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Y ¿si nos casamos?

Tengo 36 años, más de dos propuestas de matrimonio, un compromiso roto, cientos de películas en la memoria  y una relación maravillosa.

La suma de eventos ha superado mi corta estancia por esta vida, pero han sido suficientes para comprender que aunque es a ellos a quienes se les ha dado la autoridad de decidir cuándo nos casamos (reglas sociales), es a nosotras a quien nos corresponde velar por la importancia de nuestros años, de nuestro tiempo.

¿Cuántas veces podemos involucrarnos en relaciones de cuatro o cinco años? ¿Cuánto tiempo es suficiente para saber si es la persona con la que deseamos casarnos?

¿Cuántas personas hemos salido de relaciones tan largas con rupturas tan breves? ¿Cuántas veces nos hemos reprochado el hacer o no hacer una serie de cosas en un espacio de tiempo dedicado a alguien que ha decidido que no está funcionando?

Y no tienes que tener 36 años para empoderarte sobre la decisión de dar el siguiente paso en la relación, he comprendido un poco al filo del tiempo, que también tengo derecho a preguntar ¿qué sigue ahora? De dejar claramente establecido que no pienso sentarme a esperar por una decisión que también compromete mi tiempo, mis sueños.

He tenido más de un par de reacciones adversas al respecto, cuando he comentado con personas muy cercanas y queridas lo que aquí escribo.

  1. Se me ha cuestionado sobre el amor que siento por la extraordinaria persona que acompaña mis días, mi camino. Simplemente porque he dicho que si en 6 meses no avanzamos, entonces quizá sea momento de tomar otras decisiones, de emanciparme emocionalmente. Y les parece muy radical, quizá amedrentador o quizá hasta desesperado. Sabemos que en el arte de vivir, todos pintamos diferente. Y mientras voy respetando opiniones ajenas me voy preguntando: si todo tiene su tiempo ¿por qué siempre tienen que decidirlo ellos? Y no estoy refiriéndome a pedirles matrimonio, sino a preguntarles ¿qué debo esperar a corto plazo? Desde hace mucho las cosas de largo plazo para mí no existen.
  2. Me han preguntado: ¿no sientes que lo estás presionando? Y mi respuesta es: no. Y si van a victimizar a alguien, que sea a una de nosotras que hemos aprendido inconscientemente a dejar el “poder” de decidir el “cuándo”, en sus manos. Y, asumiendo que sí lo estoy presionando, pues si en realidad no tiene ninguna intención de quedarse conmigo, simplemente no lo hará, aun cuando le plantee la situación de cualquier otra manera.
  3. Cuando alguien no sabe si desea tomar decisiones tan trascendentales como el hecho de casarse o de comprometerse, una de las opciones es que generosamente le otorgues un poco de tiempo, lo que no significa necesariamente que en 10 años tenga una idea clara sobre el tema, o quizá sí, pero no contigo. Ahora, si deseas arriesgar, es un derecho que nadie te puede arrebatar.

Este escrito va más allá del matrimonio, tiene que ver con el tiempo, con los planes, con el futuro. No sé si hay que ser muy valiente o muy tonta para compartir una serie de pensamientos que serán leídos por quienes siguen creyendo que queremos ser como ellos, que ahora también vamos a comprarles un anillo de compromiso, y aunque nadie dice que no se puede, esto está completamente relacionado a nuestra absoluta independencia, porque aunque muchos puedan llenar su ego diciendo que cada quien hace lo suyo y que una relación no limita a nadie, déjenme decirles que el coordinar espacios y  tiempos, es además del respeto que siento por quien amo, la forma de no estar en donde quiero, a cualquier hora y en cualquier fecha.

No está demás pedirte que no tomes lo que escribo de forma literal, siempre, siempre, es una forma de decir muchas cosas, como ahora, que no hablo precisamente del matrimonio (aunque así parezca), sino de todo lo que involucra hacer crecer una relación.

Que las reglas sociales no determinen nuestra voluntad sobre el amor, sobre el tiempo, sobre el futuro. Que sean nuestros sueños, las oportunidades y la libertad las que se hagan visibles en un mundo en donde tenemos más obligaciones que derechos.

¡Feliz Vida!

