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CAMINO AL DESAPEGO

En el prólogo de Después de Ti (mi libro) escribí que el Desapego es el mejor regalo que la vida te puede otorgar, y muchos hablan de lo fantástico que debe ser estar en ese momento en el que sin importar cuántas personas pasen por tu vida, el soltar y dejar ir resulta cada vez más y  más sencillo.

Pero el camino hacia el Desapego ha sido durísimo, espinoso y doloroso. No se gana sin sufrimiento, y sobre todo, no se regresa nunca más.

Y no lo digo para asustarte, lo comento porque todos hablan de su conquista, pero como todo en la vida, no es ni fácil, ni rápido, pero cuando el proceso ha terminado, todo cambio resulta irreversible, y debes tener en cuenta que es un regalo para quien lo alcanza, pero es incomprensible para quienes te rodean, y te voy a contar un poco sobre ello, porque no lo he leído antes y no me he dado una idea hasta hoy, de todos los cambios que genera en nuestro interior y que por mucho que pienses en el modo equilibrado de manejarlo, considero: no es posible.

(Mis) Etapas:

  1. Existe un punto de quiebre, uno que te sitúa en un desierto emocional, en donde te quedas solo después de sentirte completo. Y es aquí cuando empieza, cuando tienes que decidir si cruzar el desierto o esperar a que alguien llegue y te rescate de ese camino infernal y en solitario. Usualmente las personas esperan, y casi siempre es otra persona quien las rescata (y quien puede dejarlas en un lugar más lejano y menos conocido), yo decidí cruzar el desierto, y es verdad que me sujeté de actividades, de una nueva ciudad, de un nuevo trabajo, no me sujeté de ninguna persona, ya había entendido que era lo único sobre lo que no tenía control y era un momento en el que necesitaba sentir que todo dependía de mí.

No sé si sea importante o no, pero quizá te ayude a identificar qué significa un punto de quiebre o al menos qué lo fue para mí: mi mejor amiga por 12 años se mudó de país, aquella con la que crecí, con la que estudié el colegio, la academia pre-universitaria, la universidad, la misma profesión en el mismo salón de clases, aquella con la que fui yo a carta abierta y con quien sigo siendo cuando se puede, se había ido y no sentí la pérdida porque en simultáneo ingresaba a mi vida un nuevo amor, que después de años resultó que no era tan amor como parecía, y entonces no estaba ella para llorarle mis penas, para mostrarle mi corazón deforme, y tampoco estaba él, y aunque intenté llamar a alguien mientras me desangraba, sentía que tenía que conocerme lo suficiente para entender lo que estaba sintiendo, y no, no encontré a alguien en mi agenda con quien quisiera exponerme así como estaba, hecha trizas, hecha mierda. Fue entonces cuando mi luto se duplicó, perdí a una persona, pero lloré por dos.

  1. No hay mucho que pensar, ya viviste a través del corazón, ahora toca ser racional, este momento depende de toda la fuerza de voluntad que crees que no posees, pero sin dudar, la tienes, es como la frase que siempre encuentro en redes: no sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es tu única opción.

Decidí salir de casa, mi padre no habló conmigo por días, no concebía la idea de verme partir, de no saber si estaría bien o no, mi madre me abrió la jaula y eso me reconfortó.

Llegué a una ciudad preciosa en donde me instalé por tres años, en mi siguiente libro voy a contarte que fue de mi vida en ese tiempo, por ahora me queda decirte lo que concierne a este artículo, y la verdad es que mi crecimiento profesional fue sinónimo de soledad. A las personas les costó entender que alguien llegara desde otra ciudad con ciertos acuerdos que ellos veían como privilegios y entonces ya habían levantado murallas, vi pasar las tarjetas de invitación a eventos en los que no fui considerada. Su fin supremo era un ascenso y un buen sueldo, el mío consistía en encontrarme conmigo misma, pues aunque mi corazón estaba cerca, no estaba conmigo.

Claro, he obviado la parte en la que a mitad del desierto para aligerar mi peso y ser la persona racional que necesitaba ser, una de aquellas noches, me arranqué el corazón de golpe, y le expliqué: ahora no podemos estar juntos, tú me pesas en el pecho, no me dejas respirar, ni puedo avanzar, no te voy a dejar, pero tienes que caminar solito, necesito que me hagas compañía, pero por un buen tiempo abrazarte no será posible, regresarás a vivir conmigo, pero por ahora necesito espacio.

¿No te lo crees? Pues así fue, me enfoqué en el trabajo, no le permití a quien no se había dado el trabajo de conocerme, vulnerar el estado emocional que tenía en ese momento, que si bien es cierto no era de paz y tranquilidad, estaba decidida a empezar de cero, y a no compadecerme de mí y mi momento. Mi triste historia de amor no se la conté a nadie y mi auténtica soledad era mi secreto en la distancia. Había decidido ser fuerte y los domingos solían ser mis días de prueba.

