En el extremo de la vida

No soy muy amante de la televisión, hace años que dosifico lo que veo y es que siento que no es la mejor inversión de mi tiempo.

Ayer estaba entretenida con un programa que se llama “kilos de muerte”, personas que han sufrido de obesidad mórbida y que luego en el recuento de los años, se han sentido infelices por cómo se ven, por todo lo que han dejado de hacer, por lo poco apreciados que se sienten y porque la mirada de las personas les afecta de modo que viven encerrados en casa.

El programa hace seguimiento de los dos últimos años, desde que las personas han decidido mudar de estilo de vida y  se sienten motivados a hacer grandes cambios.

Entonces empiezan una dieta, van al gimnasio, piden ayuda a la familia para tener la fuerza de voluntad que necesitan, van a terapia para reconocer que han llegado hasta ese punto porque han encontrado en la comida un “escape” a ciertos momentos de su vida, hasta que, llega el momento en el que deben someterse a cirugía para eliminar el exceso de piel por la drástica pérdida de peso que han sufrido en el tiempo.

La cirugía dura 6 horas y toma cerca de 6 meses que los pacientes se recuperen por completo, luego vienen las terapias de aceptación a su nueva vida, incluso hay mujeres que se han divorciado porque los esposos se sentían excitados por su obesidad y otros vivían felices sintiéndose necesitados y que ellas dependieran de ellos para todo, entonces cuando eso se terminó, se terminó todo.

Más allá de descubrir que alguien que te ve al borde de la muerte, te prefiera obesa, no es amor. Caes en cuenta que somos los seres complicados de toda la vida, que tenemos la oportunidad de evitar ciertos momentos y apreciar la vida, pero preferimos evadirla y llevarla a un extremo que nos quita sonrisas y nos llena de impotencia, para decidir que como estábamos en principio estábamos bien y que tenemos que regresar a ese momento y empezamos todo un camino de retorno, un camino que podríamos haber evitado pero como siempre, preferimos los atajos.

No estoy juzgando a las personas obesas, es solamente un ejemplo. Así como ayer cuando acudí a una celebración santa y dos jóvenes se arrastraban para llegar al altar y alguien decía: es probable que estén pidiendo el perdón de sus pecados, entonces no juzgas ni lo que piden, ni las formas en las que desarrollan su fe, ni su religión ni nada de eso.

No son las circunstancias, sino que, a través de ellas descubres las oportunidades que tenemos de evitar ciertas situaciones complejas, pero no, no lo hacemos. Preferimos siempre estar al borde para decidir no saltar, para decidir que hay que rehabilitarse, para salvar el matrimonio después de la infidelidad, para reconocer a los hijos cuando tienen 15 años, y miles de historias que se intentan rescatar después de haberlas asesinado soltándolas al vacío.

Si tenemos el regalo de la oportunidad para hacer un buen camino desde el inicio, cuidando nuestro cuerpo, cuidando nuestro espíritu, cuidando de rompernos lo menos posible, cuidando de no romper a otros irresponsablemente, entre miles de situaciones, no puedo evitar preguntarme ¿por qué no lo intentamos un poquito? ¿por qué necesitamos llevar la vida al extremo para valorar lo que en principio no apreciamos?

Y aunque escribir me ayuda a explicarme algunas cosas y a compartir los cuestionamientos que a veces se montan en mi cabeza, lamentablemente no siempre puedo encontrarle respuesta a todo, pero por lo menos un poco de luz para hacer el camino es lo que obtengo.

¡Feliz Domingo!

2 thoughts on “En el extremo de la vida”

  1. He creado un slogan que dice:” Hagamos las cosas bien” encierra todos los aspectos del cada dia. Todos tenemos todo por igual las herramientas y las oportunidades, lo unico que nos falta es preparanos, para ello buscar el conocimiento. Es el principio de todo. Me gusto tu reflexion, porque llegar al extremo…. saludos

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