Todos somos “alguien”

Nacemos siendo alguien y morimos siendo alguien, lástima que la mayoría de veces quien muere no es la misma persona que nace.

Hay quienes se reconocen  todo el tiempo, otros se pierden mientras crecen y jamás vuelven, y algunos  se encuentran después de haberse perdido.

De los que siempre han tenido claro a dónde van conozco varios, personas de éxito, personas que han superado sus propios límites, que los obstáculos no han sido más que razones para seguir adelante, que hoy a la edad que tienen, tienen más de lo que muchos quisiéramos lograr, y no estoy hablando de fama y fortuna sino de concretar sueños, no existe algo en este mundo que te haga más feliz que hacer lo que amas.

Claro, también hay quienes quieren hacer muchas cosas y siguen en el mismo sitio esperando que sus circunstancias cambien alguna vez, siempre hablo de tener fe, de fiarse en la voluntad de Dios porque es lo que nos mantiene en el largo caminar, pero eso no significa que nos quedemos el día entero esperando por un milagro, eso quiere decir que confíes mientras  te des-instalas, mientras tomas riesgos. Cuánta gente anhelando una mejor vida y su actitud sigue siendo la misma, y no es conformismo, es miedo, un miedo natural pero injustificable, un miedo que solamente podrás vencer si te enfrentas a él, sino no  te queda más que darte por perdido siempre.

No sé si soy buena escuchando, pero hablando no lo soy, quizá por eso escribo, así pierdo menos amigos, así nadie se resiente conmigo por decir lo que considero en base de haberlo hecho, no hablo de lo que no sé, no hablo de lo que jamás hice, no hablo de supuestos, hablo de lo vivido, de lo llorado, de lo sufrido y de lo vencido, después de eso yo te digo que hay cosas que se pueden hacer.

Pero por el amor de Dios, muévete. Las oportunidades no llegan porque crees que eres una buena persona que merece buenas cosas, seguro que sí, pero las cosas buenas tardan en llegar, entonces quizá si apresuras el paso te evitas lamentos, te ahorras tiempo y aprendes a conocerte.

Y antes de iniciar la segunda parte de mi escrito, te he decir que jamás estuve en el grupo de los que siempre estuvo al tanto de lo que quería para su vida, no.

Tampoco soy parte de los que siempre se conocieron y luego lo olvidaron porque se dejaron convencer por extraños, por esos que te dejan sin autoestima, por esos que te subestiman y en resumidas cuentas, les crees. Que me rodeaba mucha gente así, por supuesto, pero yo no los elegí, sencillamente estaban allí donde también estaba yo. Me afectaron, y crecí afirmando que jamás podría ser como ellas con tanta “personalidad”, “guapas”, “líderes”, mi ropa, mis orígenes, la humilde economía de mi familia, parecía que todo estaba en mi contra. Crecí “ninguneada” pero jamás dejé de pensar que yo era alguien, solamente que no podía decirlo en voz alta.

No he nacido en cuna de oro, no tengo apellido de abolengo, mi bisabuelo no es del árbol genealógico de ningún héroe nacional, apenas y a mucha honra soy descendiente de incas y en mis rasgos indígenas lo puedes ver. Entonces ya estaba complicado sentirme segura en una sociedad llena de prejuicios y superflua, quizá de allí nace mi rebeldía por ciertos estratos sociales, porque sigo siendo yo y ellos siguen existiendo y no quiero sumar, no me excluyo pero tampoco me quedo en silencio, aquellos tiempos ya terminaron.

¿Cómo  hice para escapar y no olvidar que soy alguien? ¿Alguien importante y especial? Me lo creí cuando se lo escuché a Dios, porque mi papá, mi mamá y muchas personas maravillosas me lo decían: “Tú no eres fea” “Tú eres muy inteligente” “No hagas caso” “Son niños” “Lo importante es lo que hay dentro de ti”, pero uno piensa “ellos me quieren, además no iban a decirme algo malo sino seguro me suicidaba (tranquilo, estoy bromeando)”, pero ya sabes, no es suficiente, no basta . Lo mismo sucede cuando nos hablan del amor propio, “quiérete” “respétate” “no permitas”, pero no todos somos tan fuertes o a veces quien lo dice se contradice como aquel que te juzga por algo que no hace pero que no tiene autoridad sobre aquello que tampoco es bueno pero que tú no haces (me enredo).

Entonces llega aquel día en el que descubres que no eres una casualidad, que podrías no haber nacido o haber muerto en el camino, pero no, incluso si le echas un vistazo a tu vida descubrirás varias oportunidades en las que habrías dejado de existir o tener una vida diferente a la que tienes (una peor, siempre hay una peor, parece que no pero te estoy animando) o tener la vida de otro que aparentemente es más feliz que tú y todo porque lo dice su facebook, sino mírame aquí recibiendo mensajes de un “contacto” que se creó una cuenta falsa para decirme que está encantado conmigo pero que no puede identificarse porque es novio de una amiga mía, y todo porque cree que soy lo que escribo ¿Ves que no todo es lo que parece? Ya, quizá algo de bondad hay en mí, pero no como para comprender ese tipo de comportamientos, que pena que no tenga la seguridad de quién es, sino mi amiga ya sabría qué clase de novio se ha echado encima (literal), haber si hacemos oraciones y pronto lo descubre (gracias de antemano).

“¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ella te olvidara yo no te olvido”
(Is 49, 15)

“Con amor eterno te he amado, por eso te he atraído con misericordia” (Jer 31,3)

“Antes de que yo te formara en el seno materno, te conocí, y antes que  nacieras, te consagré”  (Jer 1, 5)

Citas como estas me ayudaron muchísimo, empecé a ver mi vida con otros ojos, hice un paralelo de las frases y de mis días, las medité en lo profundo de mi ser y me convencí de estar y sobrevivir a mis circunstancias porque me las explicó mi hacedor, aquel a quien muchos ven como un Dios lleno de prohibiciones, como el que te limita bajo amenaza cuando a mi me ha regalado absoluta libertad, cuando a mi me ha rescatado al sentirme tan extraviada a veces, porque si no me he perdido y he desconocido mi “ser” ha sido porque él ha estado  conmigo siempre.

Pude ver lo que antes no había notado, pude reconocer que mis primeros años fueron complicados pero que pudo ser peor, que podría no haber tenido a mis padres después de un accidente en el que perdí a uno de mis hermanos, miré todo a mi alrededor y me armé de valor ante la vida, reconocí que alguna razón debería existir para aún estar aquí.

Todo el tiempo sufrimos por aquello que solamente depende de nosotros, así somos, así deambulamos, así nos perdemos, pero si sabes de donde vienes, siempre sabrás a donde regresar y a donde no.

Soy del tercer grupo, de los que se perdieron y luego se encontraron.

Re-descubre de dónde vienes para saber a dónde debes ir. Recuerda que somos alguien siempre, todo el tiempo y que no hay intermitencia en ello.

2 thoughts on “Todos somos “alguien””

  1. Muy buena la lectura, me encanto lo de salir a buscar y luchar por lo que queremos que las cosas no vendrán hacia nosotros, esas frases justo están perfectas para la situación por la que estoy pasando, Lo que escribes nos ayuda a reflexionar mucho. Gracias por escribir.
    cuídate y espero que todo te este llendo super.
    saludos

  2. Kathy! Me alegra mucho saber de ti, gracias por leerme. No imaginas lo que siento cuando alguien me dice que lo que escribo le ayuda, es indescriptible, no tiene precio!
    No importa las circunstancias, importa tu actitud sobre ellas! Ánimo y fe siempre! 😀

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