  1. Día a día aprendí a convivir con mi soledad, mi corazón a veces quería treparse y hacerme creer que regresar era lo mejor, pero no, regresar no era una opción, ya había caminado muchísimo, sentía que era más fácil llegar hasta el final que regresar al punto de inicio. Empecé a escribir como una puerta de escape, gritando lo que sentía en el silencio de mi habitación, sin considerar que alguna vez le podría servir a alguien, por ese tiempo me servía a mí, y obviamente a ese corazón al que purgaba de cuando en cuando. Y a decir verdad, aunque no le gustaban esos días de limpieza profunda, sabía que era la única forma de volver a mí.

Hice mi vida lejos de todos, de aquellos a quienes amo y extrañaba tanto y de aquellos a quienes tenía que dejar atrás, hice mi vida conmigo y entre líos y sonrisas, me enamoré de quien era, de cómo me veía, de todo lo que soñaba, de todo lo que hacía.

Este momento fue de los mejores, fue como encontrar el tesoro que no buscaba pero que al parecer me merecía por haber sido tan valiente y tan fuerte, y me disculpo si acaso sientes que me falta humildad, pero en realidad es una forma de decirte: que realmente fue difícil.

  1. Al salir del desierto, sin darme cuenta me había modificado por dentro, desde la raíz de mi alma, y no lo había notado, no fui consciente por mucho tiempo, incluso ya me había reconciliado con mi corazón, ya me cabía en el pecho, ya estaba ligero. Cuando regresé a mi ciudad, con mi familia y mis amigos (7 años después), me di cuenta que mí “antes” ya no encajaba de ninguna forma. Y no sé bien cómo describirlo, pero aprendí tan bien a estar sola, que no busqué a nadie, que no busco a nadie y que probablemente no pueda hacer nada al respecto. En este punto quiero decirte que hay quienes creen que esto tiene que ver con cuánto los quieres o extrañas y no es verdad.

No es personal, no soy más o menos con alguien en especial. Y si acaso han decidido prescindir de mí por no ser quien esperan que sea, pues quizá y luego de leer este artículo puedan entender que he perdido tantas personas en el camino, que me queda claro que va a doler y luego va a pasar.

Vivo atada a la profundidad de lo que siento, quien ha podido llegar allí conmigo sabe de lo que estoy hablando en este momento, sin embargo, respeto si han decidido quedarse en la superficie esperando que salga a darme un respiro, es posible que se queden flotando allí mientras los observo, los amo y los quiero.

El desapego no tiene que ver con el amor, tiene que ver con la capacidad que tienes de ver pasar la vida, las personas, los momentos, sin reparar en ello, sin arrepentimientos, sin sujetarte a nada mientras disfrutas de todo. El desapego es una conquista que no te abandona nunca, que una vez que hayas aprendido la lección, desaprender no es una opción.

Comparto contigo mi elección, mi camino y el resultado que ha tenido todo hasta el día de hoy, quizá se te haga más sencillo, quizá tu final sea mejor que el mío (sería fantástico), de pronto hay algo que no hice a tiempo, pero ya está hecho, entonces me queda seguir estando aquí, en donde parece que nada me toca, pero a decir verdad, me toca todo aquello a lo que le doy pase, ese es otro efecto del desapego.

Disfruta del camino de la vida.

EL AMOR, LOS SALVARÁ EL AMOR

Hace mucho que no escribo. Siempre pensé que sería como cuando uno aprende a conducir, que sin importar el tiempo, bastaría con sentarse en un automóvil para echarlo a andar. Pero no, no se me hace tan sencillo ahora, quizá escribir no sea como hacer otras cosas, ni mejor, ni peor, diferente.

Anoche me ha sucedido algo tan extraño y difícil de explicar, quizá producto de mi imaginación, quizá no. Intentaba dormir, a muchos se nos ha complicado descansar sin estar cansados, pero tenemos que hacerlo, todo el mundo dice que lo necesita el cuerpo, pero con toda honestidad este es un tiempo en el que lo necesita nuestra mente también. Hay demasiada información en redes, y todo en exceso resulta nocivo.

Ha iniciado Semana Santa y es el caos mundial que vivimos el que ha establecido para algunos el puente hacia la fe y sin embargo a otros (que desde antes de la pandemia no creían en ese Dios en el que yo creo), se les ha dado tan fácil sentenciarlo diciendo que es un Dios chantajista, que nos fuerza a volver nuestros ojos a él por miedo. La idea de que Dios tiene que ser un personaje de Marvel, como el hombre araña o Superman, que intenta  todo el tiempo impedir la maldad que existe en nosotros los seres humanos o las consecuencias de nuestros actos, no aplica. Eso solamente confirma que no conocemos a Dios, pero tampoco hemos logrado conocernos lo suficiente, sino entenderíamos todo lo que viene sucediendo y en lugar de buscar culpables, estaríamos enfocados en buscar la forma de salvarnos.

