Taller de Costura

El hombre más herido que conocí, era un hombre amado desde un lugar lejano, hizo la vida en solitario con apegos por quienes le brindaron malos hábitos, los siguió como un buen cordero y obviamente terminó en un matadero, allí donde se asesinan los buenos sentimientos. ¿No me crees? No miento. Fue en aquel lugar donde mi corazón fue a parar, allí dejó de latir, allí lo vi morir.

Si por mi fe he recuperado mi corazón de entre los muertos, no es mi deseo volver a tirarlo al basurero, quizá pase el tiempo y no lo arriesgue con tanta facilidad, pero cuando me decida a hacerlo, necesito de algo por mínimo que sea que me contagie la idea de que estará bien, no lo quiero sano, no lo quiero intacto, lo quiero vivo pero sobre todo lo quiero sensible, capaz de amar una y cien veces más.

Te muestro mis manos para que observes mis dedos llenos de cicatrices por los cortes al intentar armar a otros, ya no me sirven para hacer algo más por nadie, es verdad, no lo he vuelto a intentar, pero es verdad también que ya no quiero, que ya no tengo ganas, que soy cobarde o egoísta, no importa, ya no importa.

Siempre que el amor ha intentado llegar a mi vida, ha llegado anidado en seres lastimados, en quienes han tenido un camino complicado, uno que les ha robado más de lo que les ha dado. No tienen la culpa (pienso), no a todos nos ha acariciado el amor, a algunos los ha pasado de largo, pero no porque el amor haya sido mezquino (jamás lo es) sino porque han estado tan ocupados, que lo han ignorado mientras se les iba el tiempo, mientras se les iba la vida.

Considero que el amor es como las personas, siempre toma su forma, siempre se viste de lo que abunda en ellas:

En un ser desprendido siempre existirá un amor generoso.

En un soñador el amor se vestirá de romance.

En un ser muy amado el amor encontrará su verdadera identidad.

Y en un ser lastimado, herido, lacerado siempre existirán cosas por salvar, sentimientos por rescatar, sensaciones por reanimar y para ello se necesitará una persona o muy valiente o muy ingenua, y de ninguna manera quiero volver a ser una de ellas.

No me queda duda que dentro de poco el oficio más requerido será el de costurera, pasa el tiempo y las personas están más y más rotas, no alcanzan los remiendos y cuando se logran hacer, la tela no es la misma y definitivamente las personas tampoco lo son. El trabajo implica responsabilidad, paciencia, desprendimiento y experiencia. Mientras más corazones parchados en tu hoja de vida, más probabilidades de quedarte con el empleo y de encontrar el amor por todo el sacrificio concedido en favor de otros.

NO existe certeza sobre nada en la vida, y debido a ello no siempre toca quedarse con los corazones que se han rescatado, a veces solamente nos queda una entrega mal remunerada, y en realidad no deberías esperar nada, pero vivir sin expectativas es algo que pocos han alcanzado, que te regala paz, pero que nadie te enseña como lograr, se aprende en el camino, con el día a día y con una que otra persona mal agradecida.

Los miedos son algo que hay que evitar, debería decir que te lances, que  arriesgues y dejes de pensar, pero siendo tan cobarde como soy en cuestiones de amor, pues no te quiero decir que hagas o dejes de hacer (¿con qué autoridad?), solo recuerda que no importa el camino que decidas emprender, siempre debes llevar actitud de valiente y ningún tipo de escudo, porque cuando las personas se enamoran, se desarman todas para dejarse amar o para dejarse morir.

Quizá alguna vez regrese por el canasto que he dejado en mi viejo taller, o quizá sea mi turno y exista ese alguien capaz de cortar las suturas de mi maltrecho corazón para encontrar lo que al parecer, hoy ya no está, es preciso que lo haga, sino no tengo la menor idea de cómo voy a volver a amar.

Y tú ¿Qué deseas? ¿Aprender a coser o un taller para  que desenreden los hilos de tu alma?

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.