nuestra naturaleza ser mártires, que nuestra voz es secundaria en el hogar, no nos atrevemos a ser independientes porque tenemos figuras sumisas liderando nuestras vidas.

Elimina de tu mente los miedos  “con ese carácter que tienes ¿quién te va a querer?” “no sabes hacer nada” “es que tú tienes la culpa, me haces enojar” esas no son tus ideas, son ideas que te han ido sembrando, son ideas que como la mala hierba han matado la confianza que traías desde siempre.

Los tiempos están cambiando, las mujeres son más perspicaces, están leyendo más y cada día más, están analizando alternativas, dejaron de verse como mujeres convencionales y eso me encanta, pero aún quedan aquellas que no se atreven a hacer una vida diferente, a romper los patrones que nos dejan las generaciones pasadas, nos hacen creer que los divorcios se incrementan porque somos más prácticas sin embargo la realidad es que hoy podemos luchar con la misma energía por las relaciones y por los que amamos, pero ahora ya no es a costa de todo.

He crecido como persona porque dejé de escuchar a los que no están involucrados en mis días pero quieren entrometerse en mi vida, dejé de priorizar los sueños de otros sobre los míos, pero no puedo decir que respecto a los que amo soy absolutamente indiferente, si mañana apuesto por alguien quiero apostar con todo, no voy a poner la vida completa pero voy a poner mis sentimientos y mi confianza y esa es una base más que importante y lo digo porque he escuchado a mujeres afirmar que no debería afectarnos que un hombre aprecie nuestros gestos o nuestros esfuerzos, pero eso es algo complicado porque no somos máquinas, somos personas, entonces es natural que nos afecte y aprender a manejarlo no significa decir que no nos importa o fingir que no nos importa porque eso es mentir y la ausencia de honestidad en una relación con seguridad marca un inicio que está pisando el final. Además y después de todo, no es una cuestión de género, las palabras pueden edificarnos o destruirnos, esa es la realidad.

La forma de no ser “ella” (la del inicio de mi escrito) es siendo transparente, DEFENDIENDO nuestros sentimientos, DECIR QUE NO, confiar en que somos especiales, no para todo el mundo pero lo somos y eso es lo que jamás debes perder de vista. Si te gusta la carne disfrútala mientras te enamoras de un vegano, no abandones el fútbol porque él cree que no es de mujeres, porque sino jamás escucharás “me siento orgulloso de ti, hoy iré a verte jugar” y la idea es que aprendamos a aceptarnos siempre y mutuamente.

No debes ser ella, siempre debes ser tú.

 

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