Nuestro cuerpo, un objeto

He estado en un bar con un grupo de amigos, he bebido, me he emborrachado y he regresado a casa con una serie de conflictos, de emociones, de interrogantes, de decepciones.

Allá afuera están asesinando el amor, lo están usando de anzuelo para llegar al sexo, de modo que, hacen del sexo una suerte de oportunidad y lo separan despiadadamente de cualquier tipo de afecto. Ya no es el amor una razón, es un obstáculo.

Se dice que es natural, que da flojera enamorarse, que trae demasiados problemas, que no vale la pena. Que debo comprender que no es posible ir contra corriente, me han dicho todos que suena muy bien lo que digo, pero que no existe, que murió.

Las responsabilidades sobre los sentimientos se han hecho simples, ser cariñosos sin fidelidad, ser enamorados sin amor. Y entonces estoy yo sintiendo que aquí no pertenezco, que me afecta, que involuntariamente empiezo a sentirme ingenua.

El amor está dejando de ser una razón, está lidiando constantemente con el placer, con la pasión. El facilismo que desprenden las personas para involucrarse con otras, no está ayudando. A pocos les preocupa si hieren a las esposas o a las novias, porque como todos hacen lo mismo, entonces no hay culpa, hay compañía y eso los hace comunes y normales.

La preocupación por esconder su comportamiento es más importante que los sentimientos de quienes aman, todo es un desorden, el camino a la inconsciencia se ha creado con puentes sólidos, con atajos y desvíos convenientes para saltarse compromisos de amor.

Dicen que si un plato está servido en la mesa, es para comer, explicándome que hay ofrecimientos nocturnos que no pueden rechazarse. Me indigno, respiro, lloro y sobrevivo. ¿Qué es peor? ¿Ser carne o vivir de mentiras?

Está bien, lo acepto. No estoy al ritmo de lo que se toca por estos tiempos, me he quedado con música que nadie escucha pero que me regala paz a pesar del ruido externo y el desconsuelo.

Otra frase ha sido: “Nadie dice que esté bien, pero sucede”, como si fuese inevitable, como si únicamente dependiera de quien se ofrece para un rato o de quien busca y encuentra aceptación.

Cuando alguien me dice que “solamente ha sido sexo” y que no tiene nada que ver con el amor, me pregunto ¿quién está confundido? Si ellos, o yo. Porque a decir verdad, todo se trata de amor, todo absolutamente todo. Si no amas tu cuerpo, tu corazón, tus sentimientos ¿quién se supone que lo hará?

¿Dónde existe mayor locura? En mí por creer, por pensar que aún se puede confiar. O en los que viven sus aventuras una noche tras otra, como esperando que alguna mágica sábana despierte el amor que se tiró por la ventana.

Nadie quiere morir en soledad, y sin embargo, todos hacen lo posible porque los abandonen, porque los dejen de amar.

Las decepciones han transformado personas, les han hecho creer que no ha servido de nada todo lo bueno que han hecho por otros, negándose así, el derecho de confiar nuevamente, negándose así la oportunidad de amar una vez más.

Las malas experiencias han ennegrecido el corazón, han prostituido los sentimientos, y le han restado valor a nuestro cuerpo, que no es más un medio para vivir, sino un objeto. Se ha convertido en nuestra máxima expresión de poder (yo decido con quién sí, con quién no). Un orgasmo y una noche de caricias han disfrazado nuestra sed de ser amados.

Y si después de todo, he de sufrir por mis ilusas convicciones, así también, he de vivir agradecida con mi cuerpo y con mis sentimientos, porque en medio de todo, han decidido hasta el final de mis días, serle fiel a mis ilusiones, a mis ideales, a mis valores.

2 thoughts on “Nuestro cuerpo, un objeto”

  1. La vida moderna nos lleva a actualizarnos en todos los niveles, sobre el tema que explicas tambien esta sufriendo los cambios, ahora es dificil ver que alguien este con un libro en la mano, la mayoria esta con un celular… a mi me llama la atencion y no me parece lo correcto, pero es asi. En otros paises mas adelantados hay mayores los cambios, los latinos vamos tras ellos. Son los tiempos y nadie retrocede.

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