Quien vive de fe, no muere jamás

Mi amado Jesús:

Existen de esos días en los que me siento como Jeremías (20,7) cuando se quejaba ante ti diciendo:

¡Me sedujiste, Señor,  y yo me dejé seducir!

Fuiste más fuerte que yo, y me venciste.

Todo el mundo se burla de mí;  se ríen de mí todo el tiempo.

A veces quiero pensar que en otros tiempos fue más sencillo, pues ahora todo está camino al abismo, empezando por el amor propio. Han encontrado argumentos y se los han creído y eso no me molesta, lo que me enfada es que intenten hacerme comulgar con su estilo y condición de vida, decir que no me siento cómoda es sinónimo de cucufatería.

Entre personas que aún tienen fe, me siento un adulto más, entre personas que creen que lo que sueño no existe, me siento una niña, porque me callan, me quitan piso, se amotinan y con una sonrisa me dicen que si sigo pensando del modo en el que pienso, me quedaré sola. Lo dicen como si fuese un castigo, lo dicen como si tuviera que preocuparme. Te escribo para decirte que mientras esté contigo lo puedo todo; te escribo para decirte que la lucha se hace constante.
Empiezo a darme cuenta que mientras más arriba estás menos equilibrio tienes, no puedes apoyarte en las personas porque ellas están apoyadas en cosas o situaciones que se tambalean, han puesto la vida en bienes materiales, en vanidades, en egos, sin darse cuenta que ni vendiendo todo podrían recuperar el desperdicio de tiempo que están haciendo.

Hoy me enteré que el llamado “Ken humano” ha muerto, que luego de una inversión de US$46,000 dólares en cirugías y de cobrar US$15,000 dólares por cada presentación, no pudo prever que el Cáncer lo visitaría y que repentinamente se lo llevaría. Y noticias así te hacen pensar que la vida no es para desperdiciarla, sino para invertirla, pero no en uno mismo, sino en otros, porque mientras más cultivos tienes, más frutos vas a cosechar. Pero la gente no escucha, miran a la predicación como un sinónimo de fanatismo, y todo lo normal se ha convertido en banal y lo banal se ha hecho el camino a seguir.

Ay Jesús, ¿Qué puedo decirte del mundo que tú no sepas? ¿Qué puedo decirte de la maldad que no se evidencie en los clavos de tus manos? ¿Qué puedo decirte de lo que acontece aquí abajo, si tú también estás?

Te agradezco todas las lecciones por las que he pasado, porque me han forjado, porque me han dado el carácter y la personalidad para defender mi fe, para mantenerme firme en lo que creo, Jesús no quiero presumir pero en tiempo como estos es toda una hazaña, y no por la lucha con las personas que me rodean, sino por la lucha interna que cada día tengo que afrontar conmigo misma.

Quienes cuestionan mis años de soledad creen que no siento deseo, que no extraño las caricias o los abrazos, lo siento Jesús, quizá es demasiada información para ti, pero es necesario decirlo porque quiero hacer de este momento, uno compartido,  no pretendo darles una explicación, lo que quiero en realidad es que tengan un motivo para cuestionarse aunque sea por un minuto si algo de lo que aquí escribo les parece que tiene sentido.

-Yo no quiero que alguien despierte conmigo y me diga “Te llamo”, quiero que me diga “Te amo”

-No quiero ir por allí probando y probando porque luego le pierdes el gusto a las cosas, nada te sorprende de forma positiva, nada te alimenta, todo te resta y nada te suma.

-“Nadie sabe lo que va a pasar”, pero esto lo aplico en otras cosas que no tengan nada que ver con mis sentimientos, porque uno aprende que si toma la vida de otro y lo encuentra quebrado es posible que te cortes las manos.

Entonces después de todo, soy tan normal como ellos, y si existe alguna diferencia es la que ellos han decidido tener al no elegir estar contigo.

Me cuentan cuentos de lo fuera de época que estoy, Jesús  yo ya estoy grande para cuentos, yo ya tengo edad para ser protagonista de historias, de las mías, de las que escribo en mis días, las que me regalan paz y por las que exijo silencio.

Dicen cosas en las que creen y lo respeto, aunque para ellos no ser prejuiciosa es demostrarles que puedo hacer lo que muchos hacen sin torturarme, pero si es mi deseo sufrir por lo que a ellos les da placer, ¿Por qué entonces no encuentran la compensación cuando ellos sufren por lo que a mí me hace feliz?

Mi cuerpo es un regalo que aprecio y soy yo quien va a darte cuentas de él, entonces cada quien cuida lo que tiene como desea. No todos limpiamos la joyería de plata de la misma manera y sin embargo, todas las joyas llegan a brillar.

Que cada quien sea luz en cada lugar en donde esté, con la libertad que tiene por ser Hijo de Dios.

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