“Sin tiempos de oscuridad no es posible amar la luz”

Frecuentes o no, todos vivimos tiempos en los que el corazón se siente inquieto, un poco asustado, con ansias de ser consolado y con enorme necesidad de compañía, sin embargo, si este corazón ha conocido a Dios, entonces no va a buscar a nadie más, porque para él no existe alguien que pueda darle lo que solamente en Dios Padre puede encontrar.
En nuestros hermanos hallamos motivos para compartir, para sobrellevar las oscuras intenciones de quienes se viven lejanos al creador, pues entre nosotros el contagio de fe es importante, las inyecciones de esperanza bajo nuestros testimonios de vida lo son todo en momentos de dolor, en momentos que otros han sobrevivido.
Y en la búsqueda de paz, reconoces que Dios siempre está y que siempre va a estar aún en los momentos en los que te sientas solo, pero solo de verdad, con gente o sin ella.
Tobit era un hombre que había quedado ciego, su hijo Tobías aconsejado por un ángel sabía que si untaba hiel de pez en los ojos de su padre, éste volvería a ver. Y así sucedió, Tobías pidió a su padre que confiara e inmediatamente el hombre recobró la vista. Tobit dio gracias a Dios, se lleno de gozó y reconoció la compasión de Dios diciendo: “Porque me había azotado, pero se ha compadecido y ahora veo a mi hijo Tobías” (Tobías 11, 10-16)
En mi búsqueda de respuestas, Dios me regala éste momento, con las palabras precisas, haciéndome sentir un Tobit más, ciega, sin confianza, caminando a tropezones. Empieza diciéndome, TEN CONFIANZA!
La verdad es que en el cuaderno de oración hay tantas citas como hojas escritas y siempre me enseñaron que es personalísimo, que jamás se debe transgredir la intimidad de nadie, salvo que seas tú quien desee compartirlo.
Pues no voy a mentirte, esto no es algo que quisiera escribir, pero si te contara la invitación de Dios a que lo haga, no me creerías.
Quizá porque no soy la única Tobit que existe, sumergida en la oscuridad, obligada a sentarme porque a veces no sé bien por dónde caminar o hacia dónde ir, obligada a pensar más que los demás, porque los demás pueden entretener su mente, sus ojos, su corazón, pero cuando tienes esos espacios sin luz, permaneces mucho más tiempo inmóvil y entiendes de Dios que ésos tiempos no son tan malos como parecen, sino que son necesarios, que te los regala por varios motivos:
  1. Tiempo para pensar, reflexionar, sentarte sin distracciones a concluir ¿Por qué estás ciego?¿Por qué te tocó sentirte así de perdido?
  2. Que no amamos la luz sino conocemos la oscuridad, que necesitamos lecciones de vida en las que podemos sentirnos abandonados mientras las vivimos, pero no es verdad. Él está allí, pero como todo Padre sabe que si no es ahora, quizá luego sea tarde.
  3. Porque a veces los tiempos de oscuridad te regalan la cercanía que hace mucho no tenías con Dios, que damos todo por servido, que no reconocemos que cada día es un regalo, que la compasión de nuestro creador nos acompaña pero que no le damos valor porque no tenemos tiempo y menos lo creamos.
Hoy, puedo decirle a Dios que le doy gracias por estos tiempos de confusión, por estos tiempos de enredos, por estos tiempos de ayudarme a sentarme en un rincón y que aunque considere que me ha “abandonado”, me queda clarísimo que él está conmigo esperando pacientemente que llegue mi tiempo de recuperar la vista y entonces me verá caminar con antigua firmeza.
Así sea!

2 thoughts on ““Sin tiempos de oscuridad no es posible amar la luz””

  1. Muchas gracias hermana por compartir tus momentos con Jesús y contagiarme la fe. Sigue compartiendo tu don de escribir, gracias por no guardarte el don que gratuitamente te da tu Creador.

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