Madre

Saludo a cada madre en esta tierra por su fortaleza, por su energía inagotable, por su convicción de amar, por su sí constante a cada petición que la vida le hace.
 
Todas son especiales, pero hoy quiero felicitar a:
 
Esa madre que se ha hecho padre desde el inicio en la vida de sus hijos, o a la mitad del camino.
 
Esa madre que en medio del abandono y con el corazón hecho trizas, ha decidido continuar para forjar en sus hijos el concepto de fortaleza que se necesita en esta vida.
 
Esa madre que ha tenido que afrontar un divorcio, para entender que aunque el padre se haga responsable económicamente, en casa ya no habrá con quien compartir horarios, labores, decisiones. Porque no es lo mismo un depósito en cuenta bancaria, que despertar a las 06.00a.m para alistar la lonchera, enviar al niño a la escuela, dejar el almuerzo preparado e ir a trabajar porque a veces el dinero no alcanza, menos cuando el padre empieza a ser padre de otros hijos adicionales.
 
Esa madre que intenta llevar una relación cordial con el padre que visita a su hijo cuando puede, cuando quiere. Que se muerde la lengua para no crear sentimientos negativos, para demostrarle a su niño que ella tiene autoridad moral para hablar del perdón.
 
Esa madre que ha vivido la infidelidad, pero que no tiene derecho a irse de la casa para rehacer la vida inmediatamente, porque tiene que quedarse a recoger todo lo que se ha roto para que sus hijos puedan caminar descalzos por toda la sala, para que no se corten desde el alma, para que no les pase nada.
 
Esa madre que poniendo su corazón en la maleta ha decidido marcharse, porque comprende que si se queda con quien la castiga, el concepto de amor que le está enseñando a sus hijos, es el concepto equivocado. 
 
Esa madre que reza todas las noches para que su hijo sea reconocido, para que el padre al menos lo llame, para que su padre no vuelva a mentirle diciéndole al niño que estará en su partido de básquet.
 
Esa madre con un niño al que la sociedad llama discapacitado, pero que está preparado para lo más importante en esta vida: amar.
 
¡Feliz día Madre!
 
¡Gracias por tu amor incondicional! 

La fragilidad ha conquistado el mundo

La fragilidad ha conquistado el mundo, todo se rompe con tanta facilidad: las relaciones, el compromiso, las promesas, los sueños, las convicciones, la fe.

Me he preguntado por estos días ¿qué haré con toda la fuerza que existe en mi corazón? ¿Debo reprimirla para no asustar a los demás o debo permitirme ser quien soy y quedarme con quien resista semejante explosión?

¿Qué hacemos las personas fuertes en un mundo de cristal? ¿Resistir, avanzar y seguir confiando aunque todo se siga rompiendo a nuestro paso y en nuestro interior?

Las personas no se dejan abrazar por miedo a quebrarse en nuestros brazos, ya no creen en el amor aunque lo sigan soñando, aunque inconscientemente lo sigan buscando.

¡El mundo está al revés! El odio no tiene límites y sin embargo, el amor está mutilado. La delicadeza no se usa para amar, se usa para disimular sentimientos, así nadie se siente seguro, así nadie se aprovecha de lo que siento.

Hemos aprendido a mirar el amor con miedo, porque nos hemos hecho a la idea de que el día menos pensado puede lastimarnos, o lo que es peor, puede abandonarnos. No comprendemos que cuando las personas se van, se llevan sus promesas, sus palabras y lo que hemos entregado en la relación, pero no es posible que se lleven todo lo que soy, ni todo mi amor, porque soy  manantial, un manantial que desemboca en muchas personas, y si una de ellas decide no alimentarse más de lo que soy, pues debo seguir fluyendo, algún día, alguna vez llegará quien tenga sed de lo que soy, un ser de amor, de luz, de paz.

No encuentro razón para caminar de puntillas en el amor por miedo a que se fragmente, o de acariciarnos el alma en silencio mientras nos desborda todo lo que llevamos dentro. No encuentro razón para que el mundo le pertenezca a quienes lo rompen todo sin intención de reparar nada, dejándonos un camino lleno de desconsuelo a los que sí estamos dispuestos, a los que sí queremos porque podemos.

