Todo es ahora

Crecí pensando que el amor era entregarlo todo y que si era amor, debía estar lleno de renuncias y sacrificios. Abandoné algunas ideas, postergué algunos sueños, porque nos hacen creer que la cercanía alimenta los afectos y que abandonar a las personas, abre interrogantes sobre el amor que uno siente por ellos.

Nadie te dice que irte es parte de crecer y que crecer es necesario para amar correctamente, porque la madurez puede que sea toda la diferencia que se necesita para determinar el tiempo de duración de cualquier tipo de relación.

Nunca me fui de viaje, no me fui a ninguna parte, para dejarle en claro que lo amaba y porque no quería que él se vaya tampoco, menos solo. Pero, luego te das cuenta que no necesitas dejar de hacer para que el abandone también, no. Si él decide que hará algo, no hay nada que lo detenga, excepto una amenaza de dejarlo para siempre y aunque se quede, esa relación durará poco, porque un amor condicionado, no es un amor sano.

Ahora, ¿es posible que siempre que decidas quedarte sea por miedo a perder? ¿Qué tipo de amor puede ser ese? Uno que nos someta a reconsiderar las cosas que deseamos hacer ¿tan solo por no dejar de ser el guardián de quien dice amarnos? entonces, o no le creemos o no confiamos en el tipo de relación que hemos construido.

Voy camino a casa, pensando en que preciso de un tiempo para respirar, para reestructurar, para hacer ciertos compromisos de vida, recuerdo que otra vez y después de mucho, hay alguien en mis días, empiezo a construir la conversación que inevitablemente debemos tener para explicarle que quizá me ausente algunos meses, no años, no siglos, meses. Ya no pienso en la posibilidad de perderlo (aunque puede suceder), ya no pienso en que él puede tomarse ese tiempo también alguna vez, ya no pienso en postergar (menos a mi edad), ya no pienso en esperar para hacerlo todo juntos porque la oportunidad puede morir durante ese tiempo.

Reflexiono sobre el hecho de no sentir miedo de irme por un tiempo, surgen dos premisas, o me siento muy segura o no lo quiero. Una sonrisa pintada de ironía me obliga a preguntarme ¿es en serio? ¿Me estoy cuestionando los sentimientos solamente por el hecho de querer concretar un anhelo? ¿Tengo que quedarme para asegurarle que lo quiero? No, no puedo, ahora no.

Reafirmo lo que siento por él, yo quiero quedarme a su lado siempre. No me siento segura porque las personas no son candados, pero creo en lo que él siente por mí y en lo feliz que se siente cuando voy avanzando, así como yo lo quiero bueno en todo lo que haga. Y es que cuando alguien está determinado a quererte y a ser fiel en sus sentimientos consigo mismo y con quien ama, no importa la distancia, no importa el tiempo, sabrá honrar su palabra, y si acaso no sucede, entonces seguirás tu camino sin lamentar haber dejado de hacer lo que querías, por alguien que no pudo apreciar en el tiempo de ausencia, tu presencia.

¿Acaso no hemos renunciado a tanto hasta ahora? ¿Acaso no hemos aprendido que la renuncia no asegura nada, ni a nadie? Entonces, si tienes que hacer algo, hazlo sin miedo y sin condiciones. Quien te quiere, tiene que entender (con tono imperativo), que hay cosas que debes hacer y que aunque debas irte es preciso que te acompañe en la distancia, que te anime, que te espere.

Él (mi novio), quiere escalar el Everest, sonríe cada vez que me lo dice, yo quiero ir, si es que es posible, pero sino, él solamente debe prometer que tiene que sobrevivir, no le he dicho que no, no le he dicho que se quede, no tengo miedo que tarde, solamente quiero que regrese.

Alguna vez,  deje de hacer para entender (hoy) que no sirvió de nada, que no me amaron más, que no me valoraron más, que no me reconocieron la permanencia, y menos me indemnizaron el tiempo invertido. Así, he dejado de relacionar el amor a los sacrificios y lo he atado a la tolerancia con los sueños, propios y ajenos.

Y es que la vida es una cadena de sucesos, personas concretando anhelos, son personas felices, y las personas felices tienen la capacidad de amar a través de las satisfacciones que les dejan sus éxitos, y para ser una de ellas, tienes que confiar en que no se empieza dejando de hacer, sino haciendo, en compañía o en solitario, como uno decida, pero siempre, siempre, defendiendo lo que se quiere, lo que se lucha, lo que se anhela. Porque todo es ahora.


“La distancia no es un problema. El problema somos los humanos, que no sabemos amar sin tocar, sin ver o sin escuchar. El amor se siente con el corazón, no con el cuerpo.”

Esta frase se le ha atribuido mucho a Octavio Paz y a Gabriel García Márquez, pero en realidad no se ha podido determinar a quién pertenece.

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