Se nos ha pedido que oremos, pero muchos piensan que no sirve de nada, que sirve más “actuar”, pero es porque no conocen el poder de la oración, pero ese no es el punto central de mi escrito, porque después de todo, hace mucho que mis actividades diarias de supervivencia me han restado el poco tiempo libre que tenía, y bueno, quizá sea una de las tantas excusas que usamos para no hacer lo que nos hace bien (orar por ejemplo).

Entonces, en mi intento de entablar una conversación con Dios desde mi cama, empecé a pedirle (así somos, pedimos antes de entregar), que tenga piedad, que nos permita regresar a los días en los que no hemos valorado los momentos que ahora no tenemos, y de pronto cuando el sueño empezó a rondarme, le pregunté a Dios ¿qué nos salvará de esta situación? Y puedes dejar de leerme, porque es posible que ya no esté en mis cabales, pero escuché (de verdad), un susurro que decía: EL AMOR, LOS SALVARÁ EL AMOR.

Al despertar, le he dado muchas vueltas a la frase, y claro, también me he preguntado si ha sido real, y si ha sido mi hermano, mi abuelo, mi ángel o Jesús o definitivamente ya se me han cruzado los cables. Pero al margen de mis problemas mentales. Hay algunas preguntas que me han ayudado a darle sentido a esta frase:

¿Qué hace que un médico, un enfermero, un técnico estén entregándolo todo en un hospital?

EL AMOR a su vocación, a su juramento hipocrático.

¿Qué hace que los policías y militares estén patrullando las calles?

EL AMOR a su país, a su uniforme.

¿Qué nos mueve a sacrificar nuestra libertad y quedarnos en casa?

EL AMOR a nuestra familia, a nuestro prójimo.

Entonces, es verdad, EL AMOR NOS SALVARÁ, solamente necesitamos comprometernos y dejar de lado el egoísmo que hemos adquirido en nuestro camino, que no se contagia, pero que una vez que habita en nosotros resulta difícil desprendernos de él.

Nos falta (como siempre), mucha consciencia sobre lo que acontece en nuestros días, creemos que no va a pasar nada, cuando todo nos está pasando encima. Pero no es el final, estamos a mitad del proceso o quizá apenas iniciando, cada país ha establecido sus propias reglas, pero respecto a nuestra fe, a lo que creemos y a nuestra forma de amar, somos nosotros quienes definimos los límites y este es el mejor tiempo para entregarlo todo, para no tener observaciones, ni excusas, porque hoy no se trata de una relación de dos personas, hoy nuestra relación de amor es con el mundo.

Entonces, vamos a salvar el mundo.

LO MEJOR DE TI

Tiene tristeza en la mirada, intenta disimular mientras la escucho sin encontrar relación entre lo que dice y lo que siente, lo percibo, me miente.

Está enamorada y llena de dudas, hay miedo y con ello llega el silencio. Tiene tanto por decir, pero me lo dice a mí. Es natural, no queremos perder, nos cuesta tanto dejar ir cuando lo que sentimos nos hace creer que no existirá nadie más a quien amar, pero no es verdad, el corazón nos traiciona sin querer.

Ella me cuenta que lo visita algunos días (por la distancia) y son días bonitos, pero de pronto, surge esa diferencia que genera un gran conflicto, y los días que han sumado una semana, se hacen nada, él dice que todo se ha arruinado y la señala en la experticia de echarlo todo a perder.

Recuerdo que existen personas que no saben lidiar con aquella parte de la vida que resulta complicada, que se imaginan relaciones que no existen, y finales que no llegan. No, no soy una mata cuentos, pero en mi caminar entre rosales ha sido inevitable lastimarme, y a pesar de las heridas he disfrutado del paisaje, este es el fragmento de la vida que pocos entienden.

La soledad nos hace tanto bien para conocernos, pero inevitablemente nos aísla de la realidad, nos acostumbramos a la paz, olvidamos lidiar con el resto y nos encapsula de modo que cuando algo nos toca, ya no sabemos cómo resolverlo. Por lo tanto, es preciso aprender que la soledad no debe negarnos la posibilidad de vivir en armonía y en compañía.

Mi pregunta es ¿qué va a suceder cuando no sea una semana, sino un mes, un año? ¿Qué va a suceder cuando la vida realmente los ponga a prueba?  ¿Se puede hablar de una vida en común a largo plazo sin haber aprendido a comunicarse?

¿Cuántos días más te vas a preguntar si acaso tienes la culpa? ¿Cuántos días te falta por escuchar que nunca vas a cambiar? ¿Cuántas veces más te va a repetir que contigo siempre es lo mismo?