Cuando hay convicción en el espíritu entonces el mundo ya no es de los demás, es nuestro. Y los fantasmas que nos dejan las relaciones del pasado o las historias de amores ajenos, no deben asustarnos, frenarnos o negarnos oportunidades con las que siempre hemos soñado.

No es tan sencillo, para mí tampoco lo ha sido. Pero sigo creyendo y avanzando, porque te das cuenta que el mundo requiere personas con empuje, con fortaleza, con ganas de amar.

Recuerdo subir una montaña que está sobre los 5,000 msnm, era preciso caminar aproximadamente 3 horas y el camino era sumamente empinado, entonces vi a muchos pobladores alquilando sus caballos para ahorrarles a las personas la caminata, el precio eran 3 noches de alojamiento (para mí), entonces decidí caminar, de pronto empezó a llover y a granizar, la temperatura bajó y mi paso se hizo más lento. A medida que avanzaba los caballos resbalan y caían, las personas empezaron a golpearse y me asusté”.

Eso sucede cuando decidimos amar, tomamos decisiones, nadie sabe cuál es la mejor opción. Una amiga me preguntaba ¿cómo sabes? Y le decía: No sabes, nunca sabes. Solamente el tiempo y el día a día va a mostrarte si las elecciones han sido correctas, tú solamente camina, avanza y no importa a cuántas personas veas resbalar y caer, recuerda, los medios que usamos para amar son todos diferentes, no todo funciona con todos porque no todos quieren lo mismo, pero confía en lo que estás haciendo y aunque en algún momento el camino se torne difícil, no abandones, resbalar está bien, pero caer y lastimarse precisa preguntarse ¿quiero continuar con la misma elección o es el momento de elegir algo diferente?

En un mundo en donde todo se rompe, es necesario que las personas resistan, porque si todo se debilita, quién va a ayudar a reconstruir los puentes a la confianza, o la apuesta por el amor.

Debemos saber que mientras estemos dispuestos a amar, también estamos expuestos al sufrimiento, pero que el camino está hecho de decisiones, entonces cuando el amor empieza a doler,  hay que bajarse del caballo y empezar a caminar.

¡Fuerza!

Reconciliación

Recuerdo hace muchos años haber asistido a un Retiro Espiritual, uno que cambió mi vida completamente.

Era miércoles santo, un día propicio para confesarse y participar de la Eucaristía (Comunión).
Nos indicaron que llegaría un Sacerdote, pero yo tenía miles de susurros en mi cabeza: “Es tan humano y pecador como tú”, ¿Qué poder tiene para absolverte de los pecados? “Es mejor si lo hablas con Dios directamente ¿no? ¿Para qué necesitas intermediarios?
Entonces me aparté del grupo, pensaba: “No necesito hacer esto, porque simplemente no creo en esto”.
Una Misionera se me acercó y me preguntó ¿Vas a confesarte? Le dije: No. Me pregunta ¿Por qué? Entonces le repito todo lo que ya me sabía de memoria, además eran ideas muy convicentes y sonaban llenas de lógica.
Ella me dice: Entiendo.
Mira, te voy a explicar algo que me ayudó hace mucho tiempo, porque a mí también me faltaba fe para pasar por este momento.
 
*Cada vez que cometemos un pecado: ya sea lastimar a los que nos rodean, ser soberbios, mentir, ser insensibles ante la realidad de otros, entre muchas otras cosas que día a día nos hacen sumar pecados por acción u omisión (dejar de hacer por otro, lo que se puede hacer). Nosotros caemos en cuenta que hemos obrado mal, somos conscientes que podríamos haber actuado diferente, pero jamás regresamos a disculparnos o a resarcir nuestro error. Pensamos: “Ya me equivoqué” y continuamos la vida recordando de vez en cuando que fallamos.
 
La Confesión es un medio que tenemos para pasar por ese momento que evitamos frente a quien hemos herido, porque pedir perdón supone mucha humildad, supone un poco de verguenza también, pero no podemos ir por allí huyendo de nuestra responsabilidad. Entonces decidimos decirle a alguien en quien confiamos por FE, lo que hemos hecho, pasamos por ese complicado momento que no hemos asumido y nos hacemos conscientes de nuestras faltas.
 
