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Decálogo del Amor

  1. Estaré contigo en tus días más tristes, en tus noches más negras.
  2. Te abrazaré sin preguntar, esperando que desees conversar.
  3. En nuestros días más difíciles, recordaré nuestros días más felices.
  4. En la rutina y el aburrimiento, no buscaré a nadie más que a ti, porque es a ti a quien elegí.
  5. Cuando tus sueños se hayan dormido, te despertaré a tiempo, porque es a través de ellos que seré feliz también.
  6. Si un día decides marcharte, no buscaré culpables, no pediré que te quedes, no permitiré que regreses.
  7. Y si alguna vez no me es posible olvidar y continuar, me iré para procurarte un poco de paz.

EL PRINCIPITO

-¡Ah, -exclamó el rey al divisar al principito-, aquí tenemos un súbdito!

El principito se preguntó:

“¿Cómo es posible que me reconozca si nunca me ha visto?”

Ignoraba que para los reyes el mundo está muy simplificado. Todos los hombres son súbditos.

-Aproxímate para que te vea mejor -le dijo el rey, que estaba orgulloso de ser por fin el rey de alguien.


Cada vez que tengo un libro, es increíble lo mucho que tardo en terminar de leerlo, lo analizo, lo desgloso, lo re-leo, y me tomo el tiempo que a otras personas les podría alcanzar para leer dos libros o más. Y en realidad, me sucede con casi todo: cartas, e-mails, tarjetas, etc.

Estoy a la mitad del Principito, he escrito pequeñas cosas en mi Facebook personal, hasta que encontré el texto con el que inicio este post.

¿Por qué he decidido centrarme en este fragmento? Pues porque quizá me remonta a ciertas situaciones en las que las personas se enaltecen por cuestiones insignificantes.

Dudas que me abordan:

  1. Cuántas personas sintiéndose líderes porque tienen un seguidor o unos cuantos aduladores, menospreciando así a otros, creyendo que nadie tiene la capacidad de hacer lo que ellos hacen.
  2. Cuántas personas ufanándose de un título, de un cargo, de un puesto de trabajo, de un puesto de confianza, sin caer en cuenta, que todo aquello es temporal. Sin preguntarse ¿Qué me queda después de todo esto?
  3. Cuántas personas vacías y carentes de afecto, intentando alimentar el ego, tomando decisiones absurdas sobre otros, ejerciendo su poderío a través de la humillación.

Entonces ¿Se puede ser rey de un solo súbdito?

Y no estoy molesta, estoy llena de asombro ¿Cómo podemos sentirnos tan grandes en un universo que nos empequeñece?

Eres alguien conocido para cierta población o grupo humano, pero para alguna mitad del planeta simplemente eres inexistente. Y digo conocido, porque todos somos importantes en el medio en el que nos desenvolvemos, para las personas que nos aman, para las mascotas que cuidamos.

¡Todos somos! Y todos merecemos que nos miren y nos traten con respeto, pues subordinados o no, sentimos, soñamos, luchamos.

Me es imposible la indiferencia, tampoco me afecta en gran medida, solamente me hace reflexionar sobre nuestra razón de ser, de estar. ¿Cuál es el legado que deseamos dejar? ¿Quiénes y cómo deseamos que nos recuerden?

La autoridad no se proclama, se gana con coherencia, con justicia, sobre todo con argumento.

Pido porque nuestros dones y talentos, no sean usados para jactancia o vanagloria, sino para nuestro bien y el de los demás, porque: «Si eres fiel en lo poco, se te confiará mucho más». (Mat 25,21)

Y es que al final de la vida, nos queda la muerte, y deberíamos de forma consciente, llegar hacia ella, en paz.

¡Buena Semana!

Ya no me quedas tú

Decidí rehacer mi vida cuando perdí la esperanza de verte volver. Creí que el tiempo me ayudaría, que mis recuerdos en tu memoria te impulsarían a buscarme una vez más, pero ni el tiempo, ni los buenos momentos jugaron a mi favor.

Los primeros años fueron difíciles, dolorosos y llenos de mucha nostalgia. Intenté en cada instante, olvidarte, dejar de evocar mis noches contigo, dejar de pensar que todo fue mi culpa y empezar a creer que el destino nos había preparado para amarnos sin permitirnos estar juntos.