Si lo dice tantas veces es porque está convencido, y si así es, qué sucede para que no se haya ido ¿te ama? Y si te ama ¿por qué no te acepta? No es amor el sacrificio que hace al quedarse, es amor el rescate que hace de aquella parte que te hace inigualable.

Existe una frase de Goethe que dice: ““Trata a un hombre tal como es, y seguirá siendo lo que es; trátalo como puede y debe ser, y se convertirá en lo que puede y debe ser.” ¿Entiendes?

La capacidad de obtener lo mejor de las personas, la mayoría de veces, está en nosotros, y no en nuestras expectativas.

Cada persona es un mundo, el que sea nuestra pareja no significa que tiene que ser como yo quiero o estar más cerca a la perfección. Sí, la diferencia está en que es preciso lograr encajar de alguna forma para compartir el futuro, pero por mucho que le repita lo que pienso o lo que quiero, su esencia siempre será su esencia, lo que debo preguntarme es ¿puedo trabajar en base a ello? Y hay que prestar atención aquí, “hay que trabajar en ello” por mucho tiempo, ya lleva años en su mundo, ya tiene una forma de desarrollar la vida, una que no se parece a la mía, entonces lo primero que debo hacer, es la lista de todo lo bueno que existe en ese mundo, en esa persona, todo aquello que me ha regalado la sensación de que me quiero quedar a compartir mi mundo y preparar una cama más grande para que pueda quedarse.

Sería perfecto si cada vez que alguien te dice que no vas a cambiar, lo diga sonriendo, como pidiendo honestamente que así sea. Si acaso escuchas una vez más “siempre es lo mismo contigo”, entonces pregunta ¿y puedes con ello?

Qué tal si en lugar de generarte culpas y responsabilidades en la relación, cambia su forma de mirarte y deja de prestar atención constante a lo peor de ti, y  se anima a mirarte desde otra perspectiva, desde el amor, desde la admiración, porque si está allí en esa habitación contigo, es porque existe algo que le invita a quedarse, entonces que sea esa invitación la misma que lo obligue a asistir de manera elegante.

Hemos olvidado lo importante que es nuestra participación en la vida de los demás, y no miento, podemos influir en otros de una forma en la que jamás podríamos haber imaginado, ya sea para inyectarles vida o para orillarlos a la muerte.

¿Tú que quieres hacer por los demás? Porque tú puedes si crees que puedes, si no, es porque simplemente no quieres.

Quédate con quien haya decidido mirarte como nadie más te mira, quédate con quien te recuerde todo lo que eres y puedes ser, no con quien en el paso del tiempo te hará creer que lo mejor de ti, no existe.

¡Feliz Día Mujer!

Ha sido miércoles de ceniza, la ceniza le recuerda al cristiano su origen y su fin: “Dios formó al hombre con polvo de la tierra” (Gn 2,7); “hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho” (Gn 3,19), y si cada una de nosotras se tomara un minuto para reflexionar sobre esto, sería tan sencillo reconocer que el poder que tenemos sobre nuestro cuerpo es limitado e insignificante, porque lo importante  NO es lo que hacemos con nuestro cuerpo, es lo que le hacemos a nuestro espíritu a través de él.

No niego nuestro derecho al empoderamiento, pero en simultáneo, reconozco que no es posible inflar nuestro ego por ser dueñas de un cuerpo al que tratamos como un bien finito, desconociendo que en realidad nuestro cuerpo tiene un valor inconmensurable. Y que el aborto y la promiscuidad (por ejemplo) lo reduce a nada, lo convierte en un objeto cuya única finalidad es adornar esta vida, hasta que se rompa, hasta que se haga polvo otra vez.
 
¿Quién no quiere sentirse dueña de algo? ¿Importante? ¿Reconocida? Pero si es a través de nuestro sexo, entonces nos estamos desperdiciando un poquito, no está mal disfrutar de nuestra sexualidad a través de nuestro cuerpo, claro que no. Lo que no tiene sentido es limitarlo y decidir sobre él cuando la vida nos ha negado lo que deseamos y entonces se convierte en la carta bajo la manga para después de todo, obtener: nada. El aborto es tu decisión, pero el lazo que se crea con esa acción, es un lazo que no va romperse jamás, lo vas a llevar atado al corazón hasta la eternidad.
 
Hoy en especial, celebro el poder que tenemos sobre nuestras emociones, sobre aquellas elecciones que nos permiten alcanzar hechos concretos, infinitos, que nos permiten trascender a nuestra existencia y que son más grandes que nuestro paso por esta tierra. 
 

Tenemos la libertad de hacer con nuestro cuerpo lo que nos place, es verdad. Pero que esa sensación de satisfacción y poder, vaya de la mano con la plenitud que se necesita para vivir, para estar en pie, para sonreír. Quizá sea una buena forma de reconocer si estamos haciendo la vida a través de nuestro cuerpo del modo en el que deseamos, del modo en el que cada persona en la faz de la tierra se merece vivir, feliz. 