Hablar con Dios es sencillo, porque sabemos que va a perdonarnos, porque sencillamente nos ama. Qué fácil es decirle: Bueno Señor, aquí estoy otra vez para pedir perdón y marcharme. Nos cuesta más cuando pasamos por la Confesión.
La Confesión es una manera de reconocer y asumir los errores que vamos cometiendo a lo largo de nuestra vida. Digamos que cuando algo no es tan sencillo, lo aprendemos con mayor rapidez.
Ella se marchó y yo me quedé pensando en todo lo que me había dicho. No puedo negar que con muchas dudas y una fe que recién se estaba formando en mi corazón (tenía 18 años), asumí ese momento, hasta el día de hoy que mi experiencia es completamente diferente, hoy creo firmemente en el sacramento de la reconciliación.

Hace un par de días fui a confesarme y me acompañó una gran amiga (razón por la que me esperó pacientemente). Al salir de la iglesia me hizo la misma pregunta que le hice a la Misionera ¿Por qué tienes que confesarte? Entonces le conté mi experiencia, y fue el Espíritu Santo quien me decía: ¿qué tal si lo escribes?


Es Viernes Santo: Hoy acompañamos en su momento más difícil a quien nos lo ha dado todo, aunque en nuestro libre albedrío estemos usando todo en beneficio propio o para dañar a otros.
 
¡Les deseo un día lleno de FE!

¿Cómo fue que empecé a escribir?

En el plan educativo de mi generación, la opción de viajar, de vivir sola o de estudiar en el extranjero, no estaban en la lista.

Fui educada para el matrimonio y aprendí muchas cosas domésticas para llevar una vida matrimonial exitosa, esto no debe ser razón de crítica porque la educación es generacional, así educaron a mi madre, a la madre de mi madre y así hasta llegar a los inicios de mi árbol genealógico.

Pero el destino y el ser universal en el que confío plenamente, me tenían preparada una hoja de vida totalmente diferente, así a meses de casarme, mi compromiso de rompió, fue uno de los momentos más difíciles de mi vida, pero fue el momento que me impulsó a cambiarlo todo (absolutamente todo).
Cambié mi residencia, cambié de trabajo y como todo cambió, inevitablemente cambié yo también.
Entonces decidí pasar mi momento de duelo en Brasil, digo yo, si iba a estar triste, iba a estar triste en cualquier lugar, porque dicen que no importa a dónde vayas, todo lo que llevas en el corazón lo llevas contigo.

Alguna vez me dijeron: así también quiero sufrir yo.

Entonces fue Brasil el país que me quitó los miedos, pero sobre todo el país que me ayudó a reconstruir algunos sentimientos. Fueron días difíciles, con decisiones importantes, pero en todo momento me acompañó mi actitud determinante y desde entonces, la vida me ha brindado miles de oportunidades.

Fue un viaje diferente, el primer viaje fuera de mi país, un viaje que me ayudó de muchas formas. Durante el tiempo que duró mi relación no fui a ninguna parte porque fue mi elección, porque estaba enamorada y porque no había crecido lo suficiente, porque crecer es un regalo de viajar.

Aprendí a conocerme, descubrí que me gusta la soledad y que no es tan terrible como dicen, me hice valiente y empecé a viajar sola, empecé a escribir porque me ayudaba a comprender muchísimas cosas que nadie podía explicarme y el resultado de ello es mi libro #DespuésDeTi.Nada me habría sucedido si es que el desamor no hubiese tocada mi puerta, lo habría preferido de otra forma, pero así como pasó, así lo asumí, así lo viví, así lo superé y hoy vivo agradecida porque perder a veces significa ganar.
Llevo viajando casi 10 años y mi blog de viajes es testigo de ello (www.amediamochila.com). 
Hoy es mi deseo que a través de mi historia puedas reconocer todas las oportunidades que la vida tiene para ti, por favor decídete a ser feliz.

¡Buena Vida!

Un Gran Día

¡Hoy es un gran día!

Repite esto cada mañana, recuerda los motivos que existen en el corazón para vivir y sobrevivir a veces, agradece por el regalo de la vida, dile a Dios lo que no le puedes decir a los demás.