Seguí viviendo, sin darme la oportunidad de arriesgar por nadie, porque nadie era como tú. Me centré en todo lo que no me daba vida, pero me entretenía.

No hubo una sola noche por mucho tiempo, en la que no haya deseado regresar al pasado y hacerlo todo diferente, no dejarte ir, o no dejarte entrar. Y sin embargo, me ha tomado años salir del limbo, de ese espacio intermedio, en el que permaneces aun cuando ya no estás.

Contigo aprendí que la ley de la compensación no existe, que lo que se hizo antes no sirve de fianza para el futuro, que el amor que existió no tenía garantía, no incluía perdón, mucho menos compasión.

Escribí cartas que jamás obtuvieron respuesta. Escribí explicando una razón para cada situación, pero hoy que no estás, me queda claro que de nada sirvieron.

Y entre telarañas de cuentos y fábulas, un día después de muchos años, decidí que era hora de marcharme, que ya no tenía nada que esperar, tú ya estabas con alguien.

Entonces me fui, me fui de todas las formas en las que es posible marcharse del pasado. Sin hablar más de ti, sin pensar en lo que fue, ni en lo que pudo ser.

Y hoy después de mucho tiempo, sólo me quedan recuerdos, y puedo afirmar (agradeciendo), que ya no me quedas tú, ni en el corazón, ni en el cuerpo.

Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte

A mitad de viaje he revisado las redes sociales, y a punto de ingresar a misa, he leído la publicación de una niña que necesita ayuda porque ha nacido con complicaciones, tiene la piel muy delicada y se lastima con facilidad. Necesita medicamentos, necesita dinero. Nadie pide oraciones porque muchas personas no creen en ellas, dicen que es mejor hacer, que pedir. Yo pienso que todo sirve.

Guardé el móvil y decidí orar por esta niña también, fue inevitable recordar en ese momento a alguien que siempre me ha preguntado (con intención de cuestionar mi fe), si Dios existe ¿por qué permite que los niños sufran? Y casi siempre me ha dejado sin respuesta, o de pronto las que le he dado  no han logrado satisfacerlo y lo comprendo. Dios tiene motivos que en el tiempo o quizá nunca, logramos entender, pero estoy segura que los tiene, y es fe lo que me hace creer que así es. Lo siento, esto no es algo que pueda explicar, es algo que siento y me supera y sobre todo, me ayuda a vivir confiada.

Le pregunté lo mismo a Dios: ¿Por qué sufre esta niña? Es tan pequeña y ya tiene días difíciles. Muchas personas, muchas ideas, muchas imágenes vinieron a mi cabeza, todas ellas ligadas a duras batallas.

Recordé a Lorena Meritano (actriz), a Pau Donés (cantante de Jarabe de Palo), a Lizzie Velásquez (oradora motivacional), entre otros tantos que me inspiran a darle guerra a la vida. Lizzie por ejemplo, sufre de una rara enfermedad, que no le permite subir de peso, que le ha ocasionado ceguera en el ojo derecho, tiene envejecimiento prematuro y ella algunas veces afirma: “Dios me bendijo con la bendición más grande de mi vida, que es mi síndrome”.

Y llámalo como quieras, pero yo diré que fue una respuesta contundente. ¿Estamos destinados al sufrimiento o somos elegidos para asumir desafíos? Porque ante el dolor y la incomprensión tenemos dos opciones, dejarnos llevar hacia la oscuridad, encerrarnos y renunciar a vivir. O, aprender a vivir en medio de toda nuestra adversidad y hacer de cada momento una razón para sobresalir.

¿Acaso no son estas personas las que han nacido para enseñarnos que en medio de todo lo desalentador que puede ser el camino, es posible seguir avanzando? Y quienes así lo han entendido han hecho de su vida una lucha constante, de su enfermedad una bendición por la que agradecen, y en sus debilidades han encontrado su mayor fortaleza. Dice una cita bíblica: “Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12,10).

¿Qué se necesita para encontrar fuerza en lo que la gente usa para debilitarte? Fe, es todo. Creer que hay una razón que va más allá de cualquier argumento lógico, y asumir que tenemos la posibilidad de hacer de nuestra vida un instrumento, un medio para otros, para aquellos que no son tan fuertes, que tienen un escenario favorable pero que no tienen la visión que tiene Lizzie. Ella dice que lo positivo de no ver por un ojo, es que solamente paga por un solo lente de contacto.