Que este tiempo antes de ser polvo sea significativo para ti y para quienes te rodean.

 
¡Feliz Vida Mujer!

Y ¿si nos casamos?

Tengo 36 años, más de dos propuestas de matrimonio, un compromiso roto, cientos de películas en la memoria  y una relación maravillosa.

La suma de eventos ha superado mi corta estancia por esta vida, pero han sido suficientes para comprender que aunque es a ellos a quienes se les ha dado la autoridad de decidir cuándo nos casamos (reglas sociales), es a nosotras a quien nos corresponde velar por la importancia de nuestros años, de nuestro tiempo.

¿Cuántas veces podemos involucrarnos en relaciones de cuatro o cinco años? ¿Cuánto tiempo es suficiente para saber si es la persona con la que deseamos casarnos?

¿Cuántas personas hemos salido de relaciones tan largas con rupturas tan breves? ¿Cuántas veces nos hemos reprochado el hacer o no hacer una serie de cosas en un espacio de tiempo dedicado a alguien que ha decidido que no está funcionando?

Y no tienes que tener 36 años para empoderarte sobre la decisión de dar el siguiente paso en la relación, he comprendido un poco al filo del tiempo, que también tengo derecho a preguntar ¿qué sigue ahora? De dejar claramente establecido que no pienso sentarme a esperar por una decisión que también compromete mi tiempo, mis sueños.

He tenido más de un par de reacciones adversas al respecto, cuando he comentado con personas muy cercanas y queridas lo que aquí escribo.

  1. Se me ha cuestionado sobre el amor que siento por la extraordinaria persona que acompaña mis días, mi camino. Simplemente porque he dicho que si en 6 meses no avanzamos, entonces quizá sea momento de tomar otras decisiones, de emanciparme emocionalmente. Y les parece muy radical, quizá amedrentador o quizá hasta desesperado. Sabemos que en el arte de vivir, todos pintamos diferente. Y mientras voy respetando opiniones ajenas me voy preguntando: si todo tiene su tiempo ¿por qué siempre tienen que decidirlo ellos? Y no estoy refiriéndome a pedirles matrimonio, sino a preguntarles ¿qué debo esperar a corto plazo? Desde hace mucho las cosas de largo plazo para mí no existen.
  2. Me han preguntado: ¿no sientes que lo estás presionando? Y mi respuesta es: no. Y si van a victimizar a alguien, que sea a una de nosotras que hemos aprendido inconscientemente a dejar el “poder” de decidir el “cuándo”, en sus manos. Y, asumiendo que sí lo estoy presionando, pues si en realidad no tiene ninguna intención de quedarse conmigo, simplemente no lo hará, aun cuando le plantee la situación de cualquier otra manera.
  3. Cuando alguien no sabe si desea tomar decisiones tan trascendentales como el hecho de casarse o de comprometerse, una de las opciones es que generosamente le otorgues un poco de tiempo, lo que no significa necesariamente que en 10 años tenga una idea clara sobre el tema, o quizá sí, pero no contigo. Ahora, si deseas arriesgar, es un derecho que nadie te puede arrebatar.

Este escrito va más allá del matrimonio, tiene que ver con el tiempo, con los planes, con el futuro. No sé si hay que ser muy valiente o muy tonta para compartir una serie de pensamientos que serán leídos por quienes siguen creyendo que queremos ser como ellos, que ahora también vamos a comprarles un anillo de compromiso, y aunque nadie dice que no se puede, esto está completamente relacionado a nuestra absoluta independencia, porque aunque muchos puedan llenar su ego diciendo que cada quien hace lo suyo y que una relación no limita a nadie, déjenme decirles que el coordinar espacios y  tiempos, es además del respeto que siento por quien amo, la forma de no estar en donde quiero, a cualquier hora y en cualquier fecha.

No está demás pedirte que no tomes lo que escribo de forma literal, siempre, siempre, es una forma de decir muchas cosas, como ahora, que no hablo precisamente del matrimonio (aunque así parezca), sino de todo lo que involucra hacer crecer una relación.

Que las reglas sociales no determinen nuestra voluntad sobre el amor, sobre el tiempo, sobre el futuro. Que sean nuestros sueños, las oportunidades y la libertad las que se hagan visibles en un mundo en donde tenemos más obligaciones que derechos.

¡Feliz Vida!

Madre

Saludo a cada madre en esta tierra por su fortaleza, por su energía inagotable, por su convicción de amar, por su sí constante a cada petición que la vida le hace.
 
Todas son especiales, pero hoy quiero felicitar a:
 
Esa madre que se ha hecho padre desde el inicio en la vida de sus hijos, o a la mitad del camino.
 
Esa madre que en medio del abandono y con el corazón hecho trizas, ha decidido continuar para forjar en sus hijos el concepto de fortaleza que se necesita en esta vida.
 