Ponte de pie, respira hondo, recuerda los objetivos de vida, recuerda todo lo que te falta hacer, recuerda las personas que amas, las que te aman, ora por quienes no te quieren, pide por aquellos que pasan por momentos difíciles, pero sobre todo pide por aquellos que tienen todo lo que necesitan para sentirse felices y no lo valoran, estos últimos son los que están más enfermos, esos son los que buscan personas y cosas para sentirse bien y después de todo morirán sin haber alcanzado la satisfacción.
No pidas por los que no creen en Dios, llegará el día en el que inevitablemente crean, pide por aquellos que tienen una fe débil y en cualquier momento se nos pierden, porque es mejor que alguien encuentre a Dios, a que alguien lo abandone.
Ora por aquel que amaste con todo el corazón y no se quedó, porque no fue capaz de identificar el amor, y es posible que a donde vaya le suceda lo mismo, pide porque reconozca el rostro del amor, porque conviva con él y lo aprecie.
Pide por aquellos que siguen buscando el amor en una vida en la que han sido tan amados, es curioso que busquen lo que siempre han tenido, es natural (con seguridad), pero en la búsqueda perdemos tiempo para amar lo que ya NOS HA encontrado. Pienso en los niños que han sido adoptados o en el deseo de la maternidad de muchas mujeres, y me digo: qué valor tan grande el que la gente nos busque para amarnos, cuántos se han ido por ese motivo ¿no te ha pasado? Empiezas a amar a alguien y sale corriendo, cosas que no tienen explicación, cosas que te asustan más de lo que los ha asustado a ellos.
No odies a nadie, no ganas nada y pierdes en proporciones incalculables. Yo quiero a todo el mundo, a los que me quieren y a los que no me quieren, pero vivo pendiente solamente de los primeros, de los otros no.
Saluda, sonríe, contagia, comparte. Descubre de qué estas hecho y en qué medida eso le sirve al resto y entrégalo, en la entrega se experimenta el amor verdadero. Lo que te resta, lo que no te ayuda, deshazte de eso, observa a quienes tienen las cualidades que tú no tienes y pregúntale ¿Cómo logras esto o aquello? No envidies, RESCATA.
Si crees en algo, hazlo, si crees en alguien, confía. No pienses en el que dirá de las personas, eso usualmente nos cohíbe, nos corta las alas, nos impide el vuelo, en lo único que debes enfocarte es en la #intención con la que haces las cosas, eso te ayudará a discernir. Después de eso, ve con todo.
Recuerda que mientras más pides por otros, más pides por ti.
 
¡Dios con nosotros siempre!

En la espera, está la recompensa

Recuerdo hace un par de años a una profesora preguntando ¿Ustedes creen que a todos los que hacen las cosas bien, les va bien?

Y enorme fue mi sorpresa cuando mis compañeros al unísono respondieron ¡No!

Me sentí como una niña cuando descubre que Papá Noel no existe, y es que el intentar hacer las cosas bien siempre ha sido la convicción que me ha sostenido en mi arduo caminar, y de pronto hay un grupo de personas diciéndome tácitamente, que todo en lo que he creído los últimos años de mi vida, no existe y si existe, no es verdad.

La sensación de estar sumergida en el mar, me abordó. Escuchaba el bullicio, pero no entendía bien lo que decían, lo que intentaban explicar.

Mi mente me llevó a los días complicados en los que me preguntaba ¿qué hice mal? Porque mi razón y mi corazón no encontraban el error, pero cuando sin entender sigues viviendo, pero sobre todo sigues apostando por lo que crees a pesar del resultado, tarde o temprano lo que tiene que ser, será.

Y el tiempo que no se detiene, que no se mide en tu esperanza y que se hace ocasional, un día se predispone a entregarte todo aquello que ya no esperas, pero que mereces. Que le da un significado a todas las lágrimas que un día te desbordaron el alma y que es de tal magnitud que terminas afirmando con plena sonrisa en el rostro: no creí que alguna vez esto me podría pasar a mí.

Pero cuando la inmensidad del premio deja de ser una novedad y tienes un tiempo de sosiego, relacionas toda tu entrega en el pasado y los días de gozo que experimentas en el presente, para convencerte que esto era lo que esperabas cuando te permitiste amar más allá de cualquier lógica, y no ahora que tienes todos los sentimientos relacionados aritméticamente, de modo que no das más de lo que recibes.