Entonces desde aquel día, mi oración por aquellos que pasan momentos difíciles, adversos e inexplicables, tiene que ver con que dejen de estar en donde están, pero también, para que mientras estén, puedan hacer de sus circunstancias, motivaciones para aquellos que teniendo la mejor salud del mundo, se dejan morir.

No tengo argumento para explicarte lo que a veces, yo tampoco comprendo, tan solo quiero hacerte saber que siempre tenemos la oportunidad de transformar nuestras desfavorables circunstancias para que a través de ellas, sea posible darle vida a los demás.

Yo no quiero que estés de acuerdo conmigo o resultar siendo convincente, quizá lo único que necesito es que ames la vida que tienes, sea como sea que te la hayan asignado, porque es la oportunidad que tienes de transcender.

Termino mi escrito con una frase que propiciamente encontré: “Le pregunté a Dios: ¿Por qué me estás llevando a aguas profundas? y él me contestó: Porque tus enemigos no saben nadar.

¡Buenas noches!

 

Cuando el amor habla

Cuando el amor habla, se deja ver en los detalles, en esos que son gratuitos, que  florecen en cualquier parque, rosas le dicen.

Cuando el amor habla, se hace presente en mitad de toda ausencia, en medio de toda distancia, a través de los mensajes, de los correos, de cartas o telegramas, comunicación le llaman.

Cuando el amor habla, se aprecia en el esfuerzo diario, en la lucha constante por tallar excesos, y aunque no deberían, sacrificios les dicen.

Cuando el amor habla, las palabras fluyen, los sentimientos pueden palparse, el futuro no se ve lejano, las promesas se hacen reales, y compromiso suelen llamarle.

Cuando el amor habla, los errores se asumen, se perdona y se pide perdón, se aprende a lidiar con el dolor que causan las decepciones, valentía le dicen.

Cuando el amor habla, la confianza se valora, la fidelidad cobra sentido, hacer el amor deja de ser solamente sexo y la intimidad complementa el sentimiento, pocos los conocen, pero valores todavía les dicen.

Cuando el amor habla, la delicadeza lo envuelve, la paciencia se empodera, y sin parecer temeroso, se hace escuchar en medio de tanto pleito, comprensión le llaman.

Cuando el amor habla, la indiferencia desaparece, no existe aceptación si el panorama se torna difícil, sino que,  las brechas se cubren a través de nuestro interés por el otro, preocupación le llaman.

Cuando el amor habla, las situaciones no son arbitrarias, nadie debe comprender a nadie, al contrario, cada momento debe ser compartido, bueno o malo, debe tocar a las personas en la misma medida, no aceptamos conveniencias, empatía le dicen.

Cuando el amor habla, las expectativas mueren, porque recibimos más de lo que esperamos, y entregamos más de lo que creíamos seríamos capaces de entregar,  y es cuando te das cuenta que más allá de todo significado, el amor se deja ver, se hace real, se hace verdad.

Pero cuando el amor calla, cuando no nos dice nada, cuando no hay eco, cuando no podemos saber en dónde está porque se ha encerrado en el silencio, nos preguntamos si es preciso forzarlo para que nos diga algo, o es mejor entender que quizá ya no tiene nada que decirnos.

Nos tomamos un tiempo para saber qué hacer, nos acompaña la duda, la impotencia, la nostalgia, pero a pesar de tanta compañía, no decimos nada, no reconocemos su presencia y no hablamos con nadie.

Pero tienes que saber, que sin importar el tiempo que te tome, un día cualquiera podrás distinguir y determinar, si el amor ha dejado de ser amor.

Y sin dudar, con toda la convicción del mundo, te puedo decir que, hay silencios que terminan gritándote que es hora de marcharte, y cuando eso suceda, te irás aunque no quieras.

¡Suelta!

¡Suelta!
Aunque cueste, aunque no sea fácil.
A pesar de los miedos o de los prejuicios.
A pesar de las circunstancias, aunque nada sea propicio.
¡Suelta!
No importa que ames, si no te aman no te quedes.
Si te mienten, no te quieren.
Si se cansan de ti, aligera su carga y míralos partir.
Llora, grita y cuando pase la tormenta, extiende las alas y vuela.
¡Suelta!
Pero suelta de verdad, con todas las ganas que tienes de ser feliz, con esas ganas deja ir todo lo que no te permite sonreír.
Que este tiempo sea para morir al sufrimiento, a los días grises, a los lamentos.
Y luego, aunque no te tome tres días, despertarás a una nueva vida, a una nueva esperanza, quizá a un nuevo amor.
Pero primero, suelta.

