Una muerte que da vida

¿Ironía? ¿Realidad? ¿Consciencia?

Anthony Bourdain ha muerto.

Causa: Suicidio.

¿Quién era?

Un hombre exitoso: Chef, viajero, narrador de historias, ganador de premios, estrella de CNN. El Elvis de la gastronomía.

Y ¿Qué era lo que no había logrado? 

No tengo la menor idea, pero me queda claro que le faltaba una pieza a la vida que estaba armando desde siempre.

Sin embargo, un maestro, siempre es un maestro aun después de su muerte. ¿Por qué lo digo? Porque su vida ha inspirado a muchísimas personas, y su muerte me ha inspirado a mí.

Me explico:

No sé cuántas personas gocen del privilegio de ir haciendo en la vida lo que van sintiendo, confiando en sus instintos, vistiendo de fe lo que van eligiendo, soñando que todo es posible aunque no sea cierto, así como dejando que el destino se vaya decidiendo a modo de juego.

Y digo que es un privilegio, porque denota libertad, y ser libres no tiene nada que ver con moverse por doquier, para mí, la libertad es sinónimo de valentía, porque supone olvidar el entorno, el confort, lo normal, las reglas sociales, los prejuicios, para hacer lo que realmente nos satisface, independientemente de que alguien lo apruebe o no.

Entonces llega un 8 de Junio y la persona que admiras, ha escogido morir. Así de sencillo, así de inexplicable.

Ha tenido lo que muchos desean, poder, fama, dinero; pero a él le hacía falta algo más, algo que quizá nosotros tenemos pero como no se parece a lo que soñamos, entonces no lo notamos,  ni agradecemos por ello.

Anthony ha  decidido ser libre también, de una forma diferente, pero libre al fin y al cabo. Ha abandonado la jaula que lo tenía atrapado y en simultáneo nos ha comunicado: no tienes que llegar hasta aquí, para decir que no quieres más de lo mismo. Entendía que estar en la cima es importante, pero que si un día decides regresar al llano y empezar de nuevo, tienes que hacerlo, sin pensar en el “que dirá” de los demás. Los nuevos inicios, siempre tienen nuevos finales, y cada final trae una felicidad particular, incomparable, indescriptible.

Con la muerte de Anthony he recordado una vez más, lo exigentes que somos de una forma poco saludable a veces, de modo que nos castigamos por lo que nos falta, sin felicitarnos por lo que ya hemos alcanzado.

La muerte siempre es (para mí), la raíz de un sin número de preguntas, de razonamientos sobre la vida en pantalla que tienen aquellos que gozan del “éxito”, y sobre la vida en silencio que llevamos con profundo agradecimiento.

Es en ese punto de comparación en donde concluimos que tener más o menos de lo que deseamos, no determina en absoluto lo satisfechos que nos sentimos con nuestra existencia, no garantiza ni un poquito que estamos ejerciendo nuestro derecho a la felicidad.

La muerte nos coloca en ese instante en donde la vida nos sigue ofreciendo la oportunidad de hacer lo que realmente queremos, sin pensar en el futuro, sin pensar en lo que el camino nos puede ofrecer o negar, sin pensar, simplemente sin pensar.

Pero nos hacemos adultos y nos hacemos conscientes (no todos), y asumimos que como parte del crecimiento emocional que experimentamos de a pocos, lentamente, o a golpes y a paso de gigante,  es preciso ser reflexivos, prudentes, coherentes y entonces cruzamos esa línea y empezamos a sentir miedo.

¡No! No por favor, no.

No cruces esa línea, no dejes que te atrape, no permitas que te someta. Si quieres, convive con el miedo, pero tú en tu espacio, y él en el suyo. Mirándolo para que sepas que existe, pero sin dirigirle palabra alguna para que no adquiera importancia.

Y avanza, y deja ir, y vuelve a abrazar, llevando tu propio ritmo, sin importar lo que eso equivale en días, semanas o años. Pues a menudo y sin necesidad, nos medimos en logros con otros, para llenarnos de ansias, de frustración, de nostalgia. Sí, rompemos la tranquilidad que nos envuelve para someternos a una crítica destructiva, a una competencia que nadie ha establecido, pero que es dañina y a veces, letal.

Nos deprimimos porque deseamos lo que no tenemos o porque tenemos lo que no necesitamos, porque amamos a quien nos hace daño, entre una serie de decisiones que son opciones a las que es preciso (a veces) decirles que no, pero nos aferramos como si no existiera otro millón de oportunidades para hacer todo a tiempo, porque creo firmemente que cuando se trata de nuestra vida y de nuestros sueños, siempre estamos a tiempo.

Que la muerte de Anthony nos ayude a entender:

  1. Que, todo puede significar nada.
  2. Que la cima puede ser una trampa.
  3. Que todas las jaulas tienen puerta, y que somos los únicos dueños de la llave.
  4. Que si alcanzamos las estrellas, también podemos decidir regresar a la tierra.
  5. Que ser libres significa dejar todo lo que otros anhelan, pero que a ti ya no te place, no te alimenta.

Hoy en especial, brindo por nuestra libertad, para tener el coraje de ejercerla en favor de nuestra felicidad.

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