Esa madre que ha tenido que afrontar un divorcio, para entender que aunque el padre se haga responsable económicamente, en casa ya no habrá con quien compartir horarios, labores, decisiones. Porque no es lo mismo un depósito en cuenta bancaria, que despertar a las 06.00a.m para alistar la lonchera, enviar al niño a la escuela, dejar el almuerzo preparado e ir a trabajar porque a veces el dinero no alcanza, menos cuando el padre empieza a ser padre de otros hijos adicionales.
 
Esa madre que intenta llevar una relación cordial con el padre que visita a su hijo cuando puede, cuando quiere. Que se muerde la lengua para no crear sentimientos negativos, para demostrarle a su niño que ella tiene autoridad moral para hablar del perdón.
 
Esa madre que ha vivido la infidelidad, pero que no tiene derecho a irse de la casa para rehacer la vida inmediatamente, porque tiene que quedarse a recoger todo lo que se ha roto para que sus hijos puedan caminar descalzos por toda la sala, para que no se corten desde el alma, para que no les pase nada.
 
Esa madre que poniendo su corazón en la maleta ha decidido marcharse, porque comprende que si se queda con quien la castiga, el concepto de amor que le está enseñando a sus hijos, es el concepto equivocado. 
 
Esa madre que reza todas las noches para que su hijo sea reconocido, para que el padre al menos lo llame, para que su padre no vuelva a mentirle diciéndole al niño que estará en su partido de básquet.
 
Esa madre con un niño al que la sociedad llama discapacitado, pero que está preparado para lo más importante en esta vida: amar.
 
¡Feliz día Madre!
 
¡Gracias por tu amor incondicional! 

La fragilidad ha conquistado el mundo

La fragilidad ha conquistado el mundo, todo se rompe con tanta facilidad: las relaciones, el compromiso, las promesas, los sueños, las convicciones, la fe.

Me he preguntado por estos días ¿qué haré con toda la fuerza que existe en mi corazón? ¿Debo reprimirla para no asustar a los demás o debo permitirme ser quien soy y quedarme con quien resista semejante explosión?

¿Qué hacemos las personas fuertes en un mundo de cristal? ¿Resistir, avanzar y seguir confiando aunque todo se siga rompiendo a nuestro paso y en nuestro interior?

Las personas no se dejan abrazar por miedo a quebrarse en nuestros brazos, ya no creen en el amor aunque lo sigan soñando, aunque inconscientemente lo sigan buscando.

¡El mundo está al revés! El odio no tiene límites y sin embargo, el amor está mutilado. La delicadeza no se usa para amar, se usa para disimular sentimientos, así nadie se siente seguro, así nadie se aprovecha de lo que siento.

Hemos aprendido a mirar el amor con miedo, porque nos hemos hecho a la idea de que el día menos pensado puede lastimarnos, o lo que es peor, puede abandonarnos. No comprendemos que cuando las personas se van, se llevan sus promesas, sus palabras y lo que hemos entregado en la relación, pero no es posible que se lleven todo lo que soy, ni todo mi amor, porque soy  manantial, un manantial que desemboca en muchas personas, y si una de ellas decide no alimentarse más de lo que soy, pues debo seguir fluyendo, algún día, alguna vez llegará quien tenga sed de lo que soy, un ser de amor, de luz, de paz.

No encuentro razón para caminar de puntillas en el amor por miedo a que se fragmente, o de acariciarnos el alma en silencio mientras nos desborda todo lo que llevamos dentro. No encuentro razón para que el mundo le pertenezca a quienes lo rompen todo sin intención de reparar nada, dejándonos un camino lleno de desconsuelo a los que sí estamos dispuestos, a los que sí queremos porque podemos.

Cuando hay convicción en el espíritu entonces el mundo ya no es de los demás, es nuestro. Y los fantasmas que nos dejan las relaciones del pasado o las historias de amores ajenos, no deben asustarnos, frenarnos o negarnos oportunidades con las que siempre hemos soñado.

No es tan sencillo, para mí tampoco lo ha sido. Pero sigo creyendo y avanzando, porque te das cuenta que el mundo requiere personas con empuje, con fortaleza, con ganas de amar.

Recuerdo subir una montaña que está sobre los 5,000 msnm, era preciso caminar aproximadamente 3 horas y el camino era sumamente empinado, entonces vi a muchos pobladores alquilando sus caballos para ahorrarles a las personas la caminata, el precio eran 3 noches de alojamiento (para mí), entonces decidí caminar, de pronto empezó a llover y a granizar, la temperatura bajó y mi paso se hizo más lento. A medida que avanzaba los caballos resbalan y caían, las personas empezaron a golpearse y me asusté”.