Nuestro cuerpo, un objeto

He estado en un bar con un grupo de amigos, he bebido, me he emborrachado y he regresado a casa con una serie de conflictos, de emociones, de interrogantes, de decepciones.

Allá afuera están asesinando el amor, lo están usando de anzuelo para llegar al sexo, de modo que, hacen del sexo una suerte de oportunidad y lo separan despiadadamente de cualquier tipo de afecto. Ya no es el amor una razón, es un obstáculo.

Se dice que es natural, que da flojera enamorarse, que trae demasiados problemas, que no vale la pena. Que debo comprender que no es posible ir contra corriente, me han dicho todos que suena muy bien lo que digo, pero que no existe, que murió.

Las responsabilidades sobre los sentimientos se han hecho simples, ser cariñosos sin fidelidad, ser enamorados sin amor. Y entonces estoy yo sintiendo que aquí no pertenezco, que me afecta, que involuntariamente empiezo a sentirme ingenua.

El amor está dejando de ser una razón, está lidiando constantemente con el placer, con la pasión. El facilismo que desprenden las personas para involucrarse con otras, no está ayudando. A pocos les preocupa si hieren a las esposas o a las novias, porque como todos hacen lo mismo, entonces no hay culpa, hay compañía y eso los hace comunes y normales.

La preocupación por esconder su comportamiento es más importante que los sentimientos de quienes aman, todo es un desorden, el camino a la inconsciencia se ha creado con puentes sólidos, con atajos y desvíos convenientes para saltarse compromisos de amor.

Dicen que si un plato está servido en la mesa, es para comer, explicándome que hay ofrecimientos nocturnos que no pueden rechazarse. Me indigno, respiro, lloro y sobrevivo. ¿Qué es peor? ¿Ser carne o vivir de mentiras?

Está bien, lo acepto. No estoy al ritmo de lo que se toca por estos tiempos, me he quedado con música que nadie escucha pero que me regala paz a pesar del ruido externo y el desconsuelo.

Otra frase ha sido: “Nadie dice que esté bien, pero sucede”, como si fuese inevitable, como si únicamente dependiera de quien se ofrece para un rato o de quien busca y encuentra aceptación.

Cuando alguien me dice que “solamente ha sido sexo” y que no tiene nada que ver con el amor, me pregunto ¿quién está confundido? Si ellos, o yo. Porque a decir verdad, todo se trata de amor, todo absolutamente todo. Si no amas tu cuerpo, tu corazón, tus sentimientos ¿quién se supone que lo hará?

¿Dónde existe mayor locura? En mí por creer, por pensar que aún se puede confiar. O en los que viven sus aventuras una noche tras otra, como esperando que alguna mágica sábana despierte el amor que se tiró por la ventana.

Nadie quiere morir en soledad, y sin embargo, todos hacen lo posible porque los abandonen, porque los dejen de amar.

Las decepciones han transformado personas, les han hecho creer que no ha servido de nada todo lo bueno que han hecho por otros, negándose así, el derecho de confiar nuevamente, negándose así la oportunidad de amar una vez más.

Las malas experiencias han ennegrecido el corazón, han prostituido los sentimientos, y le han restado valor a nuestro cuerpo, que no es más un medio para vivir, sino un objeto. Se ha convertido en nuestra máxima expresión de poder (yo decido con quién sí, con quién no). Un orgasmo y una noche de caricias han disfrazado nuestra sed de ser amados.

Y si después de todo, he de sufrir por mis ilusas convicciones, así también, he de vivir agradecida con mi cuerpo y con mis sentimientos, porque en medio de todo, han decidido hasta el final de mis días, serle fiel a mis ilusiones, a mis ideales, a mis valores.

Compromiso de Vida

Ha sonado el despertador, hace frío y no quiero ir a la oficina, pero respecto a eso no tengo muchas opciones. Es una mañana que me cuestiona, que me pregunta ¿cuántos días de tú vida seguirás pensando en lo que quieres hacer y no haces?