No digo que porque se merece no deba agradecerse, al contrario, uno debe dar gracias siempre, sobre todo porque entiendes que nada sucede cuando uno quiere, pues más allá de donde habita la justicia, vive el tiempo perfecto, aquel lugar en donde disfrutar del premio nos satisface, porque hay paz, porque hay un sentido de responsabilidad sobre él, para decirle al mundo (y a tu profesora), que hacer las cosas bien, sirve. El problema es la inmediatez que nos desborda, el problema es creer que lo merecemos todo en el momento en el que lo necesitamos, más allá de la razón, por simple conveniencia.

¿No se entiende lo que escribo? Yo sé. Intentando simplificar y ejemplificar, no es que todo nos salga mal, no estamos desamparados por la luz divina, ni el cielo nos ha dado la espalda. Es tiempo de esperar mientras vamos trabajando, mientras vamos amando nuestra vida, la de alguien más, la de muchos. Pero es ese tiempo el que nos desespera mientras va llenándonos de temores y de sonrisas vacías, y es ese tiempo el que nos empuja a perder la fe para terminar de convencernos que de nada han servido nuestras buenas acciones, o lo que hemos hecho por otros. Entonces terminamos confrontándonos con nosotros mismos y sin necesidad de espejo, le gritamos al viento que nuestros primeros intentos nos han enseñado (en nuestros limitados tiempos y en nuestra reducida paciencia) que ahora es preciso intentar todo, pero al revés, de modo que un día puedas afirmar frente a tus compañeros de clase, que a los que hacen las cosas erróneamente, también les va bien.

Me niego a consentir semejante disparate, defiendo mi causa porque soy consciente que puede pasar mucho tiempo para que la vida nos entregue lo que anhelamos y todo aquello por lo que hemos trabajado, pero sin temor y sin dudar, ese tiempo llegará.

Y escribo para ti ahora: “Que en el tiempo comprendes que es inevitable abrir las manos después de abrir el corazón; a veces no es simultáneo, tampoco inmediato, pero es una regla de vida en la debes creer a través de la fe.”

¡Confía!

¡Qué difícil perdonar!

Qué difícil aun sabiendo que es el único camino a la paz, al sosiego espiritual. Y no se trata de falta de voluntad, sino de las heridas que se rehúsan a cerrar.
Sabemos que es preciso dejar que todo fluya, que siga su curso, que pase el tiempo. Lo sabemos, pero no entendemos, lo sabemos pero no encontramos la forma de usar tanto conocimiento en nuestro día a día, en nuestra vida.
El dolor, la ira, el resentimiento comprimen nuestro pecho y hacen estrecha nuestra mente, de modo que los grandes pensamientos (esos que nos impulsan a soltar), no se atreven a pasar.
Nos aferramos y nos enfocamos en venganzas que lo único que nos dan por servido es tiempo perdido. Nos sentimos amados por quien apoya nuestra causa aunque no se vista de justicia, sin darnos cuenta que quien nos ama debería oponerse a todo aquello que le demuestre que está amando a quien no sabe amar, ni perdonar, ni olvidar. ¡Qué miedo!
De medicina no sé mucho, de la vida quizá un poco más. Pero no quiero de ninguna manera que las arterias de mi corazón y de mi alma, se obstruyan con sentimientos que no me ayuden a pensar, a crecer, a soñar, a volar.
Quiero y necesito que todos los músculos cardíacos de mi vida funcionen, entonces elevo oraciones por mí, para ser libre, para vivir sin miedo, para vivir sin preguntarme por qué el pasado ha sido (a veces) mezquino conmigo. Y entonces, el tiempo pasará dejando una gran lección: ES A TRAVÉS DEL PERDÓN QUE HEMOS AMADO A QUIEN NOS HA LASTIMADO.

El Gran Showman

Quienes me leen saben que el cine es el mágico lugar en donde mi mente puede viajar, puede soñar, puede pensar. Yo sé es un entretenimiento, para mí (a veces) es más que eso.

No te voy a contar la película completa, pero sí te voy a describir los momentos en los que algunas escenas te permiten hacer un paralelo con tu vida, con la que tienes ahora o con la que sueñas tener.