Eso sucede cuando decidimos amar, tomamos decisiones, nadie sabe cuál es la mejor opción. Una amiga me preguntaba ¿cómo sabes? Y le decía: No sabes, nunca sabes. Solamente el tiempo y el día a día va a mostrarte si las elecciones han sido correctas, tú solamente camina, avanza y no importa a cuántas personas veas resbalar y caer, recuerda, los medios que usamos para amar son todos diferentes, no todo funciona con todos porque no todos quieren lo mismo, pero confía en lo que estás haciendo y aunque en algún momento el camino se torne difícil, no abandones, resbalar está bien, pero caer y lastimarse precisa preguntarse ¿quiero continuar con la misma elección o es el momento de elegir algo diferente?

En un mundo en donde todo se rompe, es necesario que las personas resistan, porque si todo se debilita, quién va a ayudar a reconstruir los puentes a la confianza, o la apuesta por el amor.

Debemos saber que mientras estemos dispuestos a amar, también estamos expuestos al sufrimiento, pero que el camino está hecho de decisiones, entonces cuando el amor empieza a doler,  hay que bajarse del caballo y empezar a caminar.

¡Fuerza!

Reconciliación

Recuerdo hace muchos años haber asistido a un Retiro Espiritual, uno que cambió mi vida completamente.

Era miércoles santo, un día propicio para confesarse y participar de la Eucaristía (Comunión).
Nos indicaron que llegaría un Sacerdote, pero yo tenía miles de susurros en mi cabeza: “Es tan humano y pecador como tú”, ¿Qué poder tiene para absolverte de los pecados? “Es mejor si lo hablas con Dios directamente ¿no? ¿Para qué necesitas intermediarios?
Entonces me aparté del grupo, pensaba: “No necesito hacer esto, porque simplemente no creo en esto”.
Una Misionera se me acercó y me preguntó ¿Vas a confesarte? Le dije: No. Me pregunta ¿Por qué? Entonces le repito todo lo que ya me sabía de memoria, además eran ideas muy convicentes y sonaban llenas de lógica.
Ella me dice: Entiendo.
Mira, te voy a explicar algo que me ayudó hace mucho tiempo, porque a mí también me faltaba fe para pasar por este momento.
 
*Cada vez que cometemos un pecado: ya sea lastimar a los que nos rodean, ser soberbios, mentir, ser insensibles ante la realidad de otros, entre muchas otras cosas que día a día nos hacen sumar pecados por acción u omisión (dejar de hacer por otro, lo que se puede hacer). Nosotros caemos en cuenta que hemos obrado mal, somos conscientes que podríamos haber actuado diferente, pero jamás regresamos a disculparnos o a resarcir nuestro error. Pensamos: “Ya me equivoqué” y continuamos la vida recordando de vez en cuando que fallamos.
 
La Confesión es un medio que tenemos para pasar por ese momento que evitamos frente a quien hemos herido, porque pedir perdón supone mucha humildad, supone un poco de verguenza también, pero no podemos ir por allí huyendo de nuestra responsabilidad. Entonces decidimos decirle a alguien en quien confiamos por FE, lo que hemos hecho, pasamos por ese complicado momento que no hemos asumido y nos hacemos conscientes de nuestras faltas.
 
Hablar con Dios es sencillo, porque sabemos que va a perdonarnos, porque sencillamente nos ama. Qué fácil es decirle: Bueno Señor, aquí estoy otra vez para pedir perdón y marcharme. Nos cuesta más cuando pasamos por la Confesión.
La Confesión es una manera de reconocer y asumir los errores que vamos cometiendo a lo largo de nuestra vida. Digamos que cuando algo no es tan sencillo, lo aprendemos con mayor rapidez.
Ella se marchó y yo me quedé pensando en todo lo que me había dicho. No puedo negar que con muchas dudas y una fe que recién se estaba formando en mi corazón (tenía 18 años), asumí ese momento, hasta el día de hoy que mi experiencia es completamente diferente, hoy creo firmemente en el sacramento de la reconciliación.

Hace un par de días fui a confesarme y me acompañó una gran amiga (razón por la que me esperó pacientemente). Al salir de la iglesia me hizo la misma pregunta que le hice a la Misionera ¿Por qué tienes que confesarte? Entonces le conté mi experiencia, y fue el Espíritu Santo quien me decía: ¿qué tal si lo escribes?


Es Viernes Santo: Hoy acompañamos en su momento más difícil a quien nos lo ha dado todo, aunque en nuestro libre albedrío estemos usando todo en beneficio propio o para dañar a otros.
 
¡Les deseo un día lleno de FE!

¿Cómo fue que empecé a escribir?

En el plan educativo de mi generación, la opción de viajar, de vivir sola o de estudiar en el extranjero, no estaban en la lista.

Fui educada para el matrimonio y aprendí muchas cosas domésticas para llevar una vida matrimonial exitosa, esto no debe ser razón de crítica porque la educación es generacional, así educaron a mi madre, a la madre de mi madre y así hasta llegar a los inicios de mi árbol genealógico.