Me reclamo mis derechos mientras cumplo mis obligaciones, mientras sigo siendo la niña responsable que soy desde siempre, desde el kínder hasta hoy.

Hoy cumplo 35 años, y estoy (probablemente) a la mitad de mi vida, hasta aquí he recorrido el camino en un solo sentido, siguiendo las señales y pegada al carril derecho. Sonrío y recuerdo una frase que circula en redes: “me di cuenta que la vida es para el otro lado”, quien lo haya escrito se atrevió a virar el timón y con tal hazaña conoció el sentido de su vida, su misión, su pasión.

Me recuerdo buena alumna, me esfuerzo por ser buena profesional, buena hija, buena hermana, buena amiga; no puedo dar fe de haberlo logrado, pero sí puedo dar fe de que no hay un solo día en el que no haya intentado. He cumplido mi parte con los que me rodean, con quienes me quieren, con quienes me conocen. Pero ha sido suficiente, no quiero dejar de intentar, pero desde ahora quiero hacerlo por mí, por mis sueños, por eso que me debo hace mucho.

No sé si pueda ser así por siempre, pero ese final de cuento no me quita el sueño, porque el futuro es incierto. Lo quiero hasta que sea posible, hasta que de un fruto, uno que me diga cualquier cosa, pero que me hable, porque este silencio rutinario de 8hrs diarias para comprar cosas que sobran cada vez que hago mudanza, me ensordece.

Hoy me preparo para salir del sistema, para hacerme un tatuaje (o dos), un piercing (o ninguno), para raparme el cabello si quiero. Me preparo para tomar decisiones que están condicionadas por los prejuicios de una sociedad que no me da nada, pero que me enferma casi siempre.

El camino al trabajo se hace corto ante tanta interrogante. Cada día despierto, voy a la oficina, regreso, duermo y así siempre. ¿Eso es todo? ¿Eso es la vida? ¿Cuándo toca vivir? ¿Cuándo?

Dejaré por un tiempo o quizá para siempre, mi trabajo. Todo dependerá del resultado de la aventura que estoy por emprender, esto de apartarme, de tener tiempo libre a través de trabajos sencillos, para de ese modo escribir un libro, y saber si esto que sueño puede hacerse tan grande como deseo.

¿Tengo miedo? Sí, tengo.  ¿Pero qué es un año de intentos frente a toda una vida de incertidumbre, de no saber si lo que quería era o no posible? Además, ya no tengo edad para seguir esperando oportunidades que es preciso me invente.

Es un día especial, hoy me he comprometido con la vida, en mi dedo un anillo que me acompañará hasta el final de mis días, pero sobre todo, que me recordará constante e incesantemente, que he nacido para ser feliz, que tengo votos de amor que cumplir por mí y para mí.

Me miro al espejo y en voz alta repito:

  • Me amaré y aceptaré cada día de mi vida.
  • Me perdonaré más y me exigiré menos.
  • Haré feliz a los demás, a través de mi felicidad.
  • Lucharé por todo aquello en lo que creo.
  • En los días grises sonreiré y en los de sol, agradeceré.
  • Conservaré la fe ante la adversidad.
  • Hablaré menos, haré más.
  • Me aferraré a mis sueños como si fuese todo lo que tengo.
  • No esperaré nada de nadie, de ese modo me seguiré sorprendiendo.
  • Respetaré las opciones de los demás, aunque yo no sea una de ellas.
  • Pellizcaré menos al pasado y prestaré poca atención al futuro.
  • Apreciaré la vida con calma, me fijaré en los detalles, me deleitaré con sus ofrecimientos.
  • No amaré a través de mis heridas, no acariciaré mis cicatrices.
  • Me buscaré constantemente para recordar quien soy y qué quiero.

Desde hoy y para siempre, me digo que sí, que si quiero, que sì puedo.

Camino al vacío

Testigo es aquel que puede dar testimonio sobre cierta situación en concreto. ¿Cuántas personas en estos tiempos pueden ser testigos de matrimonios sólidos?

Todo aquel que se ha casado y sobre todo los que se han divorciado hablan de la convivencia como la prueba más grande que el amor puede atravesar, porque parece que todo se obstaculiza, que nada funciona, que ninguno se entiende.