El Gran Showman relata la historia de un hombre cuyo camino se parece al de muchos de nosotros. Un hombre que en principio fue un niño soñando con una vida grandiosa, motivado por la discriminación y la pobreza, luego por el amor. Un hombre que al hacerse adulto y al tener una familia debe hacerse responsable de ella, desarrollando una vida “normal”, dejando que sus sueños le sigan gritando que nació para tener una vida extraordinaria.

El tiempo transcurre y su zona de confort le restringe el acceso: usted ha perdido el trabajo, la empresa ha quebrado. Las preocupaciones llegan, y en la desesperanza lo acompañan un millón de ideas. Sus hijas y su esposa son representación de un amor que lo edifica, que lo fortalece y entonces comete algunas locuras que pocos estamos dispuestos, les llaman: riesgos.

Compra un inmueble y abre un museo, no tiene acogida, las personas no disfrutan de ese tipo de arte, las personas disfrutan más comprando ropa que un buen libro, hay quienes prefieren los lujos a la educación, y así, una serie de elecciones que hacen del camino de los soñadores, un camino desalentador, pero un camino que (con mucha locura y perseverancia) hemos decidido recorrer.

Después de muchas lunas, Barnum (protagonista de la película), decide reinventarse e inicia la búsqueda de personas cuya belleza esté fuera de cualquier estereotipo, y las encuentra. Les propone un trabajo, abrirse al mundo, encontrar su propia aceptación y entonces montan un show. Y como SIEMPRE hay quienes ven las cosas desde dos perspectivas: algunos lo acusan por aprovecharse de la “miseria humana”, y otros lo admiran por incluir a personas que la sociedad no acepta. Barnum cree en lo que hace, pero la seguridad y el crecimiento le abre paso a eso que llamamos “ego”, entonces sus deseos cambian y su prioridad es: pertenecer a la clase social alta.

¿Lo logró? Sí, lo hizo. Pero cuando vamos detrás de algo por las razones equivocadas, no es lógico que todo resulte bien. A veces es correcto preguntarse ¿qué estoy buscando? Barnum ya tenía dinero y fama, pero quería más, quería la aceptación de personas que no eran importantes en su vida y obviamente descuidó a los suyos, a aquellos que creemos incondicionales hasta que nos abandonan.

Barnum regresa a casa, decidido a replantearse las prioridades que siempre lo han acompañado, recupera la confianza de su esposa y abraza sus sueños nuevamente, ahora con la intención de hacerlo todo por su familia, por él, por sus amigos.

Salgo del cine sintiéndome un Barnum a medio camino, considerando que no debe preocuparme la edad, porque a pesar de no estar en competencia, muchas personas te comparan con otros y sin decirlo, te hacen caer en cuenta que no tienes una casa, un auto, una familia y que en conclusión no tienes mucho en la vida.

Soy un Barnum que sigue buscando la fórmula exacta del éxito, sin desesperarme por ello, con días de interrogantes y desánimo, con otros días de esperanza y aliento.

Pero sobre todo, soy un intento constante de verme feliz, sin tener claro a dónde llegar y qué esperan las personas de mí. Creo con toda el alma que mientras vaya detrás de lo que amo con un corazón fiel a mis anhelos, irremediablemente llegaré a buen puerto, que no tiene que ver con lujo, fama o dinero, sino con alcanzar la plenitud a través de mis sueños.

No tengo estrella, no me ha marcado el destino y no he nacido para algo en especial, estoy aquí para amar mi vida y mi cuerpo, alimentar mi espíritu y compartir mi don, y es a través de todo ello que habré amado con intención y de forma inconsciente, y es a través de todo ello que deseo seas feliz también.

 

Decálogo del Amor

  1. Estaré contigo en tus días más tristes, en tus noches más negras.
  2. Te abrazaré sin preguntar, esperando que desees conversar.
  3. En nuestros días más difíciles, recordaré nuestros días más felices.
  4. En la rutina y el aburrimiento, no buscaré a nadie más que a ti, porque es a ti a quien elegí.
  5. Cuando tus sueños se hayan dormido, te despertaré a tiempo, porque es a través de ellos que seré feliz también.
  6. Si un día decides marcharte, no buscaré culpables, no pediré que te quedes, no permitiré que regreses.
  7. Y si alguna vez no me es posible olvidar y continuar, me iré para procurarte un poco de paz.