Reconciliación

Recuerdo hace muchos años haber asistido a un Retiro Espiritual, uno que cambió mi vida completamente.

Era miércoles santo, un día propicio para confesarse y participar de la Eucaristía (Comunión).
Nos indicaron que llegaría un Sacerdote, pero yo tenía miles de susurros en mi cabeza: “Es tan humano y pecador como tú”, ¿Qué poder tiene para absolverte de los pecados? “Es mejor si lo hablas con Dios directamente ¿no? ¿Para qué necesitas intermediarios?
Entonces me aparté del grupo, pensaba: “No necesito hacer esto, porque simplemente no creo en esto”.
Una Misionera se me acercó y me preguntó ¿Vas a confesarte? Le dije: No. Me pregunta ¿Por qué? Entonces le repito todo lo que ya me sabía de memoria, además eran ideas muy convicentes y sonaban llenas de lógica.
Ella me dice: Entiendo.
Mira, te voy a explicar algo que me ayudó hace mucho tiempo, porque a mí también me faltaba fe para pasar por este momento.
 
*Cada vez que cometemos un pecado: ya sea lastimar a los que nos rodean, ser soberbios, mentir, ser insensibles ante la realidad de otros, entre muchas otras cosas que día a día nos hacen sumar pecados por acción u omisión (dejar de hacer por otro, lo que se puede hacer). Nosotros caemos en cuenta que hemos obrado mal, somos conscientes que podríamos haber actuado diferente, pero jamás regresamos a disculparnos o a resarcir nuestro error. Pensamos: “Ya me equivoqué” y continuamos la vida recordando de vez en cuando que fallamos.
 
La Confesión es un medio que tenemos para pasar por ese momento que evitamos frente a quien hemos herido, porque pedir perdón supone mucha humildad, supone un poco de verguenza también, pero no podemos ir por allí huyendo de nuestra responsabilidad. Entonces decidimos decirle a alguien en quien confiamos por FE, lo que hemos hecho, pasamos por ese complicado momento que no hemos asumido y nos hacemos conscientes de nuestras faltas.
 
Hablar con Dios es sencillo, porque sabemos que va a perdonarnos, porque sencillamente nos ama. Qué fácil es decirle: Bueno Señor, aquí estoy otra vez para pedir perdón y marcharme. Nos cuesta más cuando pasamos por la Confesión.
La Confesión es una manera de reconocer y asumir los errores que vamos cometiendo a lo largo de nuestra vida. Digamos que cuando algo no es tan sencillo, lo aprendemos con mayor rapidez.
Ella se marchó y yo me quedé pensando en todo lo que me había dicho. No puedo negar que con muchas dudas y una fe que recién se estaba formando en mi corazón (tenía 18 años), asumí ese momento, hasta el día de hoy que mi experiencia es completamente diferente, hoy creo firmemente en el sacramento de la reconciliación.

Hace un par de días fui a confesarme y me acompañó una gran amiga (razón por la que me esperó pacientemente). Al salir de la iglesia me hizo la misma pregunta que le hice a la Misionera ¿Por qué tienes que confesarte? Entonces le conté mi experiencia, y fue el Espíritu Santo quien me decía: ¿qué tal si lo escribes?


Es Viernes Santo: Hoy acompañamos en su momento más difícil a quien nos lo ha dado todo, aunque en nuestro libre albedrío estemos usando todo en beneficio propio o para dañar a otros.
 
¡Les deseo un día lleno de FE!

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