La “tolerancia” de antaño ha mermado. Hoy los sacrificios no están permitidos porque el amor propio se ha empoderado, ha tomado su valía, ha cobrado vida. Dicen los entendidos, que hoy es más sencillo comprar todo que repararlo, quizá tengan razón, quizá por ello, menos se casen y quienes lo hacen, no permanezcan en el tiempo.

Yo digo que no hay nada de malo en asumir que el amor de tu vida, era el amor de algunos días, meses o años, porque si no lo aceptamos, es posible que lleguemos al final del camino con la sensación de vacío, de frío, sintiéndonos solos de la mano de un castigador, o disfrazando de valentía nuestro masoquismo.

Celebran Bodas de Oro y detrás de las celebraciones existen caminos tortuosos, no difíciles, no complicados, sino de condena, de errores que se saben perdonados pero que re-nacen en los reproches, en ciertas situaciones que no son idénticas pero en algo se parecen.

Y en ese camino de lucha, para volver a empezar, para volver a intentar, están los hijos, allí a la mitad, subestimados por la edad, por su poco entendimiento, por su falta de comprensión porque siendo pequeños las cosas de adultos le debieran quedar grandes, sin darse cuenta que es posible recordar, que los caminos que se hacen en nuestro nombre empiezan a marcar nuestras ansiedades, inseguridades, temores, refugios, y quizá, las próximas razones de nuestros fracasos emocionales.

¿Sirve un núcleo familiar insano pero fotogénico? ¿Tiene sentido un amor de redes sociales aunque por dentro se esté pudriendo? Está bien si el público te hace like y te felicita porque te cree. En lo que no encuentro justicia es en la grabación que haces en el corazón de los niños, les enseñas la normalidad sobre situaciones atroces. Creas víctimas y castigadores. Los niños no pierden a su padre (generalmente no) en la separación, pero pierden fe, pierden paz, pierden el gozo que debería traerles la niñez cuando crecen en un hogar desordenado y agresivo.

Una mujer de casi 50 años me ha dicho, que si se hubiese divorciado sus hijos no serían profesionales, porque ella sola no lo habría hecho posible. Y ella mira con orgullo, lo que yo veo con espanto. Muchachos profesionales con profundas heridas emocionales. Uno de ellos que no controla la ira, y otro que siendo tan joven está cansado de la vida, ambos tienen cartones que aprecian con las mismas pupilas con las que apreciaban los conflictos que diariamente sus padres tenían, que iban desde los insultos, hasta la agresión física.

¿Qué nos merecemos como hijos? ¿Caminos al vacío?

Somos adultos con recuerdos que habríamos preferido no tener, pero tenemos, porque confiaron en que la memoria es como la piel, que envejece, pero no es verdad, todo está allí, dispuesto a despertar.

Los niños de ayer son los de hoy, y sería genial que toda la diferencia que existiera entre el antes y el después, fuese la talla de zapatos que necesitan, pero no, hay más cosas, muchas, muchas que se han filtrado, que tienen y que no se van.

No encuentro sentido en que una mujer o un hombre se quede con quien su hijo necesita, un padre o una madre, por miedo a perder a sus niños o por miedo a exponerlos al divorcio, y sin embargo, los exponen a momentos que no se explican siendo pequeños, pero que recuerdan mientras crecen.

Encuentro tanta responsabilidad en la maternidad o paternidad que me someto al discernimiento sobre la capacidad de criar niños saludables, y casi intactos emocionalmente, y aunque no fuese posible, debería existir un intento consciente, un intento que priorice al niño, que implique ayuda, terapia, valentía. Pero ser valientes para dejar, no para soportar, no para aparentar.

Una ex-niña, hoy casada, que en repetidas ocasiones vio a su padre ebrio golpear a su madre, no tolera de ninguna manera el licor en su esposo. Una niña abusada por su padre a la sombra de su madre, golpea a su hermano porque liga al género masculino a la violencia sexual. Una niña que no cree en el matrimonio porque es un obstáculo de vida, se lo ha  dicho su madre que no se desarrolló profesionalmente porque el padre de la niña le dijo que tenía que dedicarse exclusivamente a la familia.

Hoy, pido porque todo niño sea un día, un adulto feliz, satisfecho, quizá no profesional, pero pleno. Y que todo adulto que lleva heridas de infancia consigo, las reconozca, las acepte, las entienda y no castigue a nadie a través de ellas.