Pero el destino y el ser universal en el que confío plenamente, me tenían preparada una hoja de vida totalmente diferente, así a meses de casarme, mi compromiso de rompió, fue uno de los momentos más difíciles de mi vida, pero fue el momento que me impulsó a cambiarlo todo (absolutamente todo).
Cambié mi residencia, cambié de trabajo y como todo cambió, inevitablemente cambié yo también.
Entonces decidí pasar mi momento de duelo en Brasil, digo yo, si iba a estar triste, iba a estar triste en cualquier lugar, porque dicen que no importa a dónde vayas, todo lo que llevas en el corazón lo llevas contigo.

Alguna vez me dijeron: así también quiero sufrir yo.

Entonces fue Brasil el país que me quitó los miedos, pero sobre todo el país que me ayudó a reconstruir algunos sentimientos. Fueron días difíciles, con decisiones importantes, pero en todo momento me acompañó mi actitud determinante y desde entonces, la vida me ha brindado miles de oportunidades.

Fue un viaje diferente, el primer viaje fuera de mi país, un viaje que me ayudó de muchas formas. Durante el tiempo que duró mi relación no fui a ninguna parte porque fue mi elección, porque estaba enamorada y porque no había crecido lo suficiente, porque crecer es un regalo de viajar.

Aprendí a conocerme, descubrí que me gusta la soledad y que no es tan terrible como dicen, me hice valiente y empecé a viajar sola, empecé a escribir porque me ayudaba a comprender muchísimas cosas que nadie podía explicarme y el resultado de ello es mi libro #DespuésDeTi.Nada me habría sucedido si es que el desamor no hubiese tocada mi puerta, lo habría preferido de otra forma, pero así como pasó, así lo asumí, así lo viví, así lo superé y hoy vivo agradecida porque perder a veces significa ganar.
Llevo viajando casi 10 años y mi blog de viajes es testigo de ello (www.amediamochila.com). 
Hoy es mi deseo que a través de mi historia puedas reconocer todas las oportunidades que la vida tiene para ti, por favor decídete a ser feliz.

¡Buena Vida!

Un Gran Día

¡Hoy es un gran día!

Repite esto cada mañana, recuerda los motivos que existen en el corazón para vivir y sobrevivir a veces, agradece por el regalo de la vida, dile a Dios lo que no le puedes decir a los demás.

Ponte de pie, respira hondo, recuerda los objetivos de vida, recuerda todo lo que te falta hacer, recuerda las personas que amas, las que te aman, ora por quienes no te quieren, pide por aquellos que pasan por momentos difíciles, pero sobre todo pide por aquellos que tienen todo lo que necesitan para sentirse felices y no lo valoran, estos últimos son los que están más enfermos, esos son los que buscan personas y cosas para sentirse bien y después de todo morirán sin haber alcanzado la satisfacción.
No pidas por los que no creen en Dios, llegará el día en el que inevitablemente crean, pide por aquellos que tienen una fe débil y en cualquier momento se nos pierden, porque es mejor que alguien encuentre a Dios, a que alguien lo abandone.
Ora por aquel que amaste con todo el corazón y no se quedó, porque no fue capaz de identificar el amor, y es posible que a donde vaya le suceda lo mismo, pide porque reconozca el rostro del amor, porque conviva con él y lo aprecie.
Pide por aquellos que siguen buscando el amor en una vida en la que han sido tan amados, es curioso que busquen lo que siempre han tenido, es natural (con seguridad), pero en la búsqueda perdemos tiempo para amar lo que ya NOS HA encontrado. Pienso en los niños que han sido adoptados o en el deseo de la maternidad de muchas mujeres, y me digo: qué valor tan grande el que la gente nos busque para amarnos, cuántos se han ido por ese motivo ¿no te ha pasado? Empiezas a amar a alguien y sale corriendo, cosas que no tienen explicación, cosas que te asustan más de lo que los ha asustado a ellos.
No odies a nadie, no ganas nada y pierdes en proporciones incalculables. Yo quiero a todo el mundo, a los que me quieren y a los que no me quieren, pero vivo pendiente solamente de los primeros, de los otros no.
Saluda, sonríe, contagia, comparte. Descubre de qué estas hecho y en qué medida eso le sirve al resto y entrégalo, en la entrega se experimenta el amor verdadero. Lo que te resta, lo que no te ayuda, deshazte de eso, observa a quienes tienen las cualidades que tú no tienes y pregúntale ¿Cómo logras esto o aquello? No envidies, RESCATA.
Si crees en algo, hazlo, si crees en alguien, confía. No pienses en el que dirá de las personas, eso usualmente nos cohíbe, nos corta las alas, nos impide el vuelo, en lo único que debes enfocarte es en la #intención con la que haces las cosas, eso te ayudará a discernir. Después de eso, ve con todo.
Recuerda que mientras más pides por otros, más pides por ti.
 
¡Dios con nosotros siempre!