Hoy, este escrito no tiene más sentido que una súplica por los niños en medio de matrimonios conflictivos, usados como una razón para no perder el cuadro familiar, para amenazar o amedrentar a quien desea terminar con una vida insana, con una vida que no es vida.

A otro perro con ese hueso

¿Existen hombres buenos?
Existen.
¿Tenemos la suerte o el privilegio de conocerlos?
Sí, y nos sucede todo el tiempo. El problema es que los conocemos y en la mayoría de los casos, no optamos por ellos.
Y sin embargo, nos quedamos con los que defienden derechos sin adquirir obligaciones, con los que huyen de los compromisos porque les gusta todo de a gratis, los que quieren sentirse seguros pero no brindan seguridad, aquellos que quieren todo sin entregar nada.
Maldita costumbre de elegir a los que usan frases trilladas, a los que tienen actitudes encantadoras (con todas), a los que se saben los guiones de conquista de izquierda a derecha y viceversa.
Algunos ejemplos aquí abajo:
1. Te dice que te quiere, que le gustas, que se muere por ti, hasta que le comentas en el muro y te ignora por completo.
2. Que pronto irá a verte, que ya te visita, que está revisando su agenda, pero te aseguro que ni comprándole el pasaje lo verás llegar.
3. Que recién ha terminado una relación, que está listo para empezar de nuevo. De pronto te encuentra, te pide consuelo, moquea en tu hombro,  y cuando realmente lo ha superado todo, se marcha. Ya sea, para volver con la ex, o para estar con alguien más, que no se parece a su madre, como tú por ejemplo, que decidiste curar sus heridas, para verlo volar muy lejos. Entonces, hombres por favor, lloren si tienen que llorar y luego, después, mucho después, buscan a alguien con quien enamorar. Y a mi género, pedirle que deje de hacer uso de su instinto sobre-protector con hijos que no han parido.
4. Ni qué decir de los que pasan toda la noche mirándote, coqueteando desde el otro lado de la barra, imposible verse poco atractivos si van detrás de alguien, es la forma que tienen de alimentar el ego, mientras tú buscas un papel para anotar el número telefónico que jamás te va a pedir. Si quieres centrar tu atención toda una noche, un libro es la mejor elección.
5. Suele pensar que es el único que tiene 100 ventanas de chat abiertas, diciéndole lo mismo a todas, lo que no sabe, es que él es, una de ésas 100 ventanas para ti. Todos tenemos los mismos derechos, que no se te olvide.
6. Se ofende si alguna vez, al sentirse correspondido te ve salir con alguien más. Y todo porque no se decide a nada contigo. Entonces, si hay alguien más, es porque sabes bien, que aunque quiera hacerte creer que tienes exclusividad, no es verdad. Por lo tanto, no hay nada más que explicar.
7. Se la pasa bien contigo, no hay una mujer más linda y divertida que tú, pero por favor no lo vayas a etiquetar en ninguna red social. Caso contrario, prepárate para correr el riesgo de decepcionarte, porque la foto jamás aparecerá en su muro.
8. Te saluda por todos los medios que tiene, eso sí, sin dejar huella y de forma privada, solamente tú y él saben lo que hay entre ustedes, porque así es mejor (para él), que sea un secreto, hasta que todo se ponga más serio, quizá en unos 10 años más o menos. Tan discreto que es, pero que público e impúdico se hace cuando le conviene.
9. Que tiene una relación que da lástima, que no es feliz, que está cansado de ella. Sin embargo, sobre la triste historia de amor, su novia no tiene conocimiento, es ajena al terrible sufrimiento del varón que la acompaña, él guarda el secreto mientras despierta con ella en la cama.
No quiero escribir 10 ítems, no quiero que se vea forzado, que se quede en 9 para que parezca natural y menos feminista de lo que es.
Me hago responsable de toda la numeración, pero no de toda la experiencia.
Apuesto a que algunas historias se te hacen conocidas, pero apuesto sobre todo, a que ya no sufres de ceguera auditiva, que cuando encuentras a uno de los cuentistas, lo pasas de largo y sin mirarlo.
Hoy solo quiero compartir contigo, algunas historias de terror, de esas que nos encantan, para que aprendas a decir: a otro perro con